sábado, 30 de noviembre de 2013

Metafísica de una individua corriente (y, para más inri, sin empleo y soltera)

Hoy Sabado presentamos un pequeno poema inedito de la espanola Ana Patricia Moya llamado, Yo no soy nadie. Ojala lo disfruten tanto como nosotros







Yo no soy nadie.

Hay un corazón irónico y torturado,
una cuenta corriente en alarmante descenso,
una aspiración a jugar a la supervivencia en días despreciables,
a apurar madrugadas de apuntes, lágrimas y tazas calientes
- hasta arriba de asqueroso edulcorante -;
meses sin derramar versos en cuadernos garabateados
- no, no me ha abandonado la poesía:
lo siento, “queridos”, no os consentiré ese triunfo -,
porque yo estoy sin estar,

me ubico en un espacio idéntico
a la habitación acolchada de un psiquiátrico
- esa mancha negra, esa mancha que se nutre de temores,
que crece cuando lloras y enmudece con pastillas -,
decorada con fotografías en escala de grises
- mi calle, el parque, la oficina del INEM, el supermercado -
y reduciendo mi mundo al aroma de las hojas secas
- este maldito otoño, esta memoria traicionera que acumula recuerdos:
extraño el levantarme temprano para ganarme el sueldo,
extraño el cariño, tu cariño…
extraño a la niña que era antes -,
a tranquilos paseos con el perro por las aceras,
a repartir mi esperanza en papeles con datos académicos y formativos,
a las pequeñas labores del hogar y al escritorio desordenado
- los libros de poemas, escondidos -,
la agenda con recordatorios sobre temarios inacabados
- detesto, repudio los pasos hacia atrás -
y citas rutinarias, obligadas o nostálgicas.

Y todo esto es nada.

Nada.

Porque yo no soy nadie:
soy un número más,
soy un trozo de carne más,
soy una inútil más.

Porque no tiene sentido la batalla con las manos desnudas,
porque, por muchas lecciones de moral gratuita que nos chillen,
sabemos perfectamente que con la voluntad no basta.

Y, precisamente por eso,
no soy nadie
ni tengo nada:

el precio para escapar del fracaso
es despojarte de la dignidad,
ése que están dispuestos a pagar algunos
por una plaza ficticia en el paraíso de los necios,

y no puedo deshacerme de aquello que me levanta
de la cama de lunes a domingo y que me encomienda a patear
los imprecisos límites de la realidad

hasta que mis nudillos se descarnen
hasta que mis ovarios rabiosos estallen
hasta que mi paciencia agonice en una tumba

aunque conozca el final exacto de esta historia.

(Poemas inéditos del poemario “Perra”).


© ANA PATRICIA MOYA

jueves, 28 de noviembre de 2013

EMBOCADURAS

Para Hoy Jueves presentamos un nuevo poema de la mexicana  Rosario G Towns. Llamado Embocaduras. Espero que sea de su agrado, y sigan apoyando el arte independiente y experimental.





EMBOCADURAS

(capturado del cuadro “Saturno devorando a su hijo” de Francisco de Goya)
-Aquí están los hombres-
      Philippe Soupault


Desquiciado,
hincas rodilla y dientes.
¿Qué culmina tu gusto,
                          dios-venganza
                          dios-hastío?
Famélico,
exprimes las vísceras
del hombre,
tronchas la testa
sazonada de lujuria
                de necedad
                y peor inmundicia
Mas, ¿porqué no horadar su pecho
           como entremés y trofeo?
Quizá reservas tal joya,
por que la fe debe morir de final
o es tal su sabor, que te seduce.

Anda con tu urgencia,
colmillea tu poder sobre ellos
y vuélvete: tiempo en tu tiempo,
arrastrando el cólico humano
que, si devorarlos decidiste
por insoportarles,
vomitar será por igual náusea.


Rosario G. Towns



lunes, 25 de noviembre de 2013

GRAVEYARD


Graveyard, una banda nacida de la ruptura de unos tales Norrsken, formación de raíces sabbathicas, que nombraba a Pentagram como su mayor influencia setentera. Agrupados en Gotemburgo, han crecido hasta un punto que jamás se plantearon. Practican una especie de hard blues psicodélico, ácido y oscuro. Muchas influencias de los setenta, y un trabajo de estudio añejo, bañado en bourbon, que parecen haber grabado con instrumentos de roble. A seis años de su formación, Graveyard atesoran tres discos de calidad indiscutible y una base de fans que no para de crecer.

Su discografia contiene los siguientes trabajos:

Graveyard
2007


Hisingen Blues
2011


Las siguientes son las fechas de su gira a espana:


16 de mayo: Madrid (El Sol)
17 de mayo: Gijón (Acapulco)
18 de mayo: Bilbao (Azkena)
19 de mayo: Barcelona (La [2])



sábado, 23 de noviembre de 2013

Era una noche de año nuevo

Para este fin de semana, hemos elegido este relato de Gonzalo Vilo llamado: Era una noche de año nuevo. Es una buena historia sobre el cambio de milenio. Espero la disfruten tanto como nosotros








           Fue una noche de año nuevo, la primera del nuevo milenio, y recuerdo que con el Fabián y el Carlos habíamos decidido subir a uno de los pequeños cerros que quedan cerca de mi casa, para mirar mejor los fuegos artificiales. Llevábamos algunas cajas de vino y un par de caños que le habíamos comprado al Costa y pensábamos que la podíamos pasar bien mirando desde allí, tranquilos y alejados del mundo. Pero claro, no siempre las cosas resultan como uno quiere.

Ese año se habían organizado un montón de fiestas y carretes por aquí y por allá y la playa, como siempre, iba a estar llena de gente. Pero no se, creo que estábamos un poco aburridos, chatos de hacer siempre lo mismo, que no quisimos ir a ninguno de esos lugares y preferimos subir el cerro y tomar, tomar hasta que este año de mierda al fin se fuera a la chucha. Después, claro, iríamos a la casa del Costa, que tenia organizado un vacile piola en su casa, pero eso seria más tarde, cuando la estúpida euforia de otro año nuevo ya hubiera terminado. 

No me acuerdo a que hora empezamos a subir, pero si recuerdo que al poco rato el cerro se nos hizo una tortura. Ya a la mitad nos vino un cansancio terrible y ahí mismo nos dimos cuenta que no podríamos seguir subiendo. No tuvimos mas remedio que tumbarnos sobre unas piedras y quedarnos un rato allí, descansando. De inmediato, el Fabián aprovechó la oportunidad para destapar la primera caja de vino y el Carlos por su parte empezó a hacer los papelillos. Ninguno dijo nada, y yo, quien era el más cansado de todos, tampoco lo hice, y solo atiné a alejarme un poco de ellos para mear. 

Cuando terminé, me encontré con que el Fabián y el Carlos ya estaban fumando y tomando y hablando de cualquier cosa, haciendo hora mientras allá en el puerto se preparaban los fuegos. Al principio, claro, no hablábamos mucho; sin embargo, cuando terminamos de fumarnos el primer pito y la primera caja de vino pasó a la historia, nuestra conversación comenzó a hacerse mas entretenida. Todavía era 1999 y algunas mentes afiebradas alertaban al mundo acerca de las peores tragedias. Que el mundo se iba a acabar cuando llegara el 2000, que todo iba a colapsar y que nuestro sistema de vida se vendría abajo y que Dios entonces llegaría y nos enjuiciaría. Ja, estupideces, yo al menos me reía, aunque igual había gente que se lo tomaba en serio. En fin, de pronto me puse a hablar de eso. Sobre que podría pasar si justamente hoy fuera el fin del mundo y el día del juicio final llegara. Hablamos de eso por casi una hora y recuerdo que casi me cague de la risa

Otros temas salieron también al paso y estuvimos hablando unas cuantas horas mas mientras nos fumábamos otro y otro caño. Hasta el momento aquella noche se veía tranquila, sin nadie que pudiera cagarte la onda y nos sentíamos relajados, como si supiéramos que nada malo nos podría pasar arriba de aquel gigante, al menos durante esa noche de año nuevo. 

Pero justo en ese momento se me ocurrió mirar hacia abajo, hacia la falda del cerro, y entonces vi que varios grupos de personas comenzaban a subir. No muchos de ellos, en todo caso, alcanzaron a llegar hasta donde nosotros estábamos. La mayoría solo subió algunos metros y se ubicó muy abajo. Eran grupos como el nuestro, con sus cajas de vino o las botellas de cerveza y los caños para hacer la noche algo más interesante y no se percibía en sus actitudes alguna mala intención. 

En fin, pasaron algunas horas, y como a las doce llegaron los fuegos y los abrazos de rigor. Luego nosotros nos quedamos allí, en silencio, hasta que al Fabián se le ocurrió prender uno de los últimos caños. Entre una que otra tos nos acostamos en el suelo

Fue entonces cuando ocurrió. Aquel hombre salio de la nada. Estaba desnudo y caminaba como desorientado a través de los arbustos y le costaba subir, pero igualmente se dio maña para gritar a todo pulmón. Dijo cosas extrañas, y a mi, la verdad, en todo momento me pareció que estaba como borracho o drogado al máximo, pero aun así todos quisimos oírlo.

- Oh, todos ustedes pecadores – Decía – Deberían estar suplicando por vuestro perdón -.

Nosotros, que éramos los que mas cerca estábamos, solo atinamos a mirarnos con sorpresa.

- Todo vuestro libertinaje ha llegado a su fin – Volvió a gritar – Ha llegado la hora miserables de que paguen vuestros pecados -.

Entonces guardó silencio y se quedo allí, mirándonos con actitud severa, como si esperara ver el horror reflejado en nuestros rostros.

Lo único que encontró sin embargo, fueron nuestras burlas y la risa que emanó de todos los rincones de aquel cerro. El tipo, en todo caso, siguió con su discurso, hasta que poco a poco las risas y las burlas dieron paso al silencio. Yo iba observando los rostros de quienes estaban allí y debo confesar que percibí algo extraño en todas aquellas miradas, incluyendo la del Carlos y la del Fabián. No me pregunten por que, pero a esa altura de la noche yo sentía que algo iba a pasar, no se como explicarlo. Lo peor era que el personaje aquel seguía hablando y hablando y hablando. Y no paraba de decir estupideces. 

- Oh, vosotros – Seguía – No habéis hecho mas que arruinar todo lo que os he dado, Arrepentíos ahora insensatos, Arrepentíos ahora que tenéis la posibilidad de redimiros -.

Me di cuenta en ese instante que el Fabián negaba con la cabeza y que el Carlos reprimía un insulto. De pronto, vi que alguien lanzaba algo desde abajo. Era una botella, y esta, para mala suerte del tipo ese, dio de lleno en su cabeza. Intente no reírme, pero desde todos los rincones del cerro emergieron las risas contagiosas de la gente, y ya no me pude contener. Que puntería.

El hombre aquel, en todo caso, quedo tirado sobre los arbustos y las piedras, y gritaba de dolor, pero a nadie pareció importarle. Todo era muy extraño. Nosotros solo seguíamos allí, ya no riéndonos, si no que hechizados por otra sensación, y no hicimos nada, ni siquiera quisimos ir a ver como estaba. Entonces otra botella cayó y dio de lleno en una de sus piernas, y esta vez, el proyectil lanzado fue acompañado por un insulto. 

El estremecimiento y las sensaciones a esa altura eran muy grandes y confusas, aunque no menos liberadoras que la risa. El estaba allí, indefenso, y nosotros teníamos mucho que decirle, mucho que vomitar, mucho que lanzarle antes de querer seguir escuchándolo. Había una rabia contenida, se percibía la ira desde todos aquellos rincones, y la verdad, no creo que nuestro amigo lo haya tenido muy en cuenta antes de aparecerse así entre nosotros.

-¡Cállate, hijo de las mil putas! – Le grito uno de los de más abajo, luego de tirarle una piedra.

De pronto, el Carlos pidió a los de abajo que se detuvieran, y se acercó hasta donde estaba tendido el herido. Escuché que le preguntaba algo, pero el tipo ya no sabia ni donde estaba y sólo respondía con incoherencias. El Fabián y yo entonces nos acercamos y lo ayudamos a levantarse. 

Afortunadamente la cosa se había calmado un poco, así que tuvimos tiempo para taparlo con algo de ropa que el Fabián traía en su mochila. Su cabeza estaba llena de sangre y tenia una gran hinchazón y un profundo corte en la ceja izquierda. Lo limpiamos y luego le dimos un poco de vino para que se abrigara. Estaba temblando.

Como el espectáculo ya había terminado, la gente poco a poco comenzó a retirarse. La mayoría apenas si podían caminar de lo borrachos que estaban, pero de alguna forma se las arreglaron para bajar sin sufrir ninguna clase de accidente. Nosotros entonces le preguntamos al tipo si había venido con alguien, si había algún grupo que lo acompañaba, pero el nos dijo que no, que estaba solo. 

- Todo se ha ido a la mierda – Murmuró de pronto el hombre, con gesto perturbado – Tengo sangre en mi cabeza -.

- Eso te pasa por andar haciendo hueas – Lo retó el Fabián.

- Duele mucho – Se quejó el hombre – Estoy herido -.

- Si, si – Dijo el Carlos, con algo de pena - Pero se te va a pasar, no te preocupi.

Al final, decidimos dejarlo solo y comenzar el regreso a la ciudad, y ni al Fabián ni a nadie le importó que el tipo ese se hubiera quedado con la ropa y con el vino que nos quedaba. Teníamos que apurarnos para llegar a la casa del Costa antes de que se le acabara el copete, así que nos apuramos en Bajar el cerro lo antes posible. 

El año pasado nos habíamos perdido el medio carrete en la casa del Costa por andar hueveando en otro lado, y ahora estábamos decididos a que no nos pasaría lo mismo.

Ni siquiera volteamos cuando oímos sus llantos, ni menos cuando lanzó al cielo sus primeras maldiciones. Solamente seguimos. Ya no nos importaba para nada.



martes, 19 de noviembre de 2013

AUTOEXILIO


Para esta nueva entrega de Experimental Lunch, Presentamos a Virginia Wood, que es el seudónimo literario con el que escribe prosa esta joven y prometedora artista Chilena. De 27 años, esta realizadora Audiovisual de Santiago de Chile, trabaja para la prestigiosa productora Erre Films y, por si fuera poco, autogestiona Pajaro Verde Films, iniciativa de video art y video poesía. Incansable mujer, es, ademas de todo lo anterior,editora de la Revista Punzante, proyecto virtual que une la poesía con el arte. Esta muchacha ha publicado algunos poemas en la prestigiosa Revista Letra Muerta de Concepcion, y fue seleccionada para participar del Libro Antología Metalenguaje. Hoy, nos deleita con su poema Autoexilio.





Autoexilio by Virginia Wood



Una gota de agua

estéril,

insípida,

se desliza por la ventana.

Está sola

no proviene de la lluvia,

ni de la humedad.

Nació en el vidrio

perdida,

atípica,

espontánea.

Similar a todas,

similar a ninguna.

Se fue lejos

despertó y se encontró.

Tomó su chaqueta y se fue caminando,

caminó lejos,

caminó tanto,

desapareció y dejó sus zapatos.

Se fue lejos

a un mundo de sal

en un poblado extranjero.

Se sacó el alma de cuajo

para tirarla al mar y fusionarse.

Se sacó el cuerpo y se lo regaló al viento.

Se fue lejos, muy lejos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

The Brian Jonestown Massacre


The Brian Jonestown Massacre es de aquellas bandas para personas de oído exquisito y selectivo. Una banda que refleja lo mejor de la década de los 60 en sus trabajos, sin dejar de lado el probar cosas nuevas y la eterna búsqueda de sonidos nunca antes escuchados. El nombre de la banda hace alusión a Brian Jones, el gran guitarrista de The Rolling Stones, y la tragedia suicida de Jonestown, en la cual un culto religioso acabó con más de 900 vidas.

The Brian Jonestown ha tenido varios cambios en sus componentes, mantieniéndose siempre su creador y líder, el genio Anton Newcombe. 

Como curiosidad les cuento que esta banda era/es rival de otra de mis bandas favoritas, The Dandy Warhols. Siempre llevando una relación te amo/te odio, han llegado a escribir canciones para sus respectivos rivales. Pueden ver esta “lucha de egos” y demás en un documental muy bueno llamado Dig!











viernes, 15 de noviembre de 2013

El silencio de los justos


Para iniciar este fin de semana, los dejamos con Javier Flores y su poema el silencio de los justos







Javier Flores Letelier (Chile, 1982). Es uno de los fundadores del Colectivo cultural Río Negro, editor de la revista homónima y de la Revista de literatura, arte y opinión La Ira de Morfeo.

Web:

www.colectivorionegro.cl

www.revistalairademorfeo.net





                                  El silencio de los justos



Para salvarnos de una muerte indigna
debiera ser la última vez que te convenzo para hacer el amor con la exasperación de las palabras que llevan a dos personas 
a buscar sus rostros, me aconsejó con el cariño y la desesperación 
de un hijo agónico 
el sacerdote al que acudía para ver sus garras originar el resplandor reverberando en su mirada impenetrable
de traiciones y revoluciones negadas cada nueva centuria
en los golpes en los muros, 
en nuestras sienes cautivas en el pudor y la resignación de la rabiosa voz de la fe. Creímos en el poder del canto de los honestos 
redimiendo el frío cruel de las iglesias, 
que la fuerza de los pechos de los sepultados 
en el dolor del bien está en la razón de las armas de los pobres, 
escuchamos venir al océano mercante, 
el misterio del alimento de las ratas, 
la sotana que nos entregaba el cuerpo del crimen donde llorar a los seres queridos que aún nos hablan dolientes en las cruces de nuestro trabajo diario. 


Esta tarde te veías confundida y soñolienta, habías esperado en vano la noche de mi suicidio, el reencuentro con mi pronunciación aguardentosa y con esa agresiva mujer recorriendo 
los pasajes entre las lápidas que se parecía a tu madre, 
el amanecer luego de contarte el motivo 
por el que agacho la cabeza entre el vigor de tus dedos 
esperando ser arrebatado por los calabozos que insinúan 
en las avenidas mal nombradas 
las marcas humanas de los intentos de escape... 
Diez años atrás, cuando aún era algo más joven que tú sometidos en las rutas letales hacia la libertad 
a la aflicción y la nostalgia del sexo en la calle para correr a abandonar los derroteros
en las esquinas del agua de lluvia estancada en donde detrás del ardor de la conciencia dormida, 
en presencia de lo sagrado o derruido de la imagen
del inmolado ante el victimario
nos confiábamos las amenazas que nos habían hecho
quienes fueran nuestra gente 
y ahora no podían recobrar la quietud obtenida
de la aceptación de la culpa 
existente tras la esperanza de la crónica
de los encuentros en reclusión. 


Diez años atrás cuando todo lo que tenías eran tus esculturas
apiladas en una bodega 
demostrándote el arte contenido en los animales cansados, 
cuando mis pensamientos debían servir al principio que se esconde detrás de los objetos, a los objetos de la memoria que tienen su propio olor.
Diez años atrás, cuando me hablabas de tu padre desaparecido, exiliado por su afecto por el trabajo con la madera y por los espíritus que descansan en los puños heridos que persiguen las vetas. Cuando te hablaba mi padre, el castigo de la vergüenza bastarda, 
la angustia de lo divino, la caída de los elementos, ese hombre sonriente, grave y sarcástico, músico frustrado, jugador reprimido que preparó su juventud levantando durmientes de las estaciones de ferrocarriles; en ese entonces
te hubiera encontrado en mis vicios, en el exilio de la infancia de la lírica cegadora de los barrios
hablando sedienta de los alaridos que escuchaste durante años a los que nadie quiso acudir. 


Sigo protegiendo la tierra que fue negada por el miedo a las represalias,
las ideologías descartadas por el ansia de descubrir el nombre de la bestia. 
Los crucificados pronto nos dejarán sus semblantes desdentados esperando como luces en los palomares, el aviso de los perros descontrolados en la entrada de los templos
declamando sed y hambre sin aceptar la gracia ni el perdón. 
Deja que haga esa oración en donde nadie sobrevive la belleza del final. No sé si somos el alimento posible o el susurro de la tiranía; desaparecemos noche a noche en la narrativa de nuestro siglo.
Veo las fieras atacar lo invisible
para luego agachar la cabeza y volver a sus rincones
impacientes por darle nombres y bailes nocturnos al deseo:
hay algo que envejeció en tu sonrisa
que delata la edad de tu ira
y los rasgos agazapados de tu ciudadanía
en donde se refleja la disputa de la sangre nueva 
entre el deber y la venganza. 


Siente mis brazos entre los cadáveres, la ceniza en el borde del abismo
evocando los bosquejos del sufrimiento de la ascendencia, 
los aullidos de las cuencas subterráneas
grabando el testimonio consumado en los portales alzados desde el barro. 
Recuerda que soy un hombre enfermo con los días contados,
estaré destruido en algún lugar del océano
donde mi rostro ya no tenga valor. 
Continuarás buscando tus raíces 
en la incierta mordacidad
de la lucidez de la paz: 
he construido mi propia miseria 
para conceder el crimen a la historia en un arrebato cualquiera, 
entiendo de la desolación en las expresiones
de los rapaces desvestidos que desde los pórticos de los terrenos abandonados
en sus ojos enrojecidos y dilatados cobran la claridad de los dioses cotidianos
bajo una frazada infestada y gélida 
después del nocivo misticismo que la necesidad concibe 
por unos momentos de cariño;
no puedo dejar de escuchar los lamentos
de los fieles cuando encuentran los milagros 
en el castigo de las figuras envueltas en llamas;
la lealtad entre los esclavos; recuerda el amarillo de la piel, 
la serenidad después de que las heridas paraban de sangrar... 

La solidez natural de la carne de las manos 
será para los que cumplen el deber de enterrar con su propia fuerza 
a un amigo que fue su padre, 
el perdón y la rebelión ante los secretos que forjaron 
la forma de caminar, 
la sonrisa de quienes te pueden traicionar y robar la vida 
el agua argéntea del iris dañado, de la ternura y de la piedad; 
honra a tu madre, la fatiga de recordar tu nombre 
hasta la adultez de los cuervos que desprenden la carne de tu espalda. 
El sudor bendijo las frentes de los refugiados
entre el sonido grave del viento en las plantas,
el fuego levantado por las crías respirando la humedad encarnizada 
en las llagas de los compañeros entumecidos en el veneno de las polvaredas.

La esencia cálida del carbón en el viento 
tocó la frente del condenado antes del sonido de los disparos
rasgando la madera pálida donde el retrato del dictador 
alecciona a las generaciones venideras a mantener un férreo silencio 
frente a la violación del prójimo
para ser dignos del llanto de los camposantos. 
La sangre llenó la visión de la luz bajo cada roca, 
las alas imaginarias de los terrenos devastados, 
el ruedo del alma de las máquinas 
impregnadas con el olor de los alimentos descompuestos 
que las criaturas perseguidoras del sol de la frontera
cargan en sus consciencias.
La aurora del humo se inflama
y los que han sobrevivido observan sus cicatrices 
como a imperios malditos que no desaparecerán;
la memoria es la mayor de las bestias.

El río y la enfermedad de mis venas
ofrezco para ser la rememoración de la desgracia descubierta del padre
de los ilegítimos y sabios hijos de las banderas negras, 
confiarte la historia de los sitios en los que pernocta el transeúnte rebelado
en el compromiso con la furia destruyendo
las imágenes de su pasado en cada delirio llorado,
el mundo de recuerdos reflejados por la pérdida de sangre
para entregar la descendencia del enigma de la voluntad propia,

los mitos que los guardianes de los límites enfrentan 
en los orígenes de sus causas cuando empuñan sus armas.
El viaje al destierro significa resistirse a negar los hechos
que las apariciones del camino relatan,
vuelvo a comprender en la mutilación ritual 
del ciclo del renacimiento
sus ingenuas y verdaderas revelaciones 
cada vez que elijo responder 
a las advertencias declamadas 
a través de los creyentes de los reinos invisibles 
para adentrarme en la inocencia y la violencia
de la tierra a la que llegaron los conquistadores perdidos 
en la niebla de las trazas de sus manos
destruyendo todo el nuevo mundo que abrían a su paso, 
violando a las mujeres malheridas
intentando encontrar en los dibujos de sus ropas ultrajadas 
sus corazones cruzados por las mismas armas construidas
para proteger la dignidad de la fragilidad terrenal
de la memoria perpetua de las guerrillas bajo las tormentas... 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Pavement













         Para mí, hablar de Pavement es hablar sobre rock del bueno. Este grupo de músicos sorprendieron a finales de los ochentas y pese a que en un comienzo causaron controversia, al ser poco comprendidos para su época, con el tiempo supieron ganarse a la crítica y a buena parte de los fanáticos del buen rock.

Su propuesta sonora fuera de los cauces más comerciales impacto en serio. Muchos los tildaron de malos músicos. No obstante, sus Líricas crípticas y agudas de calado literario, apariencias sónicas íntimas, crudas, escrituras fracturadas con querencia por la distorsión sin descuidar la melodía, lograron finalmente la aceptación de una buena parte de la critica y de los fanáticos del rock, convirtiéndose en uno de los conjuntos independientes mas destacados de la década.

Surgidos en el estado de California, bajo la sombra del glam y del incipiente grunge, Pavement inicio su trayectoria discográfica con el EP “Slay Tracks” (1989), Publicado en el sello Treble Kicker. En el año 1991 debutaron en Matador en formato LP con el magnífico “Slanted And Enchanted” (1991), disco noise-pop clave para la banda que contenía grandes temas como “Here”, “Summer Babe”, la pixiana “In The Mouth Of a Desert” o la abrasiva “Perfume V”.

Un año después publicaron el EP “Watery Domestic” (1992) y el recopilatorio “Westing (By Musket and Sextant)” (1993), preludios de su segundo álbum, “Crooked Rain, Crooked Rain” (1994), un disco más límpido y comercial Tras el EP “Pacific Trim” (1996) los Pavement retornaron al LP con “Brighten The Corners” (1997), un disco producido por Mitch Easter.

Lamentablemente, el distanciamiento creciente entre los miembros del grupo terminó afectando a la banda. Y esta termino por separarse. Pero felizmente han decido reunirse desde el 2010 con una recopilación de sus mejores temas. Ahora, para ustedes el clásico Range Life, que lo disfruten.








martes, 12 de noviembre de 2013

Treinta y Tres



Hoy presentamos un nuevo poema de este autor coquimbano llamado Patricio Zenteno. Hoy nos entrega su poema Treinta y Tres. Ojala lo disfruten tanto como el resto de nuestro equipo. 




la ventana medio abierta
empujando tu silueta
integrada en las mordazas
del navio iconoclasta

a lo lejos voces flotan
simplifican los esfuerzos
por sacar de lo profundo
los latidos de un regreso

no se pierde lo importante
solo dudas nos embriagan
cuando el flujo de las luces
nos plantean hambre y rabia

vivir lejos del sueño
solo extingue el deseo
se ha forjado en los cimientos
mas antiguos del infierno

entre puertos y moradas
es el mar nuestro testigo

viernes, 8 de noviembre de 2013

Una Cena Muy Especial


Para hoy Viernes les traemos una nueva historia de este coquimbano llamado Gonzalo Vilo. Espero la disfruten.


                     

                           Una Cena Muy Especial

                    En la mansión de los Forrest esa noche se daba una gran cena en honor al congresista Richmond. Allí estaban, sentados a lo largo de la gran mesa familiar: el señor y la señora Forrest, sus hijos Jim y Alexander, y, por supuesto, el invitado, acompañado por su distinguida esposa. Dan Forrester, sentado al lado de ellos, levantó su copa y propuso un brindis.

- Por el nuevo senador –   Exclamó   –   Y por el estado de Alabama -.

Mientras todos juntaban sus copas y bebían, desde una de las puertas apareció George con una bandeja de plata. El negro la dejó en el centro de la mesa y luego volvió a llenar las copas de los invitados. Dan lo llamó aparte.

- Que pasa con el plato especial – Le dijo – Diles a esos negros de la cocina que se apresuren -.

George asintió. - Estará listo en un momento mi señor – Le aseguró – Solo faltan los últimos aliños -.

Luego se alejó y siguió con lo suyo.

- Es increíble lo que cuesta encontrar buena servidumbre en estos días – Le comentó Dan al senador Richmond – Ayer mismo tuvimos problemas con uno que se quiso pasar de listo, a veces siento que solo se aprovechan de nosotros -

El otro levantó las cejas  y dejó de beber.

- Si, supe lo que ocurrió  -  Dijo – La verdad, uno no sabe ya en quien confiar -.

- Menos mal que mi hijo reaccionó a tiempo – Exclamó Dan, mirando ahora a toda la mesa – Quizás que hubiera hecho ese negro si no lo hubiéramos detenido, dios mío -.

- Pero ya no te preocupes padre – Lo tranquilizó desde su asiento Alexander, sonriendo – Ese imbécil ya no volverá a molestar  -.

- Si – Apoyo Jim, con una copa en la mano -  Ya recibió su merecido -.

George, quien seguía llenando los vasos de la gente, miró de reojo a los dos hermanos y Respiró profundamente.

- En todo caso – Aclaró Alexander – No fue nada fácil, si no hubiera sido por la puntería de Jim, ese negro habría cruzado el río -.

- No, no fue nada –  Aclaró Jim – Cualquiera hubiera acertado, hasta un niño -.

- Jajaja – Se rió Alexander mirando a su hermano – No te hagas el modesto chiquilín, que no te sienta -.

Los demás también rieron y palmotearon la espalda del buen Jim, quien solo sonrió con timidez.

- Hablando de niños – Saltó de pronto el senador – ¿Donde esta la pequeña diablita de la casa?

- Mary esta durmiendo – Explicó desde el otro lado de la mesa la señora Forrest – Estuvo jugando todo el día -.

Al escuchar el nombre de Mary, George soltó una pequeña risita, solo audible para la señora Richmond, que lo miró con el ceno fruncido.

- Que lástima – Se apenó desde su asiento el congresista - Tenia ganas de ver a esa rubiecita de carita pecosa revoloteando por aquí, le traía un regalo -.

De pronto, desde la misma puerta por la que había aparecido George con la bandeja, surgió Charles, con otra fuente de plata. Sobre ella llevaba una gran variedad de carne, toda trozada en pequeñas lonjas, y esta era blanca y jugosa.

George tomó la otra bandeja y colocó sobre ella algunas copas y botellas vacías. Al pasar al lado de Charles, le guiñó un ojo y se dirigió con rapidez hacia la puerta que llevaba a la cocina.

- Señores – Se levantó Dan al ver que Charles colocaba la bandeja sobre la mesa – Tengo el agrado de anunciarles que el plato principal ya ha sido servido, espero que les guste -.

- ¿Que es Dan? – Preguntó algo dudosa la esposa del senador – Parece carne de cerdo -.

- Así es – Intervino desde su asiento la señora Forrest – Pero no es cualquier cerdo, nuestros cocineros la preparan de una manera especial, pruébela y vera -.

Charles reprimió una risita al oír la respuesta de su ama. Esta última lo miró, pero no le dijo nada. El negro entonces sirvió un poco más de vino y se quedó de pie junto a la mesa. Sus ojos brillaban al verlos comer.

- Puedes retirarte Charles -  Le pidió Dan.

El negro, ahora serio e inexpresivo, giró hacia la derecha y salió por la misma puerta por la que el y George habían entrado al comedor.

- Sabe muy bien – Fue lo último que escuchó el negro antes de cerrar la puerta, y, como si no pudiera resistirlo más, una brutal carcajada estalló en su boca y lo hizo retorcerse en medio de la cocina.

George, quien estaba sentado sobre un taburete, también reía y miraba a Charles con satisfacción.

- No puedo creerlo – Exclamó – En verdad se la están comiendo -.

- Lo se, lo se – Seguía riendo Charles – Imbéciles hijos de puta -.

George miró al resto de los negros de la cocina que también reían. Vio que uno sostenía la cabeza en su mano derecha y se la arrebató de un tirón.

- Jajajaa – Rió – Ahora ya no puedes gritar ni llamar a tus hermanos niñita malcriada -.

Se quedó observando aquel rostro pecoso e infantil y luego comenzó a tironear uno de los mechones rubios. Sus ojos brillaban.


Permaneció con la cabeza en la mano. Luego la guardó dentro de una bolsa. En el camino se acercó a la olla y la destapó. Allí, los pequeños huesos aun flotaban en el agua hirviendo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Daniel Johnston



La historia de Daniel Johnston es fascinante. El tipo comenzó tocando un boombox Sanyo monoaural y repartió las cintas que grababa creando hasta un comic y asi fue logrando reconocimiento en la escena underground de Texas. Para muchos su sonido es mas bien tormentoso y naif, pero para mi sus canciones tambien reflejan cierta dulzura entranable, con muchas influencias de The Beatles. Muchos grupos famosos le han hecho algunos covers, como Yo La Tengo, con Speeding Motorcycle. Lamenteblemente sus trastornos de bipolaridad le arruinaron varias oportunidades de sobresalir aun mas. Conocida tambien es la anecdota cuando en un avion que estaba piloteando su padre, Daniel, en pleno vuelo, lo atacó producto de una de sus interminables crisis. En fin, para mi es un genio. Aqui en Experimental Lunch les dejamos uno de sus mejores temas.




sábado, 2 de noviembre de 2013

DON MALDITO


Desde españa, Ana Patricia Moya, nos dice por que no hay que enamorarse de un poeta. Gran relato de esta interesante escritora. No te lo pierdas.







Jamás te enamores de un poeta. Jamás. Eso me dice mi madre, la pobrecita, que la engañó un artistilla bohemio que soñaba con Paris y los prestigiosos premios literarios mientras se pavoneaba por los garitos de moda de la ciudad fumando cigarros de liar y cambiando sus increíbles poemas escritos en servilletas por cerveza o whisky. Fruto de ese polvo entre mi jovencísima madre, impresionable e inocente por culpa de la adolescencia, y ese miserable con aires de grandeza, de polla insaciable y bolsillo vacío, nací yo. Cuando la preñó – consiguió bajarle las bragas mientras le recitaba unos supuestos versos suyos, aunque realmente eran de Baudelaire, pero claro, mi madre, se lo tragaba todo, todo, todo, y todo -, aquella chica que de golpe se transformó mujer, se fugó, con la inminente curva del vientre abultada, a pedir responsabilidades al progenitor, que huyó, despavorido, al recibir la noticia, y claro, los artistas son libres, pueden ser padres responsables de su obra, pero no de niños que serían un estorbo para su segura y prometedora carrera literaria; dos meses de rastreo, y ese estúpido ser humano – aún me cuesta trabajo decirle padre, aunque por la lógica de la biología, lo es, porque un espermatozoide, en un acto sexual torpe, abordó el indefenso óvulo de mi madre aquella noche de invierno sobre una cama de un destartalado hostal picadero – fue encontrado en la capital parisina, pero viviendo en una habitación de mala muerte, trabajando como encargado de la sección de pasatiempos de un periodicucho local, ganando una miseria… y escribiendo como un loco en sus ratos libres; libros y bloques de folios ocupaban gran parte del espacio húmedo, insalubre, de cucarachas paseándose por allí como las reinas indiscutibles, compañeras silenciosas de un ermitaño cuya cabeza perdió el rumbo en aquel momento de su vida en el que prometió: “quiero ser el mejor poeta de todos los tiempos”. La reacción de mamá, al verle ahí, tan flaco, encorvado, sucio, escribiendo como un poseso en el escritorio de madera polvoriento y carcomido, fue la de la compasión: el gran defecto del poeta, llenarse la cabeza con ilusiones estúpidas, de palabras sin sentido, no acompañadas del acto de la voluntad. Sin reproches, mi madre lo dejó allí, encerrado en sí mismo, con su rebosante talento y utopías imposibles, y regresó al pueblo, me parió y me crió, pero bajo la sombra del resquemor: hizo desaparecer todo lo relativo al degenerado que ella misma llama “poetilla de baja estofa” – quemó fotos, poemas y libros dedicados, discos con música de Serrat y Sabina, etc – y me prohibió leer y recibir clases de literatura; mis profesores de colegio e instituto se quedaban atónitos cuando mi madre les decía que cuando empezasen sus asignaturas yo abandonaría inmediatamente el aula. Aprobé las materias sin recibir una formación adecuada: supongo que, por ser hija de la soltera loca del pueblo, la pena pudo más y, ante la envidia de mis compañeros que me tildaban de enchufada, siempre me ponían un suficiente sin realizar ni un jodido examen. Pensarán muchos: qué puta suerte, de la que se libra, de aprender poetas aburridos – que si Machado, que si Cervantes, Góngora, Lorca, Alberti, que si patatín y patatán - de estudiar para memorizar datos y datos y datos… algo totalmente inútil porque, y esto lo digo porque supongo que lo llevo en las venas, la literatura no se estudia: se vive. Se siente. Y lo la noto circulando por todo mi cuerpo a un ritmo acelerado… y acojonante. Maldigo el código genético paterno: mi madre algunas veces, aunque me quiere, me mira inevitablemente con desprecio, porque mi nariz, mi pelo castaño y mis ojos azules le recuerdan a aquel aberrante ser que, por follar - y encima, de mala manera; otra cosa hubiera sido un polvo antológico, como bromea ella, a veces, con amargura - arruinó sus tiernas ilusiones. Ese hijo de puta que embarazó a mi madre se colocaba la etiqueta de maldito con orgullo, pero realmente, no lo era: yo sí que estoy maldita porque mi sangre está infectada de palabras. Jodidas palabras. Y escribo. Y leo. Leo muchos libros a escondidas. Y escribo mucho. Muchísimo. Joder. Las chicas de mi edad se compran la Súper Pop, van al cine a ver Crepúsculo, se divierten en la discoteca y se enrollan con sus novios, pero yo me encierro en mi cuarto y escribo, escribo, escribo, escribo. Escribo porque soy una yonki del verso. Y una vez que la mano empieza a emborronar los folios de los apuntes, en los manteles de papel que se utilizan para los menús de la hamburguesería donde trabajo los fines de semana, ya no puedo parar hasta que toda la superficie en blanco esté cubierta de letras encadenadas. Mi madre aún no ha descubierto esta enfermedad crónica que padezco, pero las madres no son tontas, y tarde o temprano, lo descubrirá, hallará el escondite secreto de mis libros y de mis carpetas con poemarios, y en un acto de locura, los romperá en mil pedazos, los quemará… y posiblemente, junto a mí, su querida y odiada hija, la endemoniada, la que adora a Baudelaire, ese poeta que, según mamá, plagió a mi padre. Conflicto mental: amo a mi madre, amo escribir. Y tenía que decidir rápido. Por eso, aquí estoy, delante de la puerta del cuartucho donde todavía ese hombre que es mi padre vive, esperando a que me abra para clavarle la pluma estilográfica en el corazón – por piedad, le entregaré una inmerecida muerte poética - y acusarle de ser el culpable del mal que aqueja mis débiles dedos incapaces de no dejar de soltar palabras, palabras, palabras y más palabras en interminables noches de insomnio y momentos de desgarradora angustia. Y luego, apretaré los dientes con fuerza, y con el afilado cuchillo que llevo en el bolso, me cortaré la macho derecha y la dejaré encima de su pecho perforado, como un regalo de despedida: le devolveré el don que me ofreció, la maldición que deseo abandonar por puro amor a la que realmente me quiere.