lunes, 30 de junio de 2014

FOSFENO

La banda de esta semana viene desde el sur de nuestro pais, mas especificamente de una ciudad con tradicion rockera como Concepcion. Su nombre es Fosfeno y ha tenido gran repercusion en nuestro pais


entrevista extraida desde http://potq.cl/2008/06/23/fosfeno-y-su-rock-visual/






Hoy compartimos con uds la entrevista a la banda penquista fosfenO, una banda que desde un tiempo a esta parte no ha parado de presentarse en cuanto lugar le proponen. Una banda muy recomendable, que este sábado 29 se estará presentando en Sala Master en Santiago. Los dejamos invitados a la tocata y obviamente a leer esta excelente entrevista.



 Según Wikipedia "Fosfeno es un fenómeno entóptico, caracterizado por la sensación de ver manchas luminosas, causada por la estimulación mecánica, eléctrica o magnética de la retina o corteza visual. Un ejemplo de fosfeno son los patrones luminosos que se ven al frotar los párpados con bastante presión." Queda claro el por qué del nombre, sin embargo nos gustaría saber cómo llegaron a él y cómo se les ocurrió, porque no siempre una banda da en el callo con un nombre que refleje tan fielmente su estilo musical?

fosfenO: A nosotros siempre nos ha interesado mucho el rollo psicológico, y cómo el entorno afecta la psiquis, y todo lo ligado a ello , ya sea fenómenos sensoriales o estados alterados de la mente. Es así como investigando llegamos al termino fosfenO que es un término que da para mucho, pues además de tener un significado referido a un fenómeno luminoso sin una fuente lumínica real, está ligado a efectos que se producen al interior de nuestro cerebro producto de estímulos lumínicos; esto es lo que se conoce como fosfenismo (que estudia la transformación de energía lumínica en energía mental) http://www.myspace.com/fosfenismo (*)
(*) (en este myspace aparece alguna información del tema y lados B de nuestro grupo)

También pueden leer sobre el fosfenismo en: 

El concepto del fosfenismo y sus alcances nos gustó mucho y esto lo asociamos a nuestra música con la idea de producir estados mentales diversos en las personas que la escuchan, por eso la denominamos como Post Rock Somático, pues invitamos al oyente, así como los fosfenO (que convierten energía lumínica en mental), a transformar ondas y vibraciones acústicas (música) en energía y estados mentales y emocionales.


 Lisérgico, experimental, atmosférico son algunas palabras que servirían para expresar la música de Fosfeno ¿qué otros adjetivos utilizarían para definir a la banda?

fosfenO: Ruidosos, Frágil, Rugientes, Autistas, Tímidos, Experimentales, Masoquistas… ciertamente estamos un poco locos.

 Da la impresión de que a la hora de componer dejan mucho espacio a la improvisación, aspecto que luego, me imagino, se debe trabajar bastante para concretarlo en una canción definitiva porque se denota un esfuerzo en el arreglo musical ¿cómo es el trabajo compositivo que efectúan?

fosfenO: Generalmente, partimos de una estructura compositiva que alguno de los integrantes del grupo trae al ensayo y sobre esta empezamos a desarrollar paisajes de sonido, salpicamos ruidos, atmósferas, bases rítmicas y melodías en las cuales improvisamos y jugamos con las disonancias, con los efectos y nuevas formas de usar los instrumentos.

Trabajamos sobre esa estructura como un lienzo en el cual pintamos estados de ánimo que queremos transmitir, lo que acompañamos, en algunos casos, de letras que son hechas ya sea paralelamente con la canción o bien cuando la canción ya está terminada con sus arreglos para inspirarse en ella y crear una letra o idea vocal.




 Fosfeno tiene un sonido complejo que pareciera ser heredero de bandas que no siempre provienen del mismo estilo; así como se pueden notar influencias de Godspeed You! Black Emperor, Mogway, Congelador y Slint, también por ahí hay un claro aprendizaje de Sonic Youth e incluso me atrevería a decir que Johnny Greenwood ha influenciado su cuota en ciertas guitarras de la banda ¿Cuáles son los grupos que más han inspirado el sonido de la banda y cuáles son aquellos que siendo radicalmente opuestos a la música que ustedes hacen también los han influenciado como músicos?

fosfenO: En el grupo cada integrante escucha gran diversidad de música. Lo que creamos es algo que nos sale natural, es el ritmo natural de nuestros somas, de nuestros ritmos internos que son bastante pegados, podemos estar 20 minutos tocando una canción con dos ó tres notas, pero que con los arreglos desarrollados sobre ella pareciera que está conformada por una gran gama de notas y tiempos. Y ciertamente tenemos grupos que nos gustan mucho y nos llevan en la búsqueda de nuevas experiencias sonoras como lo son Godspeed You! Black Emperor, Mogwai, Explosions in The Sky, Mono, Arvo Part, Radiohead, Sonic Youth, Sunny Day Real Estate, Russian Futurist, Stafraen Hakon, Boo Radleys, Yo la tengo, Cocteau Twins, The Cure, Catherine Wheel, Kent, Velvet Underground, My Bloody Valentine y música que también nos ha influenciado y de la cual comenzaremos a integrar elementos sería el folclor y las creaciones de Violeta Parra, sonidos más étnicos como los de Subira, Dead Can Dance, también algo de Porcupine Tree y Pixies. También escuchamos mucha música clásica.

Tres discos con los que estamos rayando últimamente son el "Lapsed" de Bardo Pond, "Learning to Walk" de los Boo Radleys y The Eraser de "Thom Yorke",

No he tenido la oportunidad de verlos en vivo, pero por lo que he sabido le dan mucha importancia a la utilización de aspectos audiovisuales, cuéntennos un poco de eso y ¿qué es lo que buscan transmitir en sus shows?

fosfenO: Justamente, usamos mucho la proyección de imágenes y el juego de luces para apoyar nuestros show y nuestra música, apelando al efecto del fosfenismos, mostramos imágenes y colores que van variando en ritmo y pulsaciones que a veces van muy relacionados con la música con la finalidad de crear emociones y sensaciones en el público. Nos preocupamos para cada show según el setlist que presentemos de ajustar ciertas imágenes y crear un concepto audiovisual que acompañe la música. Es un trabajo arduo pero muy satisfactorio al ver los resultados de música e imágenes.

Hoy en día estamos trabajando en este proyecto que hemos llamado "Imágenes Sonoras: La Otra Música", que justamente comienza su ciclo de presentaciones este Sábado 29 de Marzo en Sala Master y que continuará en fechas próximas en Club Mist, en el Living, Centro Cultural España, Batuta, y también en regiones. En él, cada banda que toca, debe presentarse acompañados de imágenes que reflejen estados de ánimo y produzcan efecto sobre la persona que escucha.

 La voz en Fosfeno es casi un instrumento más, algo que no sobresale autoritariamente del resto, sin embargo hay letras que dicen algo. Teniendo una música con un mensaje tan direccional ¿cómo se trabajan las letras?

fosfenO: Siempre las letras de fosfenO han sido bastante oníricas y poéticas, basado en un mensaje relacionado a estados mentales, pero por la misma forma de tratamiento de la lírica, en algunos casos queda abierta a la interpretación de la persona que la escucha. A pesar de que la música se torna protagónica, tratamos de que el mensaje lírico sea atendido y tenga un sentido junto a la música.

Hasta hace un tiempo las letras las traía el anterior vocalista, pero ahora con el cambio de vocalista estamos trabajando las letras de una manera más libre y grupal, concadenando la letra en la mayoría de las veces al momento de componer la música. Para aprovechar la sensación que en nosotros produce ésta y sacar esa sensación en ideas que luego se transforman en letras.

Tienen los discos Olmos 1184 (2005 Aullido Records) y Arousal (2007 Aullido Records) ¿tienen proyectado de entrar luego a la sala de grabación?

fosfenO: Tenemos dos proyectos de grabación en carpeta, que esperamos cumplir en sus tiempos de realización, grabación y edición. El primero es un Ep que llamaremos "4 estaciones" que crearemos en base a lo que nos inspiran determinadas estaciones del metro y su entorno, y Santiago en sí, que es una ciudad nueva para nosotros.

El segundo proyecto es un tercer disco (nuestro segundo Lp), que esperamos tener listo para el último trimestre de este año. En el trabajaremos melodías más sutiles, con pasajes muy cristalinos e incorporando nuevos elementos a nuestra música, queremos realizar una transmutación de fosfenO. 

¿Qué proyecciones tienen a futuro con Fosfeno?

fosfenO: Si bien el futuro no está escrito, nosotros queremos escribir el nuestro y transmutar a fosfenO, mantener su esencia, pero agregar nuevos elementos sonoros a su música. Queremos completar durante este año nuestros proyectos, el de imágenes sonoras, el ep y nuestro disco. Poder terminar el video que desde hace un tiempo se está trabajando. Perfeccionarnos en nuestra música. Seguir buscan y creando espacios. Y dar una que otra sorpresa en un tiempo más.

 Ustedes son de Concepción pero llevan viviendo en Santiago desde marzo de 2007 ¿por qué decidieron venirse a la capital y cómo les ha ido?

fosfenO: Un 29 de Marzo de 2007 llegamos desde Concepción; nos bajamos del bus y subimos de inmediato a un escenario, eso fue en Bar Uno, llegamos a tocar y no hemos dejado de hacerlo.

Nos vinimos pues, en Concepción, ya nos estábamos sintiendo un poco encerrados. Habíamos tocado, más de una vez, en todos los lugares donde se pudiera parar una banda y queríamos extender nuestra expectativas, además el sello en el que estamos es de Santiago y grabar el disco implicaba constantes viajes, queríamos darle más oportunidades a nuestra música. Es por eso que decidimos emigrar a Santiago, y buscar nuestro futuro.

Consideramos que nos ha ido bastante bien, Santiago ha sido benevolente con nosotros, no hemos parado de tocar ningún mes, incluso hay meses en que tocamos todos los fin de semana, hemos conocido a excelentes personas que ahora son nuestros amigos. Hemos tenido buenos comentarios de nuestras presentaciones y nuestro disco. Generamos una red de contactos bastante amplia y contamos con el apoyo de gente que se ha ido involucrando con nosotros en el camino y a quienes les ha gustado nuestra propuesta. Para llevar un año no está mal…Ha sido una experiencia positiva.

Un par de amigas tenían la teoría de que, haciendo un símil con Inglaterra, en Concepción había tanta banda musical debido a las condiciones climáticas que los obligan a estar más encerrados, sin embargo tampoco se trata de Punta Arenas ni nada tan drástico ¿cuál creen ustedes que es el misterio que hay detrás de tanta productividad en la octava región?

fosfenO: Hay todo un mito que rodea a la creación artística, en este caso musical, en Concepción. Esto viene de fines de los 80′s en que comenzó un boom musical en Concepción, y la posterior llegada de los Tres a Santiago y su merecido éxito que permitió que otras bandas penquistas fueran conocidas y tuvieran gran importancia en la escena nacional, como Emociones Clandestinas, Machuca, Santos Dumont, Contradicción, Hades Inc., y en épocas más cercanas los Bunkers y De Saloon como los grupos más conocidos, aunque debajo hay una gran actividad de grupos con muchas y nuevas ideas. También ayudó a este mito la frase que acuño Carlos Cabezas al decir "Que Concepción era el Manchester de Chile". ¡Pero si hasta corría el rumor que Syd Barret vivía en Chiguayante (una de las comuna de Concepción)!.Y, si bien es cierto, Concepción es una ciudad rica en cultura musical, en personas que gustan de aprender y estudiar la música y llueve 9 meses al año, no es muy distinta a otras ciudades del sur como Valdivia, que también tiene lluvia, música, universidades y un río que la bordea.

Concepción, eso sí, se destaca por ser una ciudad con muchas tendencias musicales, lo cual a simple vista no se nota pues existen tendencias muy marcadas que ocupan mucho los pocos espacios disponibles, pero hay muchas ideas nuevas, mucha sangre nueva que está mostrando nuevos conceptos o reinventando viejas ideas. Además, quizás juegue en esto del misterio o mito más que el clima, una cierta sensación de depresión que subyace en la gente y en la ciudad misma, que incluso se observa en su arquitectura en las formas de la ciudad y todo ello genera en la juventud la necesidad de expresarse tomando un instrumento y gritarle al mundo que algo no anda bien y decir a los cuatro puntos cardinales "Date cuenta que estoy Vivo!!!"




Los dejamos con gaviotas y amparax











domingo, 29 de junio de 2014

PETER DOIG

Como todos los domingos, recordamos el trabajo de grandes artistas de la actualidad. El elegido de hoy es el escoces Peter Doig. Nacido en Edimburgo, trabaja desde hace mucho en trinidad





















sábado, 28 de junio de 2014

BUQUE

Priscila Ugalde nos vuelve a presentar uno de sus trabajos. Esta vez el elegido es Buque, excelente poema, absolutamente lo recomendamos 
















Se pierden las líneas de la dulzura,

los puñales atraviesan los corazones impertérritos,

y yo viajo por tu vía láctea buscando los escondites cósmicos que 

nos unen en esta travesía.

De todas las armonías del universo,

las tuyas se me pierden en estas cavilaciones desenfrenadas de un 

mundo venidero y caótico.

Me lío en tus cabellos y me pierdo como un poeta desengañado y 

moribundo que busca el abrigo de las estrellas como consuelo para 

el desamparo de la soledad,

navego por tus pensamientos y en tu conciencia me hundo 

sacrificando mi desconsuelo.

Si alguna vez he de mirar los suelos cercanos,

permite que los campos vomiten tu nombre errante. Que el poder 

del hastío me sacuda y regrese a tus redes,

y te me vuelvas a enmarañar como si fueras una política sangrienta 

que envuelva mi regazo hasta hacerme parir el desengaño.

Porque soy esta mujer cansada,

que se revuelca en la levadura de un mundo austero,

lleno de inmundicia y desesperación,

porque quise sacarte de mi piel y de cada uno de sus recovecos 

para no verte,

ni saber de la existencia de este buque que cala y recala en este 

corazón olvidado.





viernes, 27 de junio de 2014

EL BREAKDOWN, EL MONSTRUO Y UNO MISMO

Este viernes tenemos el agrado de presentar a un escritor y columnista paraguayo. Se hace llamar Julian Sorel Y actualmente esta escribiendo para un Suplemento Cultural del diario ABC (el más leído e importante del Paraguay). Hoy los dejamos con EL BREAKDOWN, EL MONSTRUO Y UNO MISMO









EN LOS OCHENTA SUCEDIÓ ALGO RARO

Que en los ochenta le sucedió a Panero algo raro y definitivo (no sabemos qué) lo decimos, entre otras cosas, por este testimonio de Luis Antonio de Villena: “Era un chico raro”, pero “normal en lo demás: culto, no mal parecido, desequilibrado por la bebida o la grifa pero también porque algunos de sus modelos culturales tenían que ver con el malditismo”. “Para mí el último gran libro poético de Leopoldo fue Narciso en el acorde último de las flautas (1980). O quizás un librito un tanto clasicista, Dióscuros, de 1982”. Y aquí está lo raro: “Entonces”, sigue Villena, “hizo un viaje a París y volvió cambiado. El breakdown había sido muy fuerte: olía mal y mojaba croissants en el arroyo”.

“Dicen”, señala, “que su madre autorizó a que lo llevaran al psiquiátrico de Ciempozuelos en Madrid. Creo que era 1983. Desde entonces empezó su destrucción...”. Y algo duro (uno prefiere la piadosa idealización de la locura): “Fue lentamente deviniendo un monstruo fruto de la enfermedad más que del aparente malditismo”. Y concluye Villena: “Creo que el ‘monstruo’ final, muy desdichado, vale menos que el joven atrevido y procaz del inicio. Leopoldo es un grande, pero no por su biografía, ni mucho menos”.

QUEDA LO MÁS REAL

En 1974, en El desencanto, su viuda y sus hijos hablan del poeta Leopoldo Panero. Luego uno de los hijos, Leopoldo María, se roba el filme. Habla el Leopoldo María creado por Leopoldo María; los otros aprueban o discuten; Chávarri corta y edita; nosotros vemos y juzgamos: no es una visión directa de lo real: es un montaje. Ellos actúan, el director edita, uno juzga. Y queda lo más real, el Leopoldo María personaje, el héroe de la locura, el maldito, el quijote nacido en esa soledad que es la familia.

En El desencanto, Felicidad Blanc, Juan Luis, Leopoldo María y Michi parecen vivir de recuerdos, a veces inventados, en un clima de espejismos. Los tres hijos son afectados. Todos hablan de todos sin ocultar su asco por los otros. A nadie parecen importarle los insultos. La madre es elegante, culta, hasta bella, en su vejez, y falsamente inocua. Juan Luis, muy pedante, apartado del resto, está clarísimo que no los puede ni ver, que sobrevive a base de alcohol (tradición familiar) y de mitos personales. Michi, falsamente inocente, algo hipócrita, es el que se lava las manos y sin duda es el más sano mentalmente, aunque represente un papel de locura y extravagancia.

Leopoldo María llega a mitad del rodaje. En gran medida por él, ese drama privado, de familia, se vuelve universal, un áspero análisis del alma, que angustia y entristece oscuramente. El poeta por antonomasia de esa familia de poetas, el cerebro por antonomasia de esa familia de intelectuales, el fin de una estirpe que tal vez haya existido solo para gestarlo a él, con su obra justifica las vidas y las fallidas tentativas artísticas y literarias de los suyos. Redención de la estirpe, mejor fruto de su sangre, hace que esas vidas y obras, en sí mismas incompletas, por haber llevado a él, cobren sentido retrospectivamente. Con su fin en marzo de este año muere esa estirpe y nace la posteridad de sus poemas.

EL MONSTRUO Y UNO MISMO

Volviendo a lo que Villena llamó su breakdown, sito en algún lugar de los ochenta, la metamorfosis de Panero esconde e indica ese enigma que su testigo señala. La decadencia de Panero, si se observan los retratos fotográficos que quedan de él a lo largo de sus sesenta y cinco años de vida, es más que decadencia. Es como si hubiera mutado. La obra y la vida de Panero, de Leopoldo María Panero –Panero a secas en adelante, el Panero por excelencia de un linaje de Paneros más o menos notables todos–, su cara destrozada, su degradación física, la destrucción de su belleza, niega todas las posibles aspiraciones de bienestar de cualquier sociedad decente. Esa imagen material, como las imágenes verbales de sus poemas, trastorna todos los sistemas de valores estéticos y éticos posibles, que suponen oposiciones, dicotomías, jerarquías, exclusiones de segmentos de la realidad, humana y no humana, y cuestiona así las fronteras que separan lo horrible de lo hermoso, lo bueno de lo malo, al prójimo del monstruo, al monstruo de uno mismo.





jueves, 26 de junio de 2014

YOYITA MARGARITA


Como todos los jueves, dedicamos nuestro blog al trabajo visual o fotografico de algun artista consagrado o emergente. En esta ocasion, tenemos el agrado de presentar algo del trabajo de Yoyita Margarita, que nos vuelve a deleitar con sus dibujos






























miércoles, 25 de junio de 2014

LA MAR CAMBIA


En esta oportunidad tenemos el agrado de recordar uno, en mi opinion, de los mas brillantes cuentos de Hemingway, se llama La Mar Cambia. Aqui se puede advertir claramente su estilo narrativo en donde el tema central queda en secreto, 






Está bien -dijo el hombre-. ¿Qué decidiste?

-No -dijo la muchacha-. No puedo.

-¿Querrás decir que no quieres?

-No puedo. Eso es lo que quiero decir.

-No quieres.

-Bueno -dijo ella-. Arregla las cosas como quieras.

-No arreglo las cosas como quiero, pero, ¡por Dios que me gustaría hacerlo!

-Lo hiciste durante mucho tiempo.

Era temprano y no había nadie en el café con excepción del cantinero y los dos jóvenes que se hallaban sentados en una mesa del rincón. Terminaba el verano y los dos estaban tostados por el sol, de modo que parecían fuera de lugar en París. La joven llevaba un vestido escocés de lana; su cutis era de un moreno suave; sus cabellos rubios y cortos crecían dejando al descubierto una hermosa frente. El hombre la miraba.

-¡La voy a matar! -dijo él.

-Por favor, no lo hagas -dijo ella. Tenía bellas manos y el hombre las miraba. Eran delgadas, morenas y muy hermosas.

-Lo voy a hacer. ¡Te juro por Dios que lo voy a hacer!

-No te va a hacer feliz.

-¿No podías haber caído en otra cosa? ¿No te podrías haber metido en un lío de otra naturaleza?

-Parece que no -dijo la joven-. ¿Qué vas a hacer ahora?

-Ya te lo he dicho.

-No; quiero decir, ¿qué vas a hacer, realmente?

-No sé -dijo él-. Ella lo miró y alargó una mano-. ¡Pobre Phil! -dijo.

El hombre le miró las manos, pero no las tocó.

-No, gracias -declaró.

-¿No te hace ningún bien saber que lo lamento?

-No.

-¿Ni decirte cómo?

-Prefiero no saberlo.

-Te quiera mucho.

-Sí; y esto lo prueba.

-Lo siento -dijo ella-; si no lo entiendes ...

-Lo entiendo. Eso es lo malo. Lo entiendo.

-¿Sí? -preguntó ella-. ¿Y eso lo hace peor?

-Es claro -la miró-. Lo entenderé siempre. Todos los días y todas las noches. Especialmente por la noche. Lo entenderé. No tienes necesidad de preocuparte.

-Lo siento...

-Si fuera un hombre...

-No digas eso. No podría ser un hombre. Tú lo sabes. ¿No tienes confianza en mí?

-¡Confiar en ti! Es gracioso. ¡Confiar en ti! Es realmente gracioso.

-Lo lamento. Parece que eso es todo lo que pudiera decir. Pero cuando nos entendemos, no vale la pena pretender que hacemos lo contrario.

-No, supongo que no.





-Volveré, si quieres.

-No; no quiero.

Después no dijeron nada por un largo rato.

-¿No crees que te quiero, no es cierto? -preguntó la joven.

-No hablemos de tonterías.

-Realmente, ¿no crees que te quiero?

-¿Por qué no lo pruebas?

-Haces mal en hablar así. Nunca me pediste que probara nada. No eres cortés.

-Eres una mujer extraña.

-Tú no. Eres un hombre magnífico y me destroza el corazón irme y dejarte...

-Tienes que hacerlo, :por supuesto.

-Sí -dijo ella-. Tengo que hacerlo, y tú lo sabes.

Él no dijo nada. Ella lo miró y extendió la mano nuevamente. El cantinero se hallaba en el extremo opuesto del café. Tenía el rostro blanco y también era blanca su chaqueta. Conocía a los dos y pensaba que formaban una hermosa pareja. Había visto romper a muchas parejas y formarse nuevas parejas, que no eran ya tan hermosas. Pero no estaba pensando en eso, sino en un caballo. Un cuarto de hora más tarde podría enviar a alguien enfrente para saber si el caballo había ganado.

-¿No puedes ser bueno conmigo y dejarme ir? -preguntó la joven.

-¿Qué crees que voy a hacer?

Entraron dos personas y se dirigieron al mostrador.

-Sí, señor -dijo el cantinero y atendió a los clientes.

-¿Puedes perdonarme? ¿Cuándo lo supiste? -preguntó la muchacha.

-No.

-¿No crees que las cosas que tuvimos y que hicimos pueden influir en nuestra comprensión?

-"El vicio es un monstruo de tan horrible semblante -dijo el joven con amargura- que... -no podía recordar las palabras-. No puedo recordar la frase -dijo.

-No digamos vicio. Eso no es muy cortés.

-Perversión -dijo él.

-¡James! -uno de los clientes se dirigió al cantinero-. Estás :muy bien.

-También usted está muy bien, señor -replicó al cantinero.

-¡Viejo James! -dijo el otro cliente-. Estás un poco más gordo.

-Es terrible la manera como uno se pone -contestó el cantinero.

-No dejes de poner el coñac, James -advirtió el primer cliente.

-No. Confíe usted en mí.

Los dos que se hallaban en el bar miraron a los que se encontraban en la mesa y después volvieron a mirar al cantinero. Por la posición en que se encontraban les resultaba más cómodo mirar al encargado del bar.

-Creo que sería mejor que no emplearas palabras como esa -dijo la muchacha-. No hay ninguna necesidad de decirlas.

-¿Cómo quieres que lo llame?

-No tienes necesidad de ponerle nombre.

-Así se llama.

No -dijo ella-. Estamos hechos de toda clase de cosas. Debieras saberlo. Tú usaste muchas veces esa frase.

-No tienes necesidad de decirlo ahora.

-Lo digo porque así te lo vas a explicar mejor.

-Está bien -dijo él-. ¡Está bien!

-Dices que eso está muy mal. Lo sé; está muy mal. Pero volveré. Te he dicho que volveré. Y volveré en seguida.

-No; no lo harás.

-Volveré.

-No lo harás. A mí, por lo menos.

-Ya lo verás.

-Sí -dijo él-. Eso es lo infernal, que probablemente quieras volver.

-Por supuesto que lo voy a hacer.

-Ándate, entonces.

-¿Lo dices en serio? -no podía creerle, pero su voz sonaba feliz.

-¡Ándate! -dijo el hombre. Su voz le sonaba extraña. Estaba mirándola. Miraba la forma de su boca, la curva de sus mejillas y sus pómulos; sus ojos y la manera cómo crecía el cabello sobre su frente. Luego el borde de las orejas, que se veían bajo el pelo y el cuello.

-¿En serio? ¡Oh! ¡Eres bueno! ¡Eres demasiado bueno conmigo!

-Y cuando vuelvas me lo cuentas todo -su voz le sonaba muy extraña. No la reconocía. Ella lo miró rápidamente. Él se había decidido.

-¿Quieres que me vaya? -preguntó ella con seriedad.

-Sí -dijo él duramente-. En seguida. -Su voz no era la misma. Tenía la boca muy seca-. Ahora -dijo.

Ella se levantó y salió de prisa. No se volvió para mirarlo. Él no era el mismo hombre que antes de decirle que se fuera. Se levantó de la mesa, tomó los dos boletos de consumición y se dirigió al mostrador.

-Soy un hombre distinto, James -dijo al cantinero-. Ves en mí a un hombre completamente distinto

-Sí, señor -dijo James.

-El vicio -dijo el joven tostado- es algo muy extraño, James. -Miró hacia afuera. La vio alejarse por la calle. Al mirarse al espejo vio que realmente era un hombre distinto. Los otros dos que se hallaban acodados en el mostrador del bar se hicieron a un lado para dejarle sitio.

-Tiene usted mucha razón, señor -declaró Jame,.

Los otros dos se separaron un poco más de él, para que se sintiera cómodo. El joven se vio en el espejo que se hallaba detrás del mostrador.

-He dicho que soy un hombre distinto, James -dijo. Y al mirarse al espejo vio que era completamente cierto.

-Tiene usted muy buen aspecto, señor -dijo James-. Debe haber pasado un verano magnífico.







martes, 24 de junio de 2014

ENTREVISTA A ERNEST HEMINGWAY

Esta famosa entrevista a Ernest Hemingway, y de la cual ofrecemos un fragmento, fue realizada por George Plimton y publicada originalmente en la revista The Paris Review en 1958.




-¿Le resultan placenteras las horas dedicadas al proceso de la escritura? ¿Podría decirnos algo de ese proceso? ¿Cuándo trabaja usted? ¿Mantiene un horario rígido?

-Me resulta muy placenteras. Cuando trabajo en un libro o en un relato escribo cada mañana, en cuanto haya luz. A esa hora nadie molesta y está fre3sco o frío, y uno se pone a trabajar y se caldea a medida que escribe. Uno lee lo que ha escrito, y como siempre se interrumpe cuando sabe qué es lo que va a ocurrir a continuación. Uno sigue a partir de ese punto. Uno escribe hasta llegar a un lugar en el que todavía le queda resto y sabe lo que ocurrirá a continuación, y allí uno se interrumpe y trata de vivir hasta el día siguiente para volver a seguir con eso. Uno ha empezado, digamos, a la seis de la mañana. Y puede seguir hasta el mediodía o dejar antes. Cuando uno se detiene está vacío, y al mismo tiempo no vacío sino llenándose como cuando ha hecho el amor con alguien a quien ama. Nada puede dañarlo, nada puede ocurrir, nada significa nada hasta el día siguiente, cuando uno vuelve al trabajo. Lo difícil es la espera hasta el día siguiente.

-¿Puede quitarse de la cabeza el proyecto al que está entregado cuando está lejos de la máquina de escribir?

-Por supuesto. Pero para eso hace falta disciplina y esa disciplina se adquiere.

-¿Hace alguna revisión o alguna reescritura cuando lee hasta el lugar en el que se interrumpió el día anterior? ¿O las revisiones vienen más tarde, cuando todo el trabajo está terminado?

-Todos los días reescribo hasta el punto en que dejé el día anterior. Cundo todo está terminado, naturalmente lo reviso. Así se tiene otra oportunidad de corregir y reescribir cuando otra persona lo mecanografía, y uno ve el material más prolijo. La última oportunidad son las pruebas. Uno agradece todas esas chances.

-¿Reescribe mucho?

-Depende. Reescribí el final de Adiós a las armas, la última página, treinta y nueve veces antes de quedar satisfecho.

-¿Había allí algún problema técnico? ¿Qué era ,o que lo obstaculizaba?

-Buscaba las palabras adecuadas.

-Thornton Wilder habla de recursos mnémicos que ponen en marcha el día de trabajo de un escritor. Dice que una vez usted le dijo que les sacaba punta a veinte lápices.

-Creo que nunca tuve veinte lápices a la vez. Gastar la punta de siete lápices número 2 es un buen día de trabajo.

-¿Cuáles lugares le resultaron más provechosos para trabajar? El hotel Ambos Mundos parece haber sido uno, a juzgar por la cantidad de libros que usted escribió allí. ¿O el ambiente no ejerce demasiada influencia sobre su trabajo?

- El Ambos Mundos de La Habana era un muy buen lugar para trabajar. Esta finca es un lugar espléndido, o lo fue. Pero siempre he trabajado bien en todas partes. Quiero decir que he podido trabajar tan bien como puedo en distintas circunstancias. El teléfono y los visitantes son los que destruyen el trabajo.

-¿La estabilidad emocional es necesaria para escribir bien? Una vez me dijo que sólo podía escribir bien cuando estaba enamorado. ¿Podría explayarse más sobre el tema?

-Qué pregunta! Pero lo felicito por el intento. Uno puede trabajar en cualquier momento si la gente lo deja tranquilo y nadie interrumpe. O más bien, si uno puede ser despiadado con los demás. Pero la mejor escritura se produce, por cierto, cuando uno está enamorado. Si a usted le da lo mismo, prefiero no explayarme sobre el tema.

-¿Y qué ocurre con la seguridad económica? ¿Puede hacer daño a una buena escritura?

-Si llega temprano en la vida y uno ama la vida tanto como el trabajo, hace falta mucho carácter para resistir las tentaciones. Una vez que la escritura se ha convertido en el mayor vicio de uno, en el mayor placer, sólo la muerte puede interrumpirla. La seguridad económica es entonces una gran ayuda, ya que evita preocupaciones. Las preocupaciones destruyen la capacidad de escribir.

-¿Puede recordar exactamente el momento en que decidió convertirse en escritor?

-No, siempre quise ser escritor.

-Cuando escribe, ¿alguna vez descubre que está influido por lo que está leyendo en ese momento?

-No desde que Joyce estaba escribiendo Ulises. La de él no fue una influencia directa. Pero en esa época en que las palabras que conocíamos estaban prohibidas para nosotros y teníamos que luchar por una sola palabra, la influencia de su obra fue lo que cambió todo y nos hizo posible romper con las restricciones.

-¿Pudo aprender algo de los escritores, algo sobre la escritura? Ayer me decía usted que Joyce, por ejemplo, no soportaba hablar sobre la escritura.

. -En compañía de gente del mismo oficio, uno habitualmente habla de los libros de otros escritores. Cuanto mejor sea un escritor, tanto menos hablará de lo que él mismo ha escrito. Joyce era un escritor muy grande y sólo les explicaba lo que estaba haciendo a los tontos. Los escritores que él verdaderamente respetaba supuestamente eran capaces de darse cuenta de lo que él estaba haciendo, simplemente leyéndolo.

-Durante los últimos años usted parece haber eludido la compañía de los escritores. ¿Por qué?

-Eso es más complicado. Cuanto más lejos va uno con la escritura, tanto más solo está. Casi todos los viejos amigos, los mejores, mueren. Otros se alejan. Uno no los ve más que raramente, pero uno escribe y tiene con ellos casi el mismo contacto que tenía cuando se encontraba con ellos en el café, en los viejos tiempos. Uno intercambia cartas cómicas, a veces alegremente obscenas e irresponsables, y eso es casi tan bueno como charlar. Pero uno está más solo porque así es como debe trabajar y el tiempo para trabajar se acorta todo el tiempo y si uno lo malgasta siente que ha cometido un pecado para el cual no hay perdón.

-¿Podría decirnos cuánto esfuerzo deliberado invirtió en el desarrollo de su estilo distintivo?

-Esa es una pregunta extensa y cansadora, y si uno se pasara un par de días respondiéndola, se sentiría tan autoconsciente que ya no podría escribir. Podría decir que lo que los amateurs llaman un estilo suele ser tan sólo la inevitable torpeza de alguien que intenta por primera vez hacer algo que no se ha hecho antes. Casi ningún nuevo clásico se parece a otros clásicos previos. Al principio la gente sólo ve la torpeza. Después la torpeza ya no es tan perceptible. Cuando aparece, la gente piensa que esas muestras de torpeza son el estilo y muchos las copian. Eso es lamentable.

-Usted me escribió una vez que las simples circunstancias en las que fueron escritas diversas obras de su ficción podían resultar instructivas. ¿Podría aplicarse eso a Los asesinos -usted dijo que lo había escrito, junto con Diez indios y Hoy es viernes, todo en un solo día- y tal vez también a su primera novela Fiesta?

-Veamos. Empecé Fiesta en Valencia, el día de mi cumpleaños, el 21 de julio. Mi esposa Hadley y yo habíamos ido a Valencia con tiempo para conseguir buenas entradas para la feria, que empezaba el 24 de julio. Toda la gente de mi edad ya había escrito una novela, y yo todavía tenía dificultades para escribir un párrafo. Así que empecé el libro el día de mi cumpleaños, lo escribí durante la feria, a la mañana, en la cama, y fui a Madrid y seguí escribiéndolo allí. En Madrid no había feria, así que teníamos una habitación con una mesa y yo escribía con gran lujo en esa mesa, y a la vuelta de la esquina del hotel, en una cervecería del Pasaje Alvarez, donde estaba más fresco.Finalmente se puso muy caluroso para escribir y nos fuimos a Hendaya. Allí había un hotel barato, sobre esa enorme y larga playa solitaria, y trabajé muy bien, y después fuimos a París y terminé la primera versión en el departamento que estaba sobre el aserradero, en el 113 de la calle Notre-Dame-des-Champs, seis semanas después del día que lo había empezado .Le mostré la primera versión a Nathan Asch, el novelista, quien entonces tenía un acento muy marcado, y él me dijo: Hem, ¿qué quieres decir con que has escrito una novela? Una novela, oh. Hem, eso será un libro de viaje. Nathan no me desalentó demasiado, y reescribí el libro, conservando lo de viaje (era la parte sobre la excursión de pesca y Pamplona), en Schruns, en el Voralberg, en el hotel Taube. Los relatos que usted mencionó los escribí en un día, el 16 de mayo, en Madrid, cuando la nieve suspendió las lidias de toros de San Isidro. Primero escribí Los asesinos, algo que había intentado escribir antes y no lo había logrado. Después, tras el almuerzo, me metí en la cama para mantenerme abrigado y escribí Hoy es viernes. Tenía tanta energía que pensé que me volvería loco, y tenía más o menos otros seis cuentos para escribir. Así que me vestí y salí y fui hasta Fornos, el viejo café de los toreros, y tomé café y después volví y escribí Diez indios. Eso me entristeció mucho y tomé un poco de brandy y me fui a dormir. Me había olvidado de comer y uno de los camareros me trajo un poco de bacalao y carne y papas fritas y una botella de Valdepeñas.La mujer que regenteaba la pensión siempre se preocupaba porque yo no comía lo suficiente y había enviado al camarero. Recuerdo que me senté en la cama y comí y bebí el Valdepeñas. El camarero dijo que me traería otra botella. Dijo que la señora quería saber si yo pensaba escribir toda la noche. Le dije que no, que creía que me acostaría un rato. Por qué no trata de escribir uno más, me preguntó el camarero. Se supone que sólo debo escribir uno, dije yo. Tonterías, dijo él. Podría escribir seis. Lo intentaré mañana, dije. Inténtelo esta noche, dijo él. ¿Por qué cree que la señora le envió la comida? Estoy cansado, le dije. Tonterías, dijo él (la palabra no fue en realidad tonterías). Está cansado después de tres miserables cuentos. Tradúzcame uno. Déjeme tranquilo, le dije. Cómo puedo escribir si usted no me deja tranquilo. Así que me senté en la cama y bebí el Valdepeñas y pensé qué escritor condenadamente bueno sería yo si el primer cuento era tan bueno como esperaba.

-¿Usted disfruta leyendo sus propios libros... sin sentir que le gustaría hacer algunos cambios?

-A veces, cuando me resulta difícil escribir, los leo para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible.

-¿El título se le ocurre mientras está en el proceso de elaborar la historia?

-No, hago una lista de títulos después de haber terminado el relato o el libro... a veces son más de cien. Después empiezo a eliminarlos, y a veces los elimino a todos.

-¿Y hace eso también en los casos en los que el título de un relato ha sido sugerido por el mismo texto, como por ejemplo en el caso de Colinas como elefantes blancos?

-Sí. El título viene después. Encontré a una muchacha en Prunier, donde había ido a comer ostras antes del almuerzo. Sabía que ella había tenido un aborto. Me acerqué y hablamos, no sobre eso, pero en el camino a casa se me ocurrió la historia, salteé el almuerzo y me pasé esa tarde escribiéndola.

-Entonces, cuando está escribiendo, usted es constantemente un observador en busca de algo que pueda usar.

-Sin duda. Si un escritor deja de observar está terminado. Pero no debe observar conscientemente ni pensar de qué modo algo le será útil. Tal vez al principio eso sea cierto. Pero más tarde todo lo que ve se integra a la gran reserva de cosas que sabe o que ha visto. Si de algo sirve saberlo, siempre trato de escribir de acuerdo con el principio del iceberg. Hay nueve décimos bajo el agua por cada parte que se ve de él. Uno puede eliminar cualquier cosa que sepa, y eso sólo fortalecerá el iceberg. Si un escritor omite algo porque no lo sabe, habrá un agujero en su relato. El viejo y el mar podría haber tenido más de mil páginas, y dar cuenta de cada personaje de la aldea y del proceso de cómo vivían, cómo habían nacido, cómo se habían educado, tenido hijos, etcétera. Otros escritores hacen eso de manera excelente. Al escribir, uno está limitado por lo que ya se ha hecho de manera satisfactoria. Así que he tratado de aprender a hacer otra cosa. Primero traté de eliminar todo lo innecesario para transmitir experiencia al lector, para que después de haber leído algo, lo leído se convirtiera en parte de su propia experiencia, y le pareciera que realmente había ocurrido. Es algo muy difícil de hacer, y trabajé muy duramente para lograrlo. De todos modos, para no explicar cómo se hace, tuve una suerte increíble en ese momento y pude transmitir la experiencia completamente. Y pude lograr que fuera una experiencia que nadie había transmitido antes. La suerte fue que tuve un buen hombre y un buen muchacho, y que últimamente los escritores se han olvidado de que todavía existen esas cosas. Después, el océano: vale tanto la pena escribir sobre el océano como sobre un hombre. Así que también fui afortunado en eso. He visto el acoplamiento de los peces espada, así que es algo que conozco. Eso no lo cuento. He visto un cardumen de más de cincuenta ballenas en esa misma zona del agua, y en una oportunidad arponeé a una de casi dieciocho metros de largo, y la perdí. De modo que eso no lo cuento. No cuento ninguna de las historias que conozco sobre la aldea de pescadores. Pero ese conocimiento es lo que constituye la parte sumergida del iceberg.

-¿Puedo preguntarle en qué medida considera usted que el escritor debe involucrarse en los problemas sociopolíticos de su época?

-Cada uno tiene su propia conciencia, y no debería haber reglas para el funcionamiento de la conciencia. De lo único que podemos estar seguros con respecto a un escritor politizado es que, si su obra dura, uno tendrá que pasar por alto la política cuando lo lea. Muchos de los escritores llamados políticamente comprometidos cambian sus ideas políticas frecuentemente. Esto les resulta muy excitante, a ellos y a los reseñistas político-literarios. A veces hasta deben reescribir sus puntos de vista… y apresuradamente. Tal vez todos eso pueda respetarse considerando que es una forma de búsqueda de la felicidad.

-¿Diría que alguna vez hay una intención didáctica en su obra?

-Didáctica es una palabra que ha sido mal utilizada y arruinada. Muerte en la tarde es un libro instructivo.

-Se ha dicho que un escritor sólo trata una o dos ideas en toda su obra. ¿Usted diría que su obra refleja una o dos ideas?
Bien, tal vez sería mejor expresarlo de esta manera: Graham Greeene dijo en una de estas entrevistas que una pasión regente da a todo un anaquel de novelas la unidad de un sistema. Usted mismo ha dicho, según creo, que las grandes obras se producen a partir de un sentimiento de injusticia ¿Considera que es importante que un novelista sea dominado de ese modo… por algún sentimiento tan intenso?

-El señor Greeene tiene una facilidad para hacer afirmaciones que yo no poseo. A mí me resultaría imposible hacer generalizaciones sobre un anaquel de novelas o sobre una bandada de patos o una manada de caballos. No obstante, intentaré una generalización. El escritor que carezca de sentido de la justicia y de la injusticia haría mejor en dedicarse a editar el anuario de una escuela de chicos excepcionales en vez de escribir novelas. Otra generalización. Ya ve, no son tan difíciles cuando son suficientemente obvias. El don más esencial para un buen escritor es tener un detector de mierda incorporado, a prueba de golpes. Ese es el radar de un escritor. Y todos los grandes escritores lo han tenido.

-Finalmente, una pregunta fundamental: ¿cuál cree usted que es la función de su arte? ¿Por qué una representación de los hechos en vez de los hechos mismos?

-¿Por qué preocuparse por eso? A partir de las cosas que han ocurrido y de las cosas tal como existen y de todas las cosas que uno sabe y de todas aquellas que no puede saber, uno hace algo por medio de la invención, algo que no es una representación sino una cosa nueva más real que cualquier otra real y viva, y uno le da vida, y si la hace suficientemente bien, también le da inmortalidad. Por eso uno escribe.





lunes, 23 de junio de 2014

MALAVIDA

La banda de esta semana es nada menos que Malavida. Estos chilenos influidos por un estilo hard rock, pertenecen a esta nueva camada de musicos locales que en el futuro dara mucho que hablar








BANDA DE HARD ROCK CHILENA, QUE NACE A PRINCIPIOS DEL AÑO 2008 FORMADA POR JOSE I. PANTOJA ( GUIT), JULIAN BARAHONA ( GUIT) Y JOTA GOMEZ (BATERIA), BASICAMENTE CON LA IDEA DE HACER BUEN ROCK, CON AIRES NUEVOS, BIEN EJECUTADO Y SOBRETODO MUCHA POTENCIA, DURANTE ESTE AÑO SE INCORPORAN A LA BANDA GONZALO DE LA CUADRA(BAJO) Y COTIÑO GOMEZ( VOZ).

DURANTE EL AÑO 2009 SE DEDICAN BASICAMENTE A LA COMPOSICION DE TEMAS PARA LUEGO EN EL 2010 SALIR FINALMENTE A LOS ESCENARIOS NACIONALES, DANDO UNA GRAN IMPRESION EN EL MEDIO POR SU CALIDAD MUSICAL Y POTENCIA EN VIVO.

A FINALES DE ESTE MISMO AÑO MALAVIDA GANA EL CONCURSO NACIONAL DE BANDAS ROCKAXIS/PROJAZZ OBTENIENDO EL PRIMER LUGAR Y ASI LOGRAN SACAR SU PRIMER DISCO HOMONIMO "MALAVIDA" GRABADO EN LOS ESTUDIOS ROCKAXIS DE LA MANO DE EUGENIO MARIN.

ESTE AÑO 2012 ENTRA EN LA BANDA EL BAJISTA HARRY PEDREROS CON LO CUAL COMIENZA UNA NUEVA ETAPA DE COMPOSICION Y DE MUCHOS CONCIERTOS JUNTO A DESTACADAS BANDAS NACIONALES COMO SILVERJACK,  
MALAVIDA SIGUE ESTE AÑO COMPONIENDO Y PROMOCIONANDO SU DISCO PARA LUGAR SACAR SU SEGUNDA PLACA PROXIMAMENTE.


Los dejamos con Sometidos



domingo, 22 de junio de 2014

ALBERT OEHLEN

Con 30 años de trayectoria, Albert Oehlen es considerado uno de los pintores abstractos más respetados del circuito del arte cree que la situación actual es "un paraíso" en el que "los artistas malos son casi más importantes que los artistas buenos porque vivimos de ellos" Hoy presentamos parte de su trabajo. 



















sábado, 21 de junio de 2014

A SOLAS CONTIGO

Para este Sabado, tenemos el agrado de presentar un nuevo cuento de este autor coquimbano de nombre Gonzalo Vilo. En esta oportunidad, nos muestra su cuento A SOLAS CONTIGO, gran relato, lo recomendamos.








           Solíamos amarnos Marilyn ¿Lo recuerdas? Solíamos caminar por el parque, abrazados, tomados del brazo, mirándonos a los ojos como dos perfectos enamorados, y entonces no necesitábamos nada, nada de lo que este mundo podía ofrecernos.



Lo teníamos todo y al mismo tiempo la pobreza nos arrinconaba, pero era maravilloso. Vivíamos solo para estar juntos, para vernos, para tocarnos y el mundo a nuestro alrededor desaparecía, como si todo en realidad se tratara de una vana casualidad, de un simple espejismo.



Maldita sea Marilyn ¿Qué nos paso?



Tal vez, si todo hubiera sido distinto, las cosas no habrían terminado de esta manera. Pero claro, nadie anda por ahí con una bola de cristal bajo el brazo, y hemos de vivir así: arriesgando, adivinando, cambiando el mundo con solo un pequeño movimiento de nuestros dedos. ¿Por qué entonces no íbamos a fracasar igual que el resto? ¿Por qué tendría que haber sido distinto para nosotros? No, te equivocas, no es que me conforme, pero vivíamos en una burbuja y solo bastaba una pinza, cualquier aguja de mierda, para que todo se fuera al carajo.



Así fue como todo empezó a pudrirse ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cuando empezábamos nuestras discusiones a partir de la nada? Que estupidez, ahora lo puedo decir con franqueza, aunque te enojes, eran estupideces, infantilismos, imbecilidades. La madurez iba lejos, tanto que aun no podemos alcanzarla.



Recuerdo que ya no queríamos seguir juntos, y sin embargo, ahí estábamos, día tras día, soportándonos, no se por que. Yo te quería, no lo desconozco y apuesto a que tu también todavía guardabas algo de amor para mi, pero no era lo mismo, y aun no entiendo por que continuábamos intentándolo si ya sabíamos que no íbamos hacia ningún lado. Había que guardar las apariencias tal vez. Había que esconder todo frente a tus amigas y los medios; nuestras discusiones, nuestras grandes peleas, lo único real que teníamos y que aun no se vendía a la conformidad de una dicha aparente, castrados, como impostores de una farsa que tu interpretabas muy bien, pero que yo no podía soportar.



Todo terminó cuando finalmente lo asumimos. Nuestra derrota al fin y al cabo era como la de todos y aceptarlo, aunque fuese inconcientemente, era lo que nos hacia encajar. Aunque en realidad nos habláramos y tuviéramos largas conversaciones, especialmente en publico, la verdad es que no nos decíamos nada. Todo era un maldito compromiso, una odiosa rutina, como un trabajo, el peor de todos, pero que el miedo, ese estupido miedo a ser rechazados, a ser vistos de otra forma, a ser aislados, nos hacia seguir buscando refugio en aquella mentira.

Ahora que te miro Marilyn, con tu rostro boca arriba y tu mirada de horror que aun no desaparece, siento pena por ti, por los dos. Eras para mi tan hermosa, que a veces no podía resistir la emoción y tenía que gritar, gritar que te amaba, pero en vez de eso chillaba cualquier estupidez sin sentido, aunque en realidad no importaba, por que tu te reías igual y yo también lo hacia, y todo se transformaba en una avalancha de carcajadas que terminaba casi siempre con nosotros abrazados en el pasto, en la cama, en fin, en cualquier parte, cuando, claro, no terminábamos haciendo el amor. 



Por eso Marilyn, quizás te sorprenda lo que te voy a decir, pero debo confesarte que todo esto lo venia planeando desde hacia unas semanas, y, así y todo, no resultó como quería. No se suponía que abrieras los ojos hasta antes de que yo te lo dijera, pero los abriste, y lo arruinaste al ver lo que no tenias que ver. Iba a ser nuestro gran final, pero la cagaste. Ahora no se como borrarte esa expresión de odio y temor de tu cara. 



Iba a ser tan hermosa nuestra despedida. Tu y yo enlazados hasta el final de este sendero, inseparables incluso en la hora macabra, con tus labios pegados a los míos y con nuestra piel aun ardiendo, como debió haber sido, nuestro amor imposible….pero…



Pero ya ves como me resultan las cosas, tú siempre me lo decías. Al final, conmigo todo termina en desastre y tenías toda la razón.





Ahora solo queda huir. Que la prensa, que el mundo piense lo que quiera. Yo siempre te quise, a mi manera, y no dejaré que cualquier imbecil te marchite. Serás solo mía y tu hermoso rostro permanecerá en mi memoria para siempre, junto a todas esas risas y besos que me regalaste. Y en un par de horas, cuando este elixir se mezcle con mi sangre y atraviese las cavidades mas profundas de mi cuerpo, te acompañaré por el sendero oscuro y todo volverá a ser como antes, cuando tu no eras mas que Marilyn y yo el hombre que te amaba y te prometía felicidad para toda la vida.

viernes, 20 de junio de 2014

LLUEVE

Para hoy viernes, volvemos a presentar a este joven mexicano llamado Rodrigo Fuentes. Alias Rodrigo Niebla. Esta vez lo hacemos con un nuevo trabajo titulado LLUEVE
















           Llueve. Aunque no sé si es en mí o allá afuera, si soy yo o es que también llora el cielo. Las gotas que caen podrían ser de cualquiera, pero esta tarde aquí no hay nadie, excepto yo y el cielo. Así que todo se resume en mis ojos y las nubes: yo las tengo negras, ellas las tienen grises. Al menos creo que para llorar no faltan razones.

Sigue lloviendo. Me han caído como mil gotas, pero sigo sin saber de dónde. No sé si son mis lágrimas o es la lluvia la que poco me alcanza, me ahoga. Pero no importa, porque todo es llanto. ¿Qué importa si es mío, del cielo o de cualquiera? Lo que importa es que me toca; y si me toca es porque está cerca; y si está cerca es porque llora conmigo; y si llora conmigo es porque estamos juntos, en esa extraña unión que sólo florece con el rocío del llanto.

Sale el sol y yo sonrío por ratos, aunque cuando sonrío el sol se asoma entre las nubes por ratos. Y a través de la ventana veo deslizarse gotas de agua, que se acarician, que se juntan; otras estáticas, como si quisieran apartarse de todo hasta aislarse, pero de pronto otras llegan, y en su lenguaje líquido las seducen, y todas por fin se unen.

Yo sigo de pie asomado en la ventana, mientras que por mis oídos se filtra el mixto sonido indescifrable, la sonoridad homogénea que no delata -tan sólo canta- si lo que me invade los oídos es mi llanto o la lluvia. En la ventana escribo letras con mis dedos que pronuncian nombres; son personas, son cosas que se quedan aquí, conmigo, tan sólo un momento: mis suspiros o el viento soplan gélido aliento de olvido.

Aquí sigo. Por un momento la ventana se empaña; yo me tallo los ojos, y cuando mi vista se aclara la ventana está clara. Me quedo pensando fingir que pienso. El cristal que limpié como espejo de dos mundos, que se funde en esta lluvia hasta volverse uno. 



Enciendo un cigarro; lo sostengo entre mis dedos; y otra vez me lo llevo a mis labios. Una gota cae y lo apaga, otra más llega y lo moja; mis labios todavía saben trazar una ligera sonrisa en mi boca. Llueve. 



jueves, 19 de junio de 2014

SCOTT STULBERG

El dia de hoy. Presentamos algo del trabajo fotografico del gran Scott Stulberg. Nacido y criado en Los Angeles California, Viaja a menudo a tierras lejanas en busca de la foto perfecta. Sus fotografías se encuentran en colecciones de todo el mundo, incluyendo en exhibición permanente en las Naciones Unidas


















miércoles, 18 de junio de 2014

LA NOCHE EN QUE CONOCÍ A SALAS (y me rompió el corazón)


En esta oportunidad tenemos el agrado de recordar un cuento del joven escritor chileno Francisco Diaz Klaasen. LA NOCHE EN QUE CONOCÍ A SALAS (y me rompió el corazón) es un relato original y fresco que ha tenido gran aceptacion desde su aparicion.











  Esto pasó hace años, pero todavía me duele recordarlo. 

Digamos que sucedió un sábado, por decir algo. (Ni yo soy capaz de simular que recuerdo la fecha exacta, ni ustedes de pretender que les interesa realmente saberla.) Lo que es seguro es que fue en algún punto del 2007. Yo estaba momentáneamente soltero, Marcelo Salas había vuelto a la Chile y Mark González acababa de firmar por el Liverpool (aunque no se había ido del país, todavía; creo que porque estaba lesionado). 

Menciono estos tres detalles porque serán importantes para el desarrollo de la historia que les voy a contar a continuación. Paciencia.

Es un sábado, entonces. (¿Les molesta si cambio el tiempo verbal? Así me resulta más vívido el recuerdo.) A las siete de la mañana. (O sea, más que un sábado, se trata de la continuación del viernes; del carrete del viernes, esto es.) Estoy en el Burger King del Faro del Apumanque, con un amigo. Pido un Whopper plain e insisto en esto: sólo la carne y el pan, flaco. Mi amigo no sé qué pide y, francamente, me da un poco lo mismo.

Estamos esperando que llegue nuestra orden cuando escuchamos unos ruidos extraños provenientes de la calle. Después se escuchan gritos. Todo el Burger King se encuentra paralizado, a la espera de que se resuelva la duda. Yo me noto impaciente por que llegue mi Whopper: he bebido, esta noche.

Acaba de entrar Marcelo Salas. 

No viene solo. Lo acompañan dos viejujas. Buen cuero, mal relleno. La luz no le hace favores a ninguno de los tres. Salas, que tiene un cigarro en la boca, se ve viejo. Ellas —que lo son— también. Los mortales observamos.

Salas se ve incómodo. Todo el Burger King empieza a corear una canción en su honor. Por pudor, no me atrevo a unírmeles, aunque ganas no me faltan. Una de las viejujas hace la cola por él. No recuerdo qué es lo que pide, a pesar de que su pelo oxigenado llega a estar a escasos centímetros de mi nariz. Huele a colonia de supermercado. Se van a sentar a una mesa alejada. Los mortales observamos.

Entra ahora Mark González. Lo acompañan dos tipos más jóvenes que él, con el pelo parado y engominado, vestidos con zapatillas de colores chillones, collares brillantes, jeans apretados, camisetas apretadas. Es un espectáculo macabro, el que me toca ver. Pienso: o son sus hermanos, o son sus primos, o son... Ya me entienden ustedes. El Burger King no canta nada, esta vez. Mark saluda a Marcelo. Marcelo saluda a los hermanos. Los hermanos saludan a las viejujas. Las viejujas saludan a Mark. Los mortales observamos.

Alguien se pasa de revoluciones. Incita el siguiente canto: «El que no salta es un indio maricón». Todos saltan menos yo. Sé que debería, hasta cierto punto quiero hacerlo, pero mi cuerpo no me responde. Como si tuviera todos los principios de los que yo carezco. Como para estar orgulloso de él, digamos. Se me acerca el incitador. Y voh, culiao, me dice, ¿por qué no saltai, maricón shushetumare? Trago saliva. Lo miro a los ojos —ojos pardos, gatunos, rasgo inconfundible del cuma chileno—, envalentonado por la reacción que tuvo mi cuerpo. Mi cerebro se cuadra con éste y hace hablar a mi boca: Porque soy un indio maricón, le respondo; por eso.

Noto el puño. Pero, por sobre todo, noto la cadena que lo envuelve. Y, en vez de asustarme, de reaccionar, de chillar siquiera, me hago la siguiente pregunta: ¿quién va con cadenas al Burger King?

No alcanzo a pensar una posible respuesta.

Siento que mi pómulo derecho estalla en mil pedazos. Caigo una caída infinita, en la que veo la cara de espanto de mi amigo, la de éxtasis de mi enemigo, la interesada de todos los demás. Pero también veo otra cara, envuelta en una luz blanca —¿estroboscópica?— que se siente cálida pero que al mismo tiempo no termino de entender. Es la cara de Salas. Y luego su mano, que me recoge del suelo. Y luego sus brazos, que me sostienen en un abrazo protector.

Mi héroe. Salvador Salas.

Salimos de ahí los ocho. Entramos a duras penas en un Audi que huele a sexo. Una botella de Jack Daniels a medio tomar sobresale de por debajo del asiento del copiloto. Hay un rollo de papel confort en el asiento trasero. 

Salas se preocupa por mi pómulo. Me pregunta cómo me siento. Yo le miento y le digo que no me duele tanto. Una de las viejujas dice algo que no me molesto en intentar entender. Después se queda callada. Salas me sonríe. Me pasa un brazo por encima del hombro. Dice que me entiende, que él habría hecho lo mismo. Y luego agrega que él también es un indio maricón. Se ríe, cuando dice esto. Yo también lo hago, aunque me duela el pómulo al hacerlo. Mark González, que está manejando, se da vuelta y nos dice algo. Lo ignoramos.

Llegamos al departamento de Salas. No es como me lo habría imaginado. De un ambiente, corte minimalista, sin ninguna referencia deportiva. Quiero decir elegante, pero en realidad pienso en algo frío, impersonal. Nos instalamos en el living. 

Las mujeres callan, Mark González calla, sus acompañantes callan, mi amigo calla. Hablamos, con Salas. Durante horas. Toda la mañana. De literatura y filosofía, principalmente. Me dice que le cargan los humanistas de la Chile. Que no soporta que crean que descubrieron a Derrida y que todo empieza y termina con los filósofos continentales. Yo le digo que no sé de esas cosas, pero que confío en su buen juicio. Le cuento que soy profesor de castellano. Me dice que en el colegio siempre le gustó leer. Que su libro favorito era y es aún 1984. Que se lo mostró una profesora que nunca pudo olvidar y de la que no ha vuelto a saber nada. Le pregunto por qué no la busca. Me responde que ya es muy tarde para eso. Le cuento entonces que soy un escritor frustrado. Me dice que él también, que la gran mayoría de los futbolistas lo son; que entre concentración y concentración se intercambian y comentan novelas y cuentos que por pudor nunca publicarán. Yo le digo que no sabía eso, pero que de alguna manera me hace mucho sentido. Le hablo de mis penas de amor, que son varias, muy parecidas entre sí. 

Hablamos, repito, durante horas. Como si nos conociéramos de toda la vida. No: como si el hecho de conocernos, de haber llegado a conocernos, y haberlo hecho bajo las circunstancias en las que nos conocimos, no fuera más que la conclusión evidente de una serie de eventos desencadenantes; un asunto lógico, en definitiva, algo que tenía que suceder. Predeterminado, digamos, aunque suene chulo hacerlo. 

Pero no coincidimos en todo. De hecho, casi llegamos a las manos, en cierto punto de la conversación: él dice profesar una admiración infinita por la observación intelectual —supremacía, le llama— de George Perec, mientras que yo le digo que creo más en la sensibilidad gutural de Albert Cohen. No nos ponemos de acuerdo, y por un momento el hechizo está a punto de romperse. Tenemos, sin embargo, el suficiente tino como para dejar pasar el tema y sepultarlo, y todo vuelve a la normalidad. 

De repente (¿serán las doce, ya?, ¿la una?), Salas se dirige a las mujeres. Les dice que se vayan. Se dirige a Mark González y a sus hermanos. Les dice que se vayan. Se dirige, finalmente, a mi amigo. Le dice que se vaya. 

Todos obedecen. Llámame, dice una de las mujeres. Me llamas, ¿ya?, remeda la otra. Chao, perro, ladra Mark González. Ídolo, balbucea mi amigo. Eso es lo que dicen, todos, antes de ser tragados por la boca oscura del ascensor. 

Nos quedamos solos. Salas me prepara almuerzo. Dice que es el único plato que sabe cocinar, y que ni siquiera se lo ha cocinado a su esposa o a sus hijas: carne de cerdo escalopada. Yo no le digo que me siento honrado, pero me brillan los ojos. (Recuerdo una canción de Bill Callahan que diceyour eyes say yes, but you don't say yes.) Comemos. Hablamos. Reímos.

El día avanza y los dos, aunque lo disimulamos, estamos cansados. Se nos escapan algunos bostezos. Se nos cierran los ojos. Nos duele la espalda. Se aproxima la hora del adiós. La última hora.

Salas retira los platos y se acerca al equipo de música. Lo veo manipular los mandos, poner un disco, y alejarse. Me mira a los ojos. Escucha esta canción, me dice. Yo necesito escucharla todas las noches o si no no me puedo quedar dormido. Escucha esto:

Now I know it’s not easy
—don’t believe them when they say I’m not right.
Don’t put a hex on me, baby
Because I don’t know what’s wrong or right.
I know that there’s somebody new
Much better than me.
But because my love is true,
All my best to you…
Don’t forget me, dear.

La canción se llama “Don’t Forget Me”, y la canta Mark Lanegan. Nunca he oído hablar de Mark Lanegan. No lo conozco. Pero esa canción —qué importa que lo diga, ahora; ya nada me avergüenza, esta noche— me mueve el piso. Me descoloca. No sé si es la letra (que tal vez) o la voz (que a lo mejor) o qué cosa (que es más probable), pero no consigo sacármela de la cabeza. (Incluso ahora, que escribo esto, alejado de los acontecimientos por cierta indiferencia de la que vuelve presa la vejez, se repiten en mi cabeza los acordes, los acentos, las letras, y me noto desfallecer, descolocado de nuevo por el peso del pasado, por lo frágil que es este presente que me he fraguado.)

Después de que escuchamos la canción me voy. Siento —y sospecho que Salas también siente— que no queda nada más por decir, nada más que hacer. Nos despedimos torpemente, con un abrazo que no tiene gusto a nada, como si después de haber compartido ese momento único todo fuera un remedo de otra cosa, una mala copia, una impostación. Llego a mi casa y, antes de acostarme, pongo en el computador la canción de Mark Lanegan que me mostró Salas. Me quedo dormido con una sonrisa idiota tatuada en la cara. Nunca he dormido mejor.

Pasan algunos días. Todo parece ir bien pero no es así. No consigo concentrarme en el colegio. Me olvido de las cosas. Me cuesta quedarme dormido. Entonces me doy cuenta: echo de menos a Salas. A esas alturas me sé de memoria todas las canciones de Mark Lanegan que están en YouTube. Las he venido escuchando cada noche antes de acostarme. Pero lo cierto es que ya no me hacen efecto. No me dan sueño. Las he ido reemplazando paulatinamente por cortos de whisky en los que ahogo el temor a quedarme solo que me embarga.

Un día me decido y lo llamo. No me contesta. Le escribo un mail. No me contesta. Pasan días, muchos días. Semanas. Vuelvo a repetir la rutina, mintiéndome de paso y diciéndome que su silencio no me dice nada, que no significa nada. Incluso llego a decirme que ya no me afecta (pienso en Neil Young: Doesn’t mean that much to me to mean that much to you). 

Pero miento. No es cierto que nunca me responda. La verdad es que a veces lo hace, como para mantener la tensión narrativa viva. Lo hace usando frases cortas, sin mayúsculas entre los puntos. Lo hace a la usanza de quien escribe algo al pasar. Con un dejo de cariño, sí, pero sin melancolía ni añoranza. Sin arrepentirse por el súbito alejamiento. Sin necesitarme para nada. Me doy cuenta de estas cosas con pesar.

Intento olvidarlo, pero no lo consigo. Me digo: "Fue cosa de una noche; ya pasó, ya fue; olvídate de él", pero no me lo creo. No me lo quiero creer. Recuerdo el almuerzo constantemente, pienso en sus ojos bien abiertos, cuando miraba directamente a los míos... No me queda muy claro qué es lo que quiero de él, pero siento que lo necesito. Pero más que eso: quiero que él me necesite a mí. 

Agoto mis recursos. Voy a todos los partidos de la Chile (en una ocasión me reconoce el sujeto del Burger King, el de la mano enguantada en cadenas, pero por alguna razón no dice ni hace nada). Voy a los de la selección. Voy a los entrenamientos de uno y otro equipo, llevando conmigo una pancarta en la que se puede leer una sola frase: Don’t Forget Me. Nada. Le mando mails con links a otras canciones de Mark Lanegan. Ya ni siquiera contesta esos correos famélicos. Lo llamo, ebrio. El buzón de voz me quita de encima la borrachera. Aún así le dejo mensajes lastimeros, en los que paso sin pausa del llanto a la ira, de la súplica al insulto. Le escribo poemas francamente malos. Le compro libros que no me atrevo a irle a dejar.

Nada. Se olvida de mí. No vuelvo a saber de él. 

A veces pienso que su confesión llegó muy temprano, en mala hora. Y que se arrepintió de haberme mostrado algo suyo que era tan íntimo. Que le dio vergüenza que lo viera así de vulnerable. 

Otras veces pienso que fui un eslabón más en una cadena interminable, que seguramente todavía no se cierra. Cuando pienso eso me avergüenza haberme creído especial. Lo imagino cocinándole carne de cerdo escalopada a veinte tipos más. 

Otras veces —las más de las veces— prefiero no pensar en nada.

Esto pasó hace años, como dije. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Dejé de hacer clases en ese colegio. Me afeité la barba. Subí de peso. Bajé de peso. Volví a subir de peso (ya irremediablemente). Pero hay noches —lo admito— en que todavía pongo el computador al lado de mi cama, antes de acostarme, y me quedo dormido, ya no escuchando a Mark Lanegan (ya no soy capaz de escuchar de Mark Lanegan), sino que viendo los goles de Salas. Veo una y otra vez aquel pase magistral de más de treinta metros que le dio el Coto Sierra en Wembley, y después lo veo aparecer a él en pantalla, amortiguar la pelota como si fuera un tesoro, acariciarla con cariño, con amor incluso, para luego despacharla con un zapatazo violento, furibundo, y entonces Salas desaparece del cuadro, y veo sólo a la pelota, y la veo alejarse despechada, siguiendo las órdenes de su dueño. Y es gol. Y yo cierro los ojos con una sonrisa en la boca, mientras adivino que a mi lado mi esposa no consigue conciliar el sueño, que se pregunta qué es lo que sucede, y que no entiende nada de nada. Y me quedo profundamente dormido.