miércoles, 31 de diciembre de 2014

RICARDO GENERAL FOTOGRAFIAS

Si bien el día Jueves lo dedicamos a la fotografía. Las  celebraciones de manana nos obligan a cambiar el orden de nuestras publi -caciones. El fotografo de esta semana proviene de nuestra region, de la ciudad de La Serena. Su nombre es Ricardo General y su esplendido trabajo fotográfico es el indicado para cerrar las publicaciones de este 2015




















martes, 30 de diciembre de 2014

LOS TESTIGOS

Poco se puede decir ya de Cortazar sin caer en el cliche y en las frases hechas. Solo se que a través de sus cuentos y de su obra en general se puede aprender mucho, en especial para los que recién se inician en el difícil camino literario. El dia de hoy les invitamos a leer su cuento Los Testigos, espero lo disfruten.






       Cuando le conté a Polanco que en mi casa había una mosca que volaba de espaldas, siguió uno de esos silencios que parecen agujeros en el gran queso del aire. Claro que Polanco es un amigo, y acabó por preguntarme cortésmente si estaba seguro. Como no soy susceptible le expliqué en detalle que había descubierto la mosca en la página 231 de Olver Twist, es decir que yo estaba leyendo Oliver Twist con puertas y ventanas cerradas, y que el levantar la vista justamente en el momento en que el maligno Sykes iba a matar a la pobre Nancy, vi tres moscas que volaban patas arriba. Lo que entonces dijo Polanco es totalmente idiota, pero no vale la pena transcribirlo sin explicar antes cómo pasaron las cosas.

Al principio a mí no me pareció tan raro que una mosca volara patas arriba si le daba la gana, porque aunque jamás había visto semejante comportamiento, la ciencia enseña que eso no es una razón para rechazar los datos de los sentidos frente a cualquier novedad. Se me ocurrió que a lo mejor el pobre animalito era tonto o tenía lesionados los centros de orientación y estabilidad, pero poco me bastó para darme cuenta de que esa mosca era tan vivaracha y alegre como sus dos compañeras que volaban con gran ortodoxia patas abajo. Sencillamente esta mosca volaba de espaldas, lo que entre otras cosas le permitía posarse cómodamente en el cielo raso; de tanto en tanto se acercaba y se adhería a él sin el menor esfuerzo. Como todo tiene su compensación, cada vez que se le antojaba descansar sobre mi caja de habanos se veía precisada a rizar el rizo, como tan bien traducen en Barcelona los textos ingleses de aviación, mientras sus dos compañeras se posaban como reinas sobre la etiqueta «made in Havana» donde Romeo abraza enérgicamente a Julieta. Apenas se cansaba de Shakespeare, la mosca despegaba de espaldas y revoloteaba en compañía de las otras dos formando esos dos insensatos que Pauwels y Bergier se obstinan en llamar brownianos. La cosa era extraña, pero a la vez tenía un aire curiosamente natural, como si no pudiera ser de otra manera; abandonando a la pobre Nancy en manos de Sykes (¿qué se puede hacer contra un crimen cometido hace un siglo?), me trepé al sillón y traté de lidiar más de cerca un comportamiento en el que rivalizaban lo supino y lo insólito. Cuando la señora Fotheringham vino a avisarme que la cena estaba servida (vivo en una pensión), le contesté sin abrir la puerta que bajaría en dos minutos y, de paso, ya que la tenía orientada en el tema temporal, le pregunté cuánto vivía una mosca. La señora Fotheringham, que conoce a sus huéspedes, me contestó sin la menor sorpresa que entre diez y quince días, y que no dejara enfriar el pastel de conejo. Me bastó la primera de las dos noticias para decidirme -esas decisiones son como el salto de la pantera- a investigar y a comunicar al mundo de la ciencia mi diminuto aunque alarmante descubrimiento.

Tal corno se lo conté después a Polanco, vi en seguida las dificultades prácticas. Vuele boca abajo o de espaldas, una mosca se escapa de cualquier parte con probada soltura aprisionada en un bocal e incluso en una caja de vidrio puede perturbar su comportamiento o acelerar su muerte. De los diez o quince días de vida, ¿cuántos le quedaba a este animalito que ahora flotaba patas arriba en un estado de gran placidez, a treinta centímetros de mi cara? Comprendí que si avisaba al Museo de Historia Natural, mandarían a algún gallego armado de una red que acabaría en un plaf con mi increíble hallazgo. Si la filmaba (Polanco hace cine, aunque con mujeres), corría el doble riesgo de que los reflectores estropeasen el mecanismo de vuelo de mi mosca, devolviéndolo en una de esas a la normalidad con enorme desencanto de Polanco, de mí mismo y hasta probablemente de la mosca, aparte de que los espectadores futuros nos acusarían sin duda de un innoble truco fotográfico. En menos de una hora (había que pensar que la vida de la mosca corría con una aceleración enorme si se la comparaba con la mía) decidí que la única solución era ir reduciendo poco a poco las dimensiones de mi habitación hasta que la mosca y yo quedáramos incluidos en un mínimo de espacio, condición científica imprescindible para que mis observaciones fuesen de una precisión intachable (llevaría un diario, tomaría fotos, etc.) y me permitieran preparar la comunicación correspondiente, no sin antes llamar a Polanco para que testimoniara tranquilizadoramente no tanto sobre el vuelo de la mosca como acerca de mi estado mental.

Abreviaré la descripción de los infinitos trabajos que siguieron, de la lucha contra el reloj y la señora Fotheringham. Resuelto el problema de entrar y salir siempre que la mosca estuviera lejos de la puerta (una de las otras dos se había escapado la primera vez, lo cual era una suerte; a la otra la aplasté implacablemente contra un cenicero) empecé a acarrear los materiales necesarios para la reducción del espacio, no sin antes explicarle a la señora Fotheringham que se trataba de modificaciones transitorias, y alcanzarle por la puerta apenas entornada sus ovejas de porcelana, el retrato de lady Hamilton y la mayoría de los muebles, esto último con el riesgo terrible de tener que abrir de par en par la puerta mientras la mosca dormía en el cielo raso o se lavaba la cara sobre mi escritorio. Durante la primera parte de estas actividades me vi forzado a observar con mayor atención a la señora Fotheringham que a la mosca, pues veía en ella una creciente tendencia a llamar a la policía, con la que desde luego no hubiese podido entenderme por un resquicio de la puerta. Lo que más inquietó a la señora Fotheringham fue el ingreso de las enormes planchas de cartón prensado, pues naturalmente no podía comprender su objeto y yo no me hubiera arriesgado a confiarle la verdad pues la conocía lo bastante como para saber que la manera de volar de las moscas la tenía majestuosamente sin cuidado; me limité a asegurarle que estaba empeñado en unas proyecciones arquitectónicas vagamente vinculadas con las ideas de Palladio sobre la perspectiva en los teatros elípticos, concepto que recibió con la misma expresión de una tortuga en circunstancias parecidas. Prometí además indemnizarla por cualquier daño, y unas horas después ya tenía instaladas las planchas a dos metros de las paredes y del cielo raso, gracias a múltiples prodigios de ingenio, "scotchtape" y ganchitos. La mosca no me parecía descontenta ni alarmada; seguía volando patas arriba, y ya llevaba consumida buena parte del terrón de azúcar y del dedalito de agua amorosamente colocados por mí en el lugar más cómodo. No debo olvidarme de señalar (todo era prolijamente anotado en mi diario) que Polanco no estaba en su casa, y que una señora de acento panameño atendía el teléfono para manifestarme su profunda ignorancia del paradero de mi amigo. Solitario y retraído como vivo, sólo en Polanco podía confiar; a la espera de su reaparición decidí continuar el estrechamiento del "habitat" de la mosca a fin de que la experiencia se cumpliera en condiciones óptimas. Tuve la suerte de que la segunda tanda de planchas de cartón fuera mucho más pequeña que la anterior, como puede imaginarlo todo propietario de una muñeca rusa, y que la señora Fotheringham me viera acarrearla e introducirla en mi aposento sin tomar otras medidas que llevarse una mano a la boca mientras con la otra elevaba por el aire un plumero tornasolado.

Preví, con el temor consiguiente, que el ciclo vital de mi mosca se estuviera acercando a su fin; aunque no ignoro que el subjetivismo vicia las experiencias, me pareció advertir que se quedaba más tiempo descansando o lavándose la cara, como si el vuelo la fatigara o la aburriera. La estimulaba levemente con un vaivén de la mano, para cerciorarme de sus reflejos, y la verdad era que el animalito salía como una flecha patas arriba, sobrevolaba el espacio cúbico cada vez más reducido, siempre de espaldas, y a ratos se acercaba a la plancha que hacía de cielo raso y se adhería con una negligente perfección que le faltaba, me duele decirlo, cuando aterrizaba sobre el azúcar o mi nariz. Polanco no estaba en su casa.

Al tercer día, mortalmente aterrado ante la idea de que la mosca podía llegar a su término en cualquier momento (era irrisorio pensar que me la encontraría de espaldas en el suelo, inmóvil para siempre e idéntica a todas las otras moscas) traje la última serie de planchas, que redujeron el espacio de observación a un punto tal que ya me era imposible seguir de pie y tuve que fabricarme un ángulo de observación a ras del suelo con ayuda de los almohadones y una colchoneta que la señora Fotheringham me alcanzó llorando. A esta altura de mis trabajos el problema era entrar y salir: cada vez había que apartar y reponer con mucho cuidado tres planchas sucesivas, cuidando no dejar el menor resquicio, hasta llegar a la puerta de mi pieza tras de la cual tendían a amontonarse algunos pensionistas. Por eso, cuando escuché la voz en el teléfono, solté un grito que él y su otorrinolaringólogo calificarían más tarde severamente. Inicié entonces un balbuceo explicativo, que Polanco cortó ofreciéndose a venir inmediatamente a casa, pero como los dos y la mosca no íbamos a caber en un pequeño espacio, entendí que primero tenía que ponerlo en conocimiento de los hechos para que más tarde entrara como único observador y fuera testigo de que la mosca podía estar loca, pero yo no. Lo cité en el café de la esquina de su casa, y ahí, entre dos cervezas, le conté.

Polanco encendió la pipa y me miró un rato. Evidentemente estaba impresionado, y hasta se me ocurre que un poco pálido. Creo haber dicho ya que al comienzo me preguntó cortésmente si yo estaba seguro de lo que le decía. Debió convencerse, porque siguió fumando y meditando, sin ver que ya no quería perder tiempo (¿y si ya estaba muerta, y si ya estaba muerta?) y que pagaba las cervezas para decidirlo de una vez por todas.

Como no se decidía me encolericé y aludí a su obligación moral de secundarme en algo que sólo sería creído cuando hubiera un testigo digno de fe. Se encogió de hombros, como si de pronto hubiera caído sobre él una abrumadora melancolía.

-Es inútil, pibe -me dijo al fin-. A vos a lo mejor te van a creer aunque yo no te acompañe. En cambio a mí...

-¿A vos? ¿Y por qué no te van a creer a vos?

-Porque es todavía peor, hermano -murmuró Polanco-. Mirá, no es normal ni decente que una mosca vuele de espaldas. No es ni siquiera lógico si vamos al caso.

-¡Te digo que vuela así! -grité, sobresaltando a varios parroquianos.

-Claro que vuela, así. Pero en realidad esa mosca sigue volando como cualquier mosca, sólo que le tocó ser la excepción. Lo que ha dado media vuelta es todo el resto -dijo Polanco-. Ya te podés dar cuenta de que nadie me lo va a creer, sencillamente porque no se puede demostrar y en cambio la mosca está ahí bien clarita. De manera que mejor vamos y te ayudo a desarmar los cartones antes de que te echen de la pensión, no te parece.





lunes, 29 de diciembre de 2014

PASILLO 18


Esta semana por Experimental Lunch, queremos recordar a una buena banda de la región. Oriundos de la ciudad de Ovalle. Pasillo 18 se ha caracterizado por un estilo bien definido, con influencias del mejor rock alternativo y del grunge de los noventas






      Pasillo18 es una banda oriunda de la ciudad de Ovalle (IV Region, Chile) Surgida en el año 2008 , Conformados por: Diego Ortiz (Guitarra-Voz); Jaime Henriquez (Guitarra-Voz); Matthias Prieto (Bajo-Voz) y Mauro Olivares (Batería-Voz). La banda a cautivado a todo el publico con su propio estilo de Rock Alternativo con grandes influencias del Grunge; Entre sus composiciones musicales mas conocidas están: No Tiene Sentido y Retro. 

En su corta carrera musical ya han compartido escenario con destacados artistas y bandas, como por ejemplo: Carlos Cabezas , AudioAnestesia, Tiro de Gracia, inestable , Chocloneta, Junior Capacho, Ultracefalo, entre otros. 


A mediados del 2010 graban junto a 13 bandas, un compilado, cual se llamaría «Compilado Limarí Rock Volumen 1» con el apoyo de la asociación de músicos y amigos del rock «Limarí Rock», Que en el cual Pasillo18 graba dos temas: Revolucionario Local (Tema relacionado con la Región) y Retro (Single de Pasillo18), El disco fue lanzado el 8 de Enero en la Plaza de Armas de la Ciudad de Ovalle. 



Hasta el mes de Diciembre del año 2011 cuando se disuelve completamente la banda. por motivos personales que llevaban de hace un tiempo atrás, llegando hasta la separación completa de la banda. cada integrante se encuentra actualmente en proyectos musicales distintos.


http://www.Pasillo18.es.tl/ (Página Oficial) 


Los dejamos con Revolucionario Local








domingo, 28 de diciembre de 2014

ENTREVISTA BELEN AGUILAR, ILUSTRADORA

Existen muchos artistas de notable talento en la región. Muchos de ellos conviven con la casi nula cobertura del gobierno que no reconoce ni su esfuerzo ni su talento. Experimental Lunch ha querido ser una especie de escape para ellos y lo comprobamos domingo a domingo, dando a conocer a estos jovenes y emergentes artistas y su trabajo. El día de Hoy, Patricio Zenteno, si, nuestro reportero estrella, ha conseguido una entrevista con la ilustradora serenense Belen Aguilar. Cuyos dibujos e ilustraciones han dado que mucho que hablar en la región.









Entrevista realizada por Patricio Zenteno





Belén Aguilar Ilustradora La Serena – por Patricio Zenteno


Antes de empezar..... un poco de biografía e influencias.

La verdad es que no recuerdo haber tenido un motivo para dibujar, excepto las cosas que uno aprecia en la vida diaria y te provocan a veces unas ganas incontrolables de dibujarlas, siempre fue algo que fluía, sin motivo mayor del puro placer de plasmarlo.

El dibujar llego a mi desde pequeña, siempre dibujaba, venia conmigo esa es la verdad :)

Mi primera influencia fue mi abuelo , a el le gustaba mucho dibujar, de hecho todos en la familia lo hacían bastante bien, como algo innato, entonces podría decirse que gracias a ellos mi pasión por el dibujo fue creciendo, aunque también tengo que decir que esto de dibujar es algo que venia conmigo, siempre tuve esa fascinación por dibujar las cosas.

Y bueno al pasar el tiempo mis influencias han ido cambiando obviamente, y también gracias a google y facebook hay mas acceso a muchos ilustradores, y ahí uno va viendo que es lo que mas le atrae de cada uno, y va armando su estilo , favoritos no tengo, pero por ej. ahora me encanta la acuarela y de Chile hay varios que son para mi referentes y doy gracias a ellos por existir ya que me inspiran a seguir mejorando, siempre he sido autodidacta y creo que es pura disciplina y siempre hacer , de tanto hacer algo sale siempre, uno se va conociendo además, es un largo camino :) 


(Belén podrías contar mas menos tus inicios o lo que te llevo a materializar tu pasión por la ilustración, usa el espacio que creas necesario)

1 - ¿Cuál es la opinión actual de tu trabajo contrastando un poco hace dos años atrás?

Creo que mis trabajos o dibujos, siempre están constante cambio, aun no me he casado con ningún estilo en particular, lo busco igual de alguna forma, pero a veces creo que no podría estar pegada en solo , no lo se la verdad, esto de crear va tan ligado al sentir, y como somos seres de pura energía, y esta misma esta en constante cambio, entonces por ende mis dibujos también lo estarán, veo difícil que me quede como con algo por mucho tiempo, y bueno, creo que lo que hago ahora igual me tiene conforme, no por como queden mis trabajos, si no por lo que me provocan, por lo que logro, por como me hacen sentir, me hacen feliz, creo que he avanzado bastante :)


2- ¿Cuál sería el concepto más palpable en tus trabajos expuestos en las ultimas ferias de ilustración? ¿ Desde cuándo se viene desarrollando?


Lo que mas se destaca en lo que hago es como mi lado infantil yo creo, siempre tiendo a dibujar niñ@s , me gustan, yo creo que puede ser por el no querer crecer mas, espero nunca hacerlo, de una buena forma claro, y las cosas que hago ahora en este momento están bien alejadas a lo que estaba mostrando en las ferias anteriores, estoy obligándome a dibujar desde el interior , dejar un ratito el dibujar por dibujar, y me ha gustado, salen cosas bastante positivas, ya que van con otra intención, con otro enfoque, es mas personal, mas del alma, me gusta lo que me provocan y lo que dejan en mi.

3- ¿Crees que el concepto ha sido bien desarrollado? ¿ Qué tipo de elementos estéticos te gustaría integrar?

La verdad es que siempre trato de dar lo mejor que puedo en lo que hago, si me preguntan si he desarrollado bien mis trabajos, seria súper critica y diría que no, pero creo que debo entender que esto es un proceso y que dependiendo de cuanto empeño ponga , los frutos obviamente serán mejores.

No entendí muy bien a que te refieres con agregar elementos estéticos, lo que si se es que por ahora mi meta es mejorar mi técnica de acuarela, y también el lograr trabajos conscientes que dejen mas que un "que lindo".



4- ¿Cual crees que es la mayor contribución desde tu trabajo a la escena de ilustración local?


Creo que el aporte de mis trabajos es el ver a las personas se darse cuenta que todos pueden ,dibujar en este caso, el verlos motivados, conversar con ell@s y mostrarles que pueden eso me encanta, todos pueden hacen cualquier cosa en realidad si se lo proponen y si lo hacen con disciplina y amor, va todo en el creer en uno mismo, esa es la base como en la vida misma en general. 

Y pucha esto quizás suene que viene muy del ego , pero me encanta ver las caras de las personas al ver lo que hago o lo que hacen amigos ilustradores, de hecho pasó en una feria que estuve hace poco en santiago, que una chica estaba mirando todo sin decir nada y al final fue como que nos dijo: ustedes hacen magia , esto es magia.( refiriéndose al todo, no solo a nosotros) fue muy lindo, y de hecho quede con la sensación de que ojala esto se viviera todos los días, ya que esto no se ve, de hecho esta súper mal catalogado al dibujante en si, y creo que como dijo esa niña los artistas en general entregan esa magia que nos desconecta de esta realidad que cada dia esta mas carente de alma, se nos ha olvidado el sentir que es algo que viene con nosotros y en este tiempo es un lujo tener un minuto para conectarse con uno, gracias a dios existen personas que crean espacios como estos.



5- ¿Existen proyectos paralelos o colectivos en los cuales estés involucrada actualmente?

El único proyecto que tengo por ahora, es conectarme conmigo, creo que ese es el mayor proyecto que podría tener por siempre, conocerme y crecer -creer en lo que hago y enamorarme de mi , creer en mi.






6- ¿Podrías mencionar si existen elementos o características biográficas en tus trabajos?

Pucha son tantos los artistas que me han influenciado durante la vida hasta hoy ,mis gustos o influencias son muy variadas desde la pintura mas clásica que es por lo que todos los que dibujan( de mi edad) han pasado, ya que antes no existía google seria : Monet, después conocí el trabajo de Beatrix Potter y después a Mary Blair , y si tengo que nombrar a algunos de los que me enamoraron en este ultimo tiempo diría que son: Mariana Santos(Mariana Miseravel), Paula Bonnet y Fabien Mensse que es mi favorito por lejos hasta ahora.


7. ¿Que técnicas consideras transversales en tu trabajo? ¿Te gustaría experimentar con nuevos recursos o técnicas?

Mi favorita en este momento es la acuarela, por ahora, me encanta la suavidad que tiene, me identifico mucho con ella, la descubrí hace poco y creo que estamos conectadas, me encanta y bueno no descarto probar otras técnicas de ilustración, espero hacerlo y así mismo ellas me encuentren, lo digital hace rato me hace ojitos jsjss

8- Finalmente ¿Donde podemos encontrar tus trabajos, o que se viene para el próximo año 2015?

Tengo un fpg en donde pueden ver mis trabajos , es super simple, mi nombre ,,, BELEN
Y para este año que se viene, me pondré de cabeza a mejorar técnicas y a dibujar hasta el infinito y mas allá, también espero lograr todo lo que me proponga en cuanto a ilustración, espero así sea :)








Muchas gracias por tu tiempo



PZ











sábado, 27 de diciembre de 2014

EL VIEJO DE LA COPA VACIA

Desde lo mas profundo de sus aberrantes entranas, nuestros primos hermanos de The Deep Lunch nos han hecho llegar este relato prenado de perversión y maldad. El Viejo de la Copa Vacia es un relato inquietante, que ni siquiera su escritor, Gonzalo Vilo, autor del libro ya de por si bizarro Dark Side, se atreve a mencionar que es suyo y lo tiene olvidado en blogs tan perversos como el de nuestros hermanos de The Deep Lunch.






Edicion:  Priscila Ugalde


      En uno de los tantos bares de Santiago, una mujer se pasea entre los grupos de hombres. Nadie, en todo caso, parece advertir su presencia. Peor, la mayoría está atento a la música que toca el grupo en el escenario, o conversa y ríe de cualquier cosa, sin mirar siquiera a la bella muchacha que los observa nerviosa e impaciente. 





- ¿Tienen fuego? – Pregunta ella a uno de los grupos, dejando ver su cigarro.





Los hombres se miran entre si. Luego, uno de ellos saca un encendedor de su bolsillo y de mala gana se lo entrega. Ella lo toma y se los queda mirando.





- ¿Me ayudas? – Le pide a uno.



El tipo suspira y le enciende el pucho. Ella aspira y exhala un poco de humo.



- Gracias – Le dice a él, sonriendo coqueta.



El hombre, no obstante, ya ha volteado y sigue la conversación con su grupo. Ella le mira la espalda en silencio, sin entender que es lo que pasa, alejándose, algo ruborizada, mirando hacia todos lados. 



Desde una de las mesas, sus amigas la observan con atención. Ella es una rubia hermosa, de bonita figura y resalta entre medio de aquellos gordos de horrible aspecto que ni siquiera la miran. Con horror las amigas la ven caminar por entre medio de las mesas, donde nuevamente es rechazada de forma clara y humillante, y ante cada rechazo, sólo pueden mirarse entre sí o suspirar con amargura. Silentes, vuelven a beber de sus vasos de tequila, ron y cerveza hasta el fondo y los vuelven a llenar, mientras a su alrededor, otros grupos de féminas, han contemplado la escena con la misma decepción.



- Maldito Hengal – murmura una de ellas – Bien buena la hiciste alemán de mierda -.



Detrás de ellas, sentado en uno de los taburetes de la barra, un viejo de aspecto solitario, las mira y se ríe sin que ellas lo noten.



Aquel anciano ha estado allí durante horas, pero no ha bebido más que un vaso. Ahora lo tiene vacío y mira al barman en varias oportunidades. Más de una vez le ha guiñado el ojo, y el barman le ha sonreído. No es la primera vez que viene, así que el empleado ya sabe cual es su juego y no lo molesta. Es más, le divierte.



El viejo de pronto se levanta del sillín y camina hacia una de las mesas donde están las mujeres. Le pregunta a una si le queda algo de bebida y mira a sus amigas con una sonrisa. 







Sin embargo, las mujeres se quedan observando a un grupo de gordos que se han metido en el baño y no le hacen caso. El viejo las oye hablar sobre culos, piernas y hombros y él se ríe en silencio, mirando de nuevo al barman, que no lo ha perdido de vista.



- ¿Alguna de ustedes me podría convidar algún copetito? – Repite el viejo, tocando el hombro de una de las muchachas.



Aquella mujer voltea de inmediato, pero entonces alguien le avisa que los gordos han salido del baño y su mirada vuelve a aquellos cuerpos jóvenes y varoniles que se abren paso con dificultad a través de las mesas y las sillas.



El viejo advierte que cada uno de los hombres se guarda sus latas de Hengal en el bolsillo de sus chaquetas y los ve caminar relajados, seguros de si mismos. Al mirar sus rostros, sólo descubre satisfacción. 



Finalmente, cuando los pierden de vista, las mujeres se tranquilizan y él vuelve a tocar el hombro de la muchacha, quien, ahora junto a sus amigas, se da vuelta aún más sorprendida. Él les muestra su vaso vacío, y ellas, mirándose entre sí, se quedan en silencio. El suspira y mira hacia otra mesa, pero antes de que piense hacia donde ir. Una mano suave y delgada le toma la suya.



- Mi amor – escucha que le llaman - ¿Por qué tan solito? -.



El viejo voltea enseguida y ve a la misma rubia que hace un rato revoloteaba sin éxito entre las mesas de los hombres. Él la mira y le alarga su vaso vacío.



- Quería algo pa’ tomar -. Responde él sin alterarse.



-Jajaja – Ríe ella – Vengase pa’ca mi amor, aquí tenemos harto -. 



Lo conduce hacia la mesa donde están sus amigas. Mientras avanzan, escucha cómo las otras muchachas se recriminan y se molestan. Él sonríe.



Al llegar, se da cuenta que aquellas mujeres se han entusiasmado, iluminándoseles el rostro. Sin ir más lejos, una de ellas le cede su asiento y se va a buscar otra silla. Mientras que la rubia, orgullosa, se sienta a su lado y vuelve a llenar su copa.



- Estamos tomando vodka – Le dice - ¿Te gusta? -.



- Sí, claro – responde él, alargando el vaso – Échame un poquito -.



Le sirven vodka con hielo hasta la mitad y luego lo mezclan con jugo de fruta. El viejo bebe un poco y se deja caer sobre el respaldo. Con tranquilidad mira a su alrededor y se da cuenta que todas lo miran con atención. Antes de beber el segundo trago, se palpa la chaqueta y toca su botellita de Hangel.



Al tercer vaso que se bebe, la rubia ya le ha rodeado con su brazo. Con su mano derecha le acaricia el rostro y el sonríe, mirando al barman, quien desde la barra finge un brindis con una copa vacía. Las otras mujeres también se acercan hacia él, pero son más tímidas y guardan su distancia. De todos modos, no dejan de observarlo y ponen atención a cada palabra que él dice, por más idiota que ésta sea.



Eso sí, cuando cerca de ellas pasa uno de los gordos, sus miradas se pierden siguiendo aquel gigantesco culo bamboleándose entre las mesas. Algunas se quedan mordiéndose los labios en el asiento o suspirando, mientras que las más audaces se levantan y caminan detrás de ellos. La mayoría de los hombres las ignora, pero hay otros que voltean y muestran sus botellas de Hangel, riendo con sarcasmo.



- A ustedes, niñas, les falta mucho por aprender – Dice el viejo, mirándolas a todas.



- Desde que apareció esa cosa – reclama molesta una de las mujeres de la mesa – Todo se ha puesto muy complicado -.



- Sí – Le apoya su amiga – Esto es terrible, hace más de dos años que no he estado con un hombre -.



El anciano la mira. Es una morena bella y joven. Probablemente una cruel rompecorazones antes de que apareciera la bendita bebida.



- Estoy seguro que algún día encontraran a alguien – Afirma él, galante – Y lo harán muy feliz -.



Aquella declaración le consigue otro vaso más de vodka con fruta. Las mujeres ahora, más confiadas, se acercan mucho más a él y se animan a acariciarlo. La rubia incluso le da un beso en el cuello y le desabrocha los dos primeros botones de la camisa.



Algo incómodo, el viejo saca su celular y mira la hora. De pronto, aparta los brazos de la rubia y se levanta. Ellas lo miran extrañadas, mientras que la rubia le toma su mano y la besa. 



- No te vayas – le dice.



El viejo sonríe y se aleja entre las mesas. Al llegar al baño, se abre paso entre los gordos y se bebe su Hangel. Por todos los rincones se escuchan gemidos y quejidos.



A los cinco minutos vuelve a la mesa con las mujeres. Ellas, claro está, suspiran aliviadas. La morena le vuelve a llenar su vaso con vodka y fruta, mientras que la rubia le ha colocado la mano sobre la entrepierna. El viejo la mira y se la acaricia. Trata de parecer entusiasmado, pero lo cierto es que ya se siente por completo satisfecho.







- Vámonos – Le susurra ella en el oído – Vámonos a mi departamento, ahora -.



- No sé, yo…-. Duda él.



- Ya poh, mi amor – Insiste ella, besándole el cuello – La vamos a pasar súper bien, te lo juro -.



Finalmente él acepta. Salen del pub y se despiden de las amigas de la rubia. Todas ellas la miran con envidia y se suben a sus autos en silencio.



La rubia lo invita a su Hyundai y le pasa una botella de whisky. El bebe un poco y se toca el bolsillo trasero del pantalón. Si, está allí, y con una sonrisa le devuelve la botella a la rubia, que también se echa un trago.



Se estacionan al interior de un condominio. Ambos se bajan con dificultad del vehiculo, pero ella luego comienza a tambalear mientras avanza por el estacionamiento



El viejo observa todos los rincones del condominio. Ve que el guardia está dormitando en su garita y que no hay luces encendidas en ninguno de los pisos de los edificios. Lo mejor es que la noche es cerrada, y muy pocos podrían descubrirlos caminando por allí. 



Antes de subir las escaleras, él la toma por la cintura y comienza a besarla. Ella no opone ninguna resistencia, y se deja llevar. El le introduce la mano por debajo de la falda y con cuidado le baja la ropa interior. Ella gime y le mete la lengua en el oído.



Ambos terminan tropezándose y cayendo luego detrás de unos matorrales. Ninguno, por fortuna, parece herido; es más, ambos siguen besándose como si nada hubiera pasado y a tirones comienzan a quitarse la ropa. Luego el viejo se queda sentado sobre la hierba, desnudo, mientras la rubia se deja caer sobre sus piernas, entrelazando sus brazos alrededor de su cabeza.



La mujer lo besa e introduce el flácido miembro en su entrepierna, y al hacerlo, cierra los ojos, sintiendo al instante un escalofrío que traspasa todo su cuerpo. Se besan y el le acaricia sus piernas con la mano izquierda, mientras que con la derecha, sin que la rubia lo note, mueve un poco el pantalón, que está a su derecha, hasta encontrar el bolsillo de atrás.







Entre subida y bajada de su pelvis, la rubia no advierte los movimientos del otro. Está, podríamos decirlo, con la mente en otro lado. Uno, dos, tres flechazos profundos la remecen de pies a cabeza. Hacía tanto tiempo, dios mío, hacia tanto tiempo que nadie la elevaba de esa forma. Que se iba a fijar en ese pantalón moviéndose en el piso y en esa mano huesuda y arrugada que empuñaba ese cuchillo, blandiéndolo hacia su garganta.















viernes, 26 de diciembre de 2014

JUAN VEGA

Juli Lizcano y su relato Juan Vega es la nueva publicacion de Experimental Lunch. Esta joven colombiana proviene de la ciudad de Bogota y destaca por un estilo simple que no pierde profundidad










          Cuando Juan Vega nació en 1990, habían pasado ya cinco años de la avalancha de Armero, tres años antes, Lucho se había coronado campeón en la gloriosa Europa, y el año anterior mientras su madre se acariciaba la pansa cantando las canciones del Cacique de la junta Diomedes Díaz, muere Galán asesinado en un mitin electoral. 

En 1998 mientras su padre veía coronarse campeón de futbol a Francia en el mundial por la TV, Juan veía encerrado en su habitación “El laboratorio de Dexter” en donde imaginaba, qué pensarían sus padres si él fuese algún día un gran científico, como esos que nombraba su profesora de ciencias naturales en el colegio, Einstein, Newton y Stephen Hawking. Juan era un alumno promedio, un chico solitario y sin amigos, que encerraban y golpeaban en los baños durante los recreos; hacía parte del equipo de futbol de su colegio donde se destacaba por sus hazañas goleadoras, soñaba con ser algún día como Valderrama, Asprilla o el “Tigre” Castillo, incluso llevaba el número 10 marcado en la espalda del uniforme de su equipo, ese día cuando convirtió un triplete en un partido, Juan supo que había encontrado una afición capaz de sustituir a la TV y los videojuegos. Se pasaba días viendo canales deportivos, llenando álbunes de diferentes equipos de futbol colombianos (eso sí, sin caer en la filatelia), escuchando las críticas y los comentarios deportivos en la radio, leyendo noticias deportivas en El Tiempo, y los fines de semana se sentaba con sus primos a ver los partidos de la Copa Postobon, luego salía a la calle y se quedaba jugando con ellos hasta casi las 10 de la noche. Así eran sus fines de semana, los cuales empezaban con un maratón de deportes a la medida de su tiempo, se bañaba con agua tibia hasta que los dedos de sus pies y manos se parecían a los de sus monstruos favoritos como Sinclair o Alf. 

Dos años después de la caída de las Torres gemelas, Juan cumplió trece años, inesperadamente su afición por el futbol empezó a declinar, Juan se había vuelto más callado, “ensimismado” decía su madre, pasaba horas encerrado jugando videojuegos, sus papás quedaron confundidos cuando la decoración de su cuarto en el apartamento 603 de La Colina, había pasado de afiches de sus futbolistas favoritos, a afiches de juegos de guerra y aventura como Crash, Mario Bross, Age of Empires, Metal gear, Residen Evil, y Mortal Kombat, se había vuelto agresivo en el colegio, y pensaron que Juan estaba consumiendo mariguana. Ese año Juan perdió séptimo grado, y nunca más volvió a aparecer en la lista de los alumnos más aplicados de su clase. Juan mentaba la madre a la vida que le había tocado vivir, él necesitaba que la vida que tenía atrapada en su pecho, escapara de su cuerpo como por la válvula de una olla exprés. Su madre una abogada de prestigio de la Contraloría de la República creía que lo de Juan era un “arrebato de la adolescencia” y que no tenía por qué preocuparse, mientras que su padre un ingeniero y alcohólico devoto, no recordaba ni las buenas y malas noticias que giraban en torno a su familia. 

En realidad, Juan solo iba al colegio para fumar mariguana, ese día el porro había estado tan bueno que tres toques bastaron para ver cómo el cielo azulado crepitaba fugazmente, pero una noche del 2006 estaba con Chucho, su mejor amigo de la secundaria viendo una película de miedo, de esas que tanto les gustaba ver y que habían comprado a 2.000 pesos en el San Andresito del Norte, cuando inesperadamente Chucho se levantó lentamente del sofá, se sentó sobre la ventana que daba directamente al parque de su conjunto y se tiró del noveno piso de su apartamento producto del LSD que lo hizo lanzarse como si fuese una fruta psicodélica. Juan devastado por lo ocurrido dijo adiós a lo nunca había considerado un vicio peligroso. En ese momento, para Juan la droga había dejado de existir, por primera vez en años se cortó el pelo, y cambio de look. Los meses siguientes a la muerte de Chucho, Juan empezó a escribir, se volvió amante de la lectura y se convirtió en el pelao más pilo de la secundaria. A Juan le encantaba tanto la lectura, que en una semana se había leído todos los libros de Andresito Caicedo, su escritor favorito. 

Una mañana mientras se arreglaba para salir al colegio y escuchaba en la radio la noticia sobre la liberación de Ingrid Betancourt, pensó en su futuro y decidió elegir su carrera, escogió Literatura, Juan tenía claro que lo único que él quería hacer el resto de su vida, era escribir y viajar. Unos meses más tarde, después de haberse graduado de la secundaria, Juan se presentó en la Universidad de los Andes, allí durante cinco largos años Juan mantuvo la promesa que le había hecho a Chucho una semana antes de su muerte, la de No ser un fracasado. Una tarde mientras dictaba una conferencia en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional sobre Literatura Precolombina, y pasados dos meses de la muerte de Nelson Mandela, Juan ganó el premio Alfaguara de literatura. 



Y como decía el dicho, Juan ya había sembrado un árbol, ya había escrito un libro y lo único que le faltaba era recorrer el mundo. Semanas después Juan compro un morral, ropa para todo tipo de climas, un tiquete para Australia, y mientras despegaba el avión, se fue tarareando su canción favorita de los Beatles, “we all live in a yellow submarine”…






jueves, 25 de diciembre de 2014

FRANCISCA LEDEZMA

Como cada Jueves, presentamos a una artista nacional ligada a la fotografia. La elegida en esta oportunidad es la Chilena Francisca Ledezma, alias Pupila Reflex.































miércoles, 24 de diciembre de 2014

VENTANAS TENEBROSAS

Miércoles de 
poesía en 
Experimental Lunch. Hoy la joven venezolana Angelica 
Guevara, nos invita a disfrutar de su bien logrado estilo. Ventanas Tenebrosas poema incluido en su libro "De las sombras, la esclavitud y un inicio fallido de locura" Es lo que leeremos a continuación









Dos ventanas

Se abren ante mi visión

De un color marrón.



Que envuelven,

Que llevan a otro mundo de

Oscuridad y tinieblas.



-¡Me asusta tal visión!-



Sin embargo,

Me atrae

Un pequeño brillo



(Luz distante)



Es así,

Como se une la luz

Y la oscuridad.



Fuerzas tu entrecejo a ser

Profundo.

Queriendo dejar ver lo que,

Realmente eres.





Te relajas y te angustia

Al notar mi mirada distante.

Más no te preocupes,

Aquí estamos de nuevo.



Con la diferencia

Que te he mirado… A través de ti.

A través de tus ojos.









martes, 23 de diciembre de 2014

LA KAREN

Hoy Martes queremos destacar a una joven escritora chilena, Romina Reyes, proveniente de Santiago a destacado de gran manera con su libro de cuentos llamado Reinos, publicado por editorial Montacerdos. En esta ocasion revisaremos uno de estos cuentos llamado La Karen





         Jara estaba frente a su computador bebiendo los restos de una sopa china. En el líquido amarillento flotaban las verduras deshidratadas que habían logrado escaparse del tenedor. Cuando me vio me pidió un cigarro. Lo estoy dejando, le dije. Da igual, dijo él. Saqué unos Marlboro Light y nos fuimos a una ventana. Jara golpeó varias
veces su cigarro contra el vidrio para condensar el tabaco.

Yo nunca supe las ventajas reales de aquello, pero igual lo hacía. Como un mono, todo lo repetía igual que un mono. Hablamos del día, del clima y entonces Jara me preguntó por la Karen. Yo lancé mi cigarro al vacío y miré un segundo a la calle para comprobar que no le cayera a nadie en la cabeza. Le dije que estábamos acabados y que seguíamos acabados.

–Es una lástima –me dijo. –La Karen siempre me sonó simpática.

La Karen–Sí, lo era.

–¿No te da pena?

–Estas cosas ya no me dan pena.

–Es cierto –dijo Jara aplastando el cigarro contra el muro
–, a mí tampoco.

Mi escritorio tenía de todo menos lápices. Me di una vuelta por la oficina para recoger algunos del suelo o derechamente sacarlos de otro escritorio. Jara le llamaba a eso delincuencia. Si alguna vez me sacas mis cosas, me dijo, te pego. Yo le pregunté si ese era un motivo realmente importante como para ponerse a pelear. Él me
dijo que el motivo era lo que menos importaba.

Jara fue a prepararse un café y yo lo seguí. La oficina tenía una cocina que era más bien un cuarto estrecho y blanco con agua potable y un microondas. Jara llenó el hervidor y yo saqué las cucharas. Puse las tazas sobre la mesa; la de Jara tenía la cabeza calva de un francés y la mía, un par de gatos gordos. Fue un regalo de la Karen.

En realidad, me la robé la última vez que estuve ahí. Los gatos eran horribles, pero fue lo primero que encontré. Cuando me la llevé, la taza todavía tenía una bolsa de té adentro y un cigarro empapado en el concho. No sé si la Karen se dio cuenta, si alguna vez la extrañó. Cuando le conté a Jara me dijo que eso era triste.

–En el fondo, la gente es triste.

La tarde se pasó en una luz que bajaba por las ventanas y se reflejaba en la pantalla del computador. Yo agarré un papel y escribí “Karen”, luego lo taché y lo tiré a la basura. Salimos con medio día y media noche a cuestas.

Yo tenía ganas de tomar algo, de emborracharme, de destrozarme. Se lo dije a Jara, pero él no podía, tenía un cumpleaños, no podía faltar.

–¿Y la Karen? –me preguntó.

–No sé si sea adecuado –le respondí.

Nos despedimos en el paradero de la 206. Era viernes, y los viernes siempre me deprimían. Sobre todo ahora, que no estaba la Karen. No sé si lo triste era el día o acaso la perspectiva de llegar a mi departamento que nunca se terminaba de amoblar. En mi ventana todavía estaban las cortinas de la Karen, y en la ducha aún flotaban
sus pelos. También tenía el cepillo de dientes que saqué de su cartera y que puse en el vaso del baño, el vaso del baño de una casa que tenía más cepillos que personas.

Caminé un rato por el centro. Me metí al Portal Fernández Concha y pedí un completo que comí de pie. Le saqué el exceso de mayonesa con una servilleta de esas que uno no sabe si son de plástico o de papel. No me gusta la mayonesa, la encuentro vomitiva y demasiado amarilla. Tampoco me gusta el color amarillo. La Karen insistía en ponerle mayonesa a mis cosas como si quisiera obligarme. Se burlaba de mi rechazo a algo tan simple,
pero yo creía que era complicado.




Caminar lento entre gente que corre puede ser suicida. Me metí a jugar unas fichas en las máquinas de Merced para olvidarme de todo. Cuando chico jugaba como condenado, pero después le perdí el gusto. Ahora no me alcanza la plata para una consola o quizás es que siempre pienso en cosas mejores que comprar, como una revista o un libro o una golosina.

Aquel lugar tenía un gusto a pantalla, un olor a  cigarros. Me sentí un poco ridículo y viejo a la vez. Busqué los juegos de pelea, le gané unas fichas a un niño que ni siquiera me saludó. Todo era muy frío y pensar eso me dio nostalgia. Me acordé de la playa, de los veranos. Para mí la playa no era el mar ni las palmeras, sino las noches en los juegos mientras las primas se probaban aros en las
ferias artesanales. Casi sentí el mar y la arena en los calzoncillos.

Todas las noches asaltábamos a los viejos para comprar miserables fichas oxidadas. Era fácil entonces dar patadas y golpes apretando botones. Seguía siendo fácil ahora. Yo nunca había estado en una pelea, aunque siempre pensé que me podría defender bien. Jara me dijo una vez que lo mejor que se podía hacer en esa situación era reventar una botella en la cabeza del otro, que difícilmente alguien se levanta con eso.

–¿Y qué haces después?

–Después corres.

Pero ahí no corrí. Me enfrenté a seis contrincantes, mezcla de marcianos, máquinas y superhombres. Pasé varias etapas, pero perdí. Siempre llega un momento en que se pierde. Quizás ahí hay que correr.


La ambulancia estaba estacionada frente al edificio. La sirena no sonaba, pero la luz roja seguía dando vueltas y alarmaba a los gatos. Parecía la imagen de un accidente, sólo que sin muertos ni ausencias de luz. Fumé un cigarro mientras miraba la escena pausada. Sentí que no tenía sabor a nada, que los cigarros light eran tan absurdos como todos los productos light. La Karen siempre tomó Coca normal, no le temía al azúcar ni a la diabetes. Creo que la respetaba un poco por eso. Al rato me aburrí de la escena detenida o quizá me aburrí de fingir que me interesaba, así que pedí permiso y entré a mi departamento.

La casa estaba vacía. Quedaban sobras de comida en un pote de microondas. Lo metí a calentar y encendi la tele. Le hice espacio a mis cosas en la mesa del living, que estaba llena de todo tipo de objetos, desde ropa hasta alimentos. Al final, la mesa del living no era una mesa del comedor, sino solo una mesa que llenaba de cosas que no cabían en otros lugares.




Comí frente a la pantalla una mezcla de puré y salsa rara que había hecho el fin de semana mezclando todos los trozos de verdura que pude encontrar. Eran las 10 y ya había comido, ya había fumado. Busqué en mi celular el número de la Karen y lo pensé una última vez, pero me dije que no era una buena idea. Pensé que lo mejor era acostarme, aunque también lo más aburrido.

Apagué la luz y me metí a la cama. Traté de masturbarme pero no lo logré. Entonces apreté los ojos para forzar el sueño. Poco a poco llegó y me fui en una ola. Desperté a ratos asustado de nada. Ahí se acababa todo, pensé. Entonces, sonó el teléfono.




La Karen vivía en una casa ubicada en el Santiago antiguo o lo que quedaba de él. Calles largas y secas con casas sin antejardín. La verdad es que nunca fuimos La Karen realmente a su casa. Nosotros apenas pasábamos a dejar o a buscar algo. Ella entraba, yo la esperaba en el living y ojeaba sus libros tratando de descifrar algún significado oculto en ellos. La Karen tenía un solo estante con dos filas ordenadas según un criterio que nunca consulté, pero
sospechaba que tenía que ver con el color o la dureza de las tapas. Una de aquellas veces me decidí por un libro y lo metí en mi pantalón. Al principio lo hacía sólo para comprobar cuánto tiempo se demoraba ella en notar su ausencia. El resultado era que nunca lo notaba, o nunca lo decía, lo que era aun peor. Con el tiempo lo convertí en una costumbre que duró hasta que todo se terminó.

Un día la Karen me llamó y me dijo que le devolviera sus cosas; y por favor, devuélveme el libro, dijo. Y dijo libro como si pudiera subrayar la palabra con la lengua. Esa noche lo puse bajo mi almohada y antes de entregárselo le rayé la última página con un mensaje patético. Ahora creo que es patético, pero entonces me pareció inteligente, quizá doloroso, vengativo. Pasó el tiempo y nunca me comentó nada. Quizá nunca lo vio. Tal vez lo vio, pero no quiso comentarlo. De todas maneras no hablábamos tanto, pero hablábamos de vez en cuando. Yo creo que nunca lo quiso comentar, y esa era la peor opción.




Paré a mear unas cinco veces antes de llegar. Me compré una caja de vino y cigarros para el camino. De todas maneras no era tan tarde. Cuando golpee su puerta, aún era una buena idea. La Karen salió a abrir con una sonrisa pintada en el rostro. Detrás de ella reconocí a Olivos. Fue como si todas sus palabras se materializaran
de pronto en alguien que no era ni tan parecido ni tan diferente a mí. Olivos me dio la mano y me pasó un vaso de plástico. En el living reconocí algunos sillones y también a algunas personas. Aquella fiesta me recordaba las reuniones familiares de las que siempre te quieres ir o que son el peor panorama que puedes tener.
El momento en que fue una buena idea se desvanecía, pero traté de acostumbrarme.




Noté que la Karen estaba usando una corona de plástico con gemas artificiales color azul que le había regalado yo. Quise decírselo, en verdad era lo único que pensé decirle, pero ella se escurría entre la gente. Y entre los besos y las manos que se le pegaban a la cintura, era inalcanzable. Olivos se mantenía cerca y callado y a veces parecía que me miraba, pero no estaba seguro. La Karen también me miraba de repente o eso creía yo. Pero entonces vi aparecer a Jara con la consistencia de un fantasma.

Me distraje. Él me miró sorprendido y enojado. A esa hora, a mí nada me sorprendía. Jara me pidió un cigarro. Sin ningún motivo nos levantamos y salimos a fumar al patio como si no viéramos que todo el mundo lanzaba las cenizas sobre la alfombra. Yo pensé que la Karen podía estar siguiéndome con la mirada, pero era sólo una idea. Jara me contó lo que hizo desde que salimos de la oficina hasta entonces, un relato común de un hombre que se entretiene cambiando una camisa por una polera. Hablaba solo, como si omitiera el hecho de que estábamos ahí, los dos, donde nunca habíamos estado.

–No sé qué hago acá –dije, de pronto.

Jara consumía la mitad del cigarro de una bocanada.

–No deberías haber venido –me dijo.

–No es mi culpa.

–No creo –me dijo él.

Entonces Jara me puso una mano en la espalda y me miró, y me miró tan intenso que creí que ese momento iba a acabar en un beso o algo parecido. Entonces comenzó un relato, una historia breve pero llena de frases que transitaban en esos buenos años que siempre son años que ya pasaron, o años que ya no existen, o años
habitados por personas desaparecidas que mantienen el nombre y la cara pero ya no siguen ahí. Y esas personas o esas caras o esos nombres desaparecidos pasan por lugares

y por historias y por momentos lejanos que de una manera u otra llegaban a esta noche y se definían aquí.

–¿Entonces? le dije a Jara.

–Entonces, hueón –me dijo él con una prepotencia repentina– que si Olivos te quiere sacar la chucha, yo también lo tengo que hacer.

Sentí un deseo algo extraño, un poco de calor. Yo podría haber besado a Jara en ese momento. Nos quedamos un rato más afuera, pensando en las palabras o quizá sólo con la cabeza vacía. Muy probablemente borrachos y seguramente con frío. Después de un rato me dieron ganas de mear y le dije eso a Jara, o quizá no le dije nada.

Le pregunté qué iba a hacer él. Me dijo: entrar, supongo. Y caminamos hasta la puerta.

Los libros seguían en el mismo lugar, aunque ya no estaban ordenados por los colores sino por un criterio que sospechaba era el tamaño o la cantidad de páginas. Yo estaba buscando un libro gordo y azul que parecía haberse esfumado. Me pregunté si Olivos lo habría visto, si él acaso le sacaría los libros como yo. Qué habría pensado si lo hubiera visto. Quise saber si valdría la pena, si acaso
ese era un buen motivo.

Encontré el libro lejos del estante, bajo una lámpara. Estaba lleno de polvo. Era evidente que aún no lo leía, que ni siquiera lo había abierto. Ubiqué la última página y encontré mi letra triste y llorosa. “Julio durmió abrazado a este libro”, decía. Me di un golpe automático en el pecho, como un penitente azotándose en una misa.

Traté de cubrir el libro con el cuerpo de manera inútil. Le arranqué la página. Luego lo devolví a su lugar como si nada nunca hubiera pasado.

De pronto miré la hora. Eran casi las 7 y yo no entendía cómo había llegado ese momento. Olivos

estaba sentado en un sillón con la cabeza colgando como si

fuera una roca pesada. Aún quedaba gente y quizá ya nadie

se iba a ir. Jara iba y venía de todos lados y a todas partes.

Se mantenía lejos, me hablaba lo suficiente y me pedía

cigarros. Y la Karen, la Karen circulaba, bailaba, se caía.

Decidí irme, dije que me iba a ir. La Karen me

dirigió la palabra por primera vez en la noche y me dijo

que ya era tarde, que me podía quedar si quería, que no

había problema.

–No es tan tarde –le dije–. De hecho, es temprano.

Me acerqué a ella y le besé la mejilla. Olía a vino

tinto con cerveza. Ella me abrazó. –No hablamos en toda la noche –me dijo al oído.

–No te vi.

–Mentira.

–A veces miento –le dije yo. Y me solté de su cuerpo.

Olivos me abrió la puerta. Me di cuenta de que la Karen tenía razón, que al final sí éramos del mismo porte y hasta nos parecíamos un poco. Le estiré la mano y él la recibió. Quizás ese fue el error, quizá ahí comenzó todo o ahí acabó de terminarse. Olivos me tomó la mano y cerró sus dedos sobre ella. Se acercó a mí y me habló a milímetros de distancia. Su boca estaba tan cerca que casi podía saborear su saliva. Me salpicaba a la cara en cada palabra. De sus labios secos salía la Karen y salía yo y su lengua nos juntaba y nos enredaba de tal forma que parecía real.

Yo traté de alejarme, pero Olivos no me soltaba. Entonces lo empujé. La Karen se acercó y su boca se abrió en un diámetro insospechado, pero no escuché nada porque entonces vi que Jara venía también, caminando en cámara lenta, con una solemnidad de luces bajas y pelo sucio.

Y Jara traía la misma botella de hace unas horas, sólo que completamente vacía. Y esto ya es impreciso, pero podría asegurar que vi en la cara de Jara un dejo de resignación, una gota de pena. Jara levantó la botella por sobre la cabeza de Olivos, y por un segundo sonreí, pero fue sólo un segundo.







lunes, 22 de diciembre de 2014

ALEXIS FRITZ



Como todo lunes, Experimental Lunch lo dedica a la música y a la actualidad de los músicos de la región. En esta oportunidad, Patricio Zenteno, nuestro ágil reportero consiguió realizar una completa entrevista al cantautor independiente Alexis Fritz. En ella el músico nos habla sobre sus influencias, su propuesta y da una opinión certera sobre la actualidad de la música nacional. Cara Oculta es el primer EP de este extraordinario artista.




Entrevista realizada por Patricio Zenteno     













1. Como podrías definir tu música y cuales serian las raíces o influencias mas palpables de esta? Existe una visión o fuerzas implícitas en tu música?

Cuando comencé a experimentar con los sonidos y los silencios se me ocurrió decir que lo que yo propongo mas que nada es una experiencia sonora, siempre me gusto escuchar los sonidos del ambiente, incluso compre una grabadora digital y fabrique un micrófono para grabar en stereo. use algunas de esas tomas en algunos experimentos, tampoco soy de encasillarme en un estilo en particular porque mis influencias son variadas y eso inevitablemente se ve reflejado en el resultado final. yo hago lo que me va fluyendo en el momento y uso diferentes elementos como colores para pintar el aire, incuso mi voz juega como un elemento mas cuando no estoy cantando una letra. me gusta la experimentación y el cruce de estilos, electrónica y rock 

2.  Alexis podrías comentar cuales han sido los cambios o avances desde el 2011 hasta la fecha y como han afectado o incidido en tu propuesta? 

El principal cambio fue convertirme en solista y asumir toda la responsabilidad sobre mi propuesta musical, tanto en lo técnico como musical. En términos mas emocionales fue complicada la situación para mi porque me comprometo emocionalmente con los proyectos, algo así como generar una mística característica, además fue desprenderme del sueño de tener tu propia banda, lo bueno fue que mi decisión de seguir solo no afecto la relación con mis amigos y nos juntamos a tocar cada vez que se da la oportunidad. en cuanto a los avances yo diría que lo mejor fue que al tocar solo es mas fácil moverme a otras ciudades para difundir mi trabajo, lógicamente la energía que se genera al tocar con otros músicos en escena es diferente pero en términos prácticos da buenos resultados.

3. Que opinas del sistema actual y como crees que afecta a la creación artística?

Yo siento que hay oportunidades pero podrían multiplicarse por mucho mas con políticas que fueran mas enfocadas hacia el desarrollo integral de la ciudadanía, eso implicaría mayor inversión en cultura y por ende mas apoyo económico hacia la creación de nuevas oportunidades en cuanto a capacitación, estudios, becas, investigación, etc.

4. Que tipo de recursos técnicos o maquinaria son fundamentales para lograr tu propuesta?

Lo mio es definitivamente audiovisual, hice varias presentaciones en antofagasta en un local muy bien equipado y me permitió explorar en esa área así que en un futuro próximo espero poder desarrollar bien el concepto, también me preocupo mucho del sonido y como se adecua a los locales en los que tengo que tocar en cuanto a lo que yo uso para crear son básicamente sintetizadores, secuenciadores, emuladores o VST, guitarra eléctrica, guitarra electroacústica y lo que sea que se me vaya ocurriendo para adornar el silencio, tengo un par de cosas en las que use un cuenco tibetano para generar una textura.

5. Que opinas del canon musical actual y las bandas que tienen cobertura en los medios?

Siento que esta muy bien lo que esta pasando, en Chile hay muy buenos músicos y se están abriendo nuevas opciones en cuanto a estilos y propuestas, llevo al menos 30 años escuchando música y recuerdo que en otros tiempos la oferta era limitada, en cuanto a las bandas que tienen cobertura que bien por ellos que tienen esa oportunidad y que bueno para los que la saben aprovechar, yo ya me quisiera una oportunidad así, seria bueno que esas oportunidades pudieran ampliarse cada vez mas.

6. Donde visualizas tu propuesta en el mediano plazo?

Es difícil proyectar en estos tiempos en que todo es tan rápido y los esquemas tan flexibles, podríamos decir que en términos de cobertura en cualquier momento tu música puede ser escuchada en cualquier parte del mundo y abarcar mucha audiencia en poco tiempo. yo me proyecto internacionalmente o al menos en mi imaginación eso esta decretado así, en cuanto a los alcances eso solo sera limitado por los medios por los cuales tenga la oportunidad de mostrar mi trabajo, pienso que mi música no tiene nada que envidiarle a lo que esta sonando en las radios hoy en dia en cualquier parte del mundo, así que en ese aspecto estoy tranquilo, veo mi proyecto con buen augurio por la recepción que siento en cada presentación, y en cada par de oídos para los que he cantado. he vendido por mi propia cuenta 120 copias de mi primer disco autogestionado y en soundcloud ya voy por las 6000 reproducciones


7. En que lugares encontramos tu material o contacto para poder encontrarnos tu música?







8 Donde crees que viajara o se transportara el proyecto durante el 2015?



Durante el primer semestre estaré moviéndome en la zona central Serena, Valpo, Viña, Santiago e idealmente Concepción.





 LA CARA OCULTA



La Cara Oculta es el primer EP del cantautor independiente. 

Originalmente dado a conocer en Junio de 2013 en "Biblioteca Viva Antofagasta". 
Con tenía material inédito de corte esen -cialmente electrónico experimental, fue luego "re-armado" el año 2014 para su venta a un público más transversal. El disco de contenido ecléctico incluye 9 canciones seleccionadas del repertorio que el músico ha acumulado en sus 6 años de historia musical y conceptualiza las historias y vivencias narradas casi en perfecto orden cronológico. Destacan cortes como "Sueños", "Media Luna", "Viento de Septiembre" en una versión en vivo y "Sueño Infinito". Pronto estará disponible para descarga a través de Portal Disc.


Los dejamos con Sueno Infinito del gran Alexis Fritz