martes, 13 de mayo de 2014

ENTREVISTA ALEJANDRA COSTAMAGNA

En esta oportunidad, re-publicamos una entrevista que la revista SUBURBANO le hizo la escritora Alejandra Costamagna. Ella nació en 1970, en Santiago de Chile. Es escritora, periodista, licenciada en comunicación social y magíster en literatura. Es autora de las novelas En voz baja (1996, ganadora del Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral), Ciudadano en retiro (1998), Cansado ya del sol (2002) y Dile que no estoy (2007, finalista del Premio Planeta Casamérica). Ha publicado también los libros de cuentos Malas noches(2000), Últimos fuegos (2005), Naturalezas muertas (2010) y Animales domésticos (2011), y la antología de crónicas Cruce de peatones (2012).




¿Cómo te planteaste inicialmente escribir Animales domésticos? ¿Cuáles fueron las referencias a la hora de inspirarte? 


Los cuentos fueron escritos de manera dispersa durante los últimos cuatro o cinco años. Aunque puede que haya algún hilo previo por ahí. El grueso, en todo caso, coincide con un cambio de casa que me permitió desordenar y ordenar algunas imágenes sueltas. Inmediatamente antes de Animales domésticos había publicado la novela breve (o cuento largo)Naturalezas muertascon editorial Cuneta. Y creo que ambos libros son primos hermanos, porque ambos tantean los límites de las relaciones humanas y tratan de gente más o menos común y corriente; gente que no tiene grandes propósitos pero persevera; gente que se pasa rollos y que no siempre llega al lugar donde quiere llegar.

Estudiaste periodismo y un magíster en Literatura. Has sido profesora de la Escuela de periodismo en la Universidad de Chile. Además, has trabajado como columnista y cronista en las revistas Rocinante, Gatopardo, Letras Libres Interactivas y Rolling Stone, entre otros medios. ¿De qué modo las técnicas discursivas periodísticas se pueden utilizar en la ficción?

La escritura de ficción y la periodística se acercan a la realidad desde lugares distintos, pero a la larga ninguna de las dos es la realidad. Y eso las cruza. Pero el cruce tiene que ver más con la mirada que con los hechos. Desde dónde narro, qué elijo narrar, qué pongo en primer y en segundo plano, qué cosas omito, qué espacio le doy al detalle, en fin, qué distancia tomo en la escritura. Escribir para mí es hacerse preguntas todos los días. Y esas preguntas surgen no sólo de la memoria introspectiva o de la pulsión lectora, sino también del ejercicio de observar y escuchar lo que ocurre alrededor. De modo que periodismo y ficción son, por así decirlo, dos ramas de una misma disposición a estar en alerta.

Los personajes de los cuentos de Animales domésticos se encuentran en situaciones límites las cuáles pueden traducidas en conflictos existenciales. Puedes comentar algo de esto.

Es difícil responder esa pregunta, porque no es algo preconcebido. Tal vez tiene que ver con la precariedad vinculada con las relaciones afectivas, no lo sé. O con que me interesan más los grises que los blancos y negros. Los personajes de mis libros suelen ser tipas y tipos bastante normales. Pero la normalidad nunca es de una sola línea. Si levantamos las capas de lo ordinario (de lo visto como normal) es posible hallar filos extraordinarios. Siempre cito una frase de Chéjov que me parece muy apropiada para el caso. Se refiere a la necesidad de que en la obra (teatral o literaria) todo sea igual de complejo e igual de sencillo que en la vida real: “La gente está almorzando, almorzando nada más y entre tanto cuaja su felicidad o se desmorona su vida”. Lo decía muy bien la editora Andrea Palet en la presentación del libro: “(….) una aterradora determinación a recordarnos que la vida es así, llena de mierdecitas y problemas en sordina, de situaciones ridículas, de frustración en porciones, de tiempos muertos que no es cierto que estén muertos, de errores imperdonables, y de perros, gatos, pájaros”.

El multiperspectivismo es un recurso capital de las historias de Animales domésticos. En ellas nos permites ver desde la mirada, los pensamientos, los prejuicios, los miedos y las emociones de una gama de personajes que abarcan posiciones diversas y opuestas entre ellos. Háblanos de este aspecto de tu obra.

En general me resultan atractivos los diálogos escuchados en la calle, en el supermercado, en la micro, en la fila del banco. Me resulta atractivo el ajetreo diario. Y creo que en estos personajes hay algo de eso: de esas múltiples voces que andan dando vueltas por ahí, que amplían nuestros límites de lo posible y que de pronto captamos y nos detenemos en ellas. Aunque la conciencia (la inconsciencia, más bien) que las articule luego en escenas sea la mía. Creo que las perspectivas múltiples responden también a un alejamiento de la verdad única, cerrada, enteramente descifrable. No me interesa la objetividad (que por lo demás no existe), y menos en literatura.

En tu opinión, ¿qué condición noble de los animales le falta al ser humano?

Depende. Hay animales y animales. Del gato, que es el que tiene más presencia en este libro, rescataría la disposición permanente al ocio y el disfrute de la soledad.

El tema de la reencarnación es base del hinduismo y otras religiones. Según este concepto, cada persona vive varias vidas en un eterno ciclo de reencarnaciones. Si pudieras reencarnarte, ¿en qué animal te gustaría hacerlo?

En una tortuga. Aunque en realidad preferiría reencarnarme en un cactus: calladito, sin mayores necesidades, disfrutando el sol por los años de los años.

¿Qué podrías decirnos del taller de literatura que diriges? Nos gustaría que dieras algún consejo a los escritores que comienzan.

Me parece que el mejor consejo es no seguir ningún consejo al pie de la letra. La escritura es algo personal, íntimo, que no funciona para todos de la misma forma. Sí les diría que lean, lean, lean, mucho más que escriban. Pero eso se lo diría a todo el mundo. Veo el taller literario como espacio de intercambio, de ejercicio crítico, de lectura, de afinamiento y de ecualización de egos. El taller es una instancia de ejercitación: de práctica y disciplina, pero también de ensayo y error.

¿Qué han supuesto los premios y reconocimientos en tu carrera como escritora y cómo te están ayudando a crecer?

Los premios literarios son un estímulo, un aliciente. Y muchas veces funcionan también como la beca necesaria para materializar la escritura de un próximo libro. En mi caso el primer premio que tuve, que fue en los Juegos Literarios Gabriela Mistral con el manuscrito de En voz baja, me animó a publicar la novela y a seguir escribiendo. Sobre todo porque el presidente del jurado era alguien a quien yo respetaba y admiraba muchísimo como crítico y lector. Me refiero a Mariano Aguirre. Pero creo que los premios tienen mucho de azar también y responden a dinámicas que a veces escapan de lo literario.

¿Cómo ves la literatura actual chilena? ¿y en ella a tu generación con respecto a las anteriores?

Es difícil hablar de características comunes. Puede que eso, justamente, sea lo común: la heterogeneidad de miradas y registros. Desde las alegorías más o menos abstractas hasta la ficción testimonial hay un abanico muy amplio. Tal vez uno de los pocos puntos en común sea la ausencia de grandes relatos y el énfasis, en cambio, en ciertas épicas menores. Dentro de esta diversidad, a mí me interesan especialmente aquellas escrituras que se alejan de los discursos graves y en el camino van abriendo preguntas en vez de instalar respuestas. Los contextos de escritura de mi generación y de las anteriores son distintos, naturalmente, y eso genera puntos de vista, ritmos y hasta estructuras de lenguaje muy diferentes. Tal vez ahora hay una especie de memoria de la memoria que permite tomar distancia y probar, mezclar y sacudir con más arrojo ciertas convenciones.

¿Qué te gustaría como escritora poder escribir en un futuro? 

La historia de mis parientes lejanos proyectada en este presente inmediato.














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