jueves, 31 de diciembre de 2015

ENTREVISTA A TATIANA ALFARO, FOTOGRAFA

Tatiana Alfaro es una fotógrafa que vive y trabaja en La Serena – Chile. Realizó sus estudios de fotografía en el instituto Incacea/Ciartes, donde recibió formación académica de parte de Jorge Gronemeyer, Gastón Salas, Alonso Yañez, ente otros. 
Su trabajo ha sido presentado en diversas exposiciones colectivas, desde el año 2004 en Valparaíso, Viña del Mar, Punta Arenas, La Serena, Coquimbo, Ovalle y Concepción, siendo participe además de actividades en el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso (FIFV) y en el festival de las artes de Coquimbo (ARC). Hoy presentamos esta entrevista realizada por Gonzalo Vilo a esta genial fotógrafa de nuestra region




¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos hacia la fotografía? ¿Cómo nació esta atracción por este arte? 

La verdad siempre tuve un interés especial por las expresiones visuales. En un comienzo, cuando estaba en la enseñanza media quería estudiar pedagogía en arte, lamentablemente la carrera ya no estaba disponible en la ULS y en ese tiempo era difícil para mí poder irme a estudiar a Valpo, Santiago o Conce donde sí impartían la carrera. Fue entonces que decidí estudiar Diseño gráfico, en que en aquel entonces era el instituto Santo Tomas. Ya luego de unos dos o tres años, el asunto publicitario y el marketing no me llenaba en absoluto, fue entonces que decidí irme a probar suerte a la V región y ver las posibilidades que alli habían para estudiar algo que tuviera que ver más con arte, y encontré la carrera de fotografía en el Instituto Ciartes Incacea de Viña del Mar. Fue entonces que realmente comenzó la pasión por la fotografía. 



¿Cuáles fueron tus influencias con respecto a la fotografía? ¿A qué fotógrafos admiras? 


Al comienzo, cuando comencé a estudiar la carrera, tuvimos la fortuna de contar con muy buenos profesores, entre ellos Jorge Gronemeyer, Pedro Sepúlveda, Soledad Monteros, Gastón salas y Alonzo yañez, quienes en su mayoría eran licenciados en arte y fueron los primeros referentes en la carrera. 


                 


Ya al ir profundizando más en la materia, las primeras influencias vinieron netamente desde las artes visuales. Quienes llamaron profundamente mi atención fueron los artistas Marcel Duchamp y Man Ray, de los movimientos vanguardistas del dadá y el surrealismo. Me atraía mucho de ellos su postura de construir una obra a partir de imágenes oníricas que exploran los recovecos invisibles de la mente subconsciente, también me seducía el hecho de las propuestas de lo absurdo que permitieran abrir nuevos paradigmas en el ámbito visual. Encontraba que todo ello era apasionante y sublime. 

Ya en el ámbito de la fotografía como tal, los referentes que más me han marcado provienen desde del foto documentalismo, de los cuales puedo destacar a Robert Doisneau, Henri Cartier Bresson, Diane Arbus, Robert Frank, Martin Chambi y William Eggleston. 




 

Por otro lado de los fotógrafos chilenos puedo mencionar son: Antonio Quintana, Sergio Larraín, Claudio Pérez, Leonora Vicuña, Cristóbal Olivares, Cristóbal Barrientos y Nicolás Sáez. Creo que todos ellos son los referentes más importantes e influyentes sobre todo en los últimos años. 



¿Sientes que tu estilo se asemeja al de ellos? 



Creo que de todos siempre queda algo inconscientemente, hay puntos de vistas e intereses en común, pero en realidad nunca he tratado de imitar a ningún fotógrafo, más bien procuro céntrarme desde mi propia experiencia, ya sea con el tema técnico y la propuesta visual, que por lo general está ligada a las propias vivencias en los lugares que he habitado. 



¿Para tus proyectos contemplas la referencia de otros artistas, fotógrafos u obras, ya sea de la pintura o el cine? 

Como mencione anteriormente, creo que va quedando siempre algo esencial en el inconsciente de los otros fotógrafos o creadores que uno admira, sin embargo, uno con el tiempo va desarrollando también su propio estilo. 


En cuanto a estímulos de otras disciplinas siempre las hay, las cuales que pueden venir también desde la literatura, la pintura o la música. En algunos de mis proyectos he incorporado muchos elementos que vienen sobre todo de la pintura, en especial de lo surrealista y el arte abstracto. Muchas de mis imágenes tienen una intención de reinterpretar la realidad, de acurdo a la sensación mental y emocional que pueda estar experimentando en determinado momento. 



¿Para ti la belleza tiene que ver con la autenticidad? ¿Con mostrarse como uno es? 

Claro que sí, siempre. En las sociedades capitalistas como en la que estamos insertos, se han forjado unos tipos de belleza forzados en casi todos los ámbitos. La rubia perfecta, el musculoso guapo, la casa grande, las tiendas comerciales, etc y etc. Lo cual esta tan lejos de vernos y aceptarnos de cómo somos realmente. Muchas mujeres piensan que operándose como las modelos de la tele van a ser realmente bellas y la verdad la belleza subyace en cosas más esenciales y sencillas, al menos es como yo lo veo. 




Un ejemplo de belleza para mi puede ser lo que hacía la fotógrafa Diana Arbus. Ella en su tiempo realizó varios retratos a personas que eran denominadas “fenómenos”. Esta obra es bellísima porque va más allá de las apariencias y muestra que estas personas son admirables por lo que hacen o simplemente por lo que son. 


¿Cómo te has planteado tus fotografías o proyectos fotográ -
ficos, vas siguiendo un modelo determinado...?
 

La verdad que al principio de cada proyecto me conecto más con las emociones y sensaciones, luego viene el análisis más intelectual. Ya partiendo de esa base, puedo seguir haciendo más imágenes que vayan complementando una idea. 

Igual el proceso creativo, es algo súper personal. Hay fotógrafos que piensan todo antes de hacer las fotos, yo voy al revés primero siento algo que me estimula visualmente y lo plasmo, luego analizo que hay en mi psiquis que es lo que pudo haber gatillado y de ahí recién puedo intelectualizarlo. Quizás sea algo anormal, pero así funciona al menos para mí. 

Por otro lado, es importante ser disciplinado en el trabajo. En fotografía es importante tener un método a seguir que permita ir ordenando la obra y el material con que se está trabando. 





¿Mantienes una distancia emocional con tus trabajos? 

Al crearlo netamente es emocional. Al menos para mí, es importante establecer una conexión emocional con lo que estoy fotografiando, sino solo pasa ser un simple registro forzado que no dice mucho. 

Luego de eso viene un proceso intelectual y de edición, es allí donde uno tiene que ser más objetivo y construir una obra con las imágenes que aporten a la idea que se quiere comunicar. En este paso es importante desenamorarse de las fotografías favoritas, ya que si la imagen no aporta es mejor sacarla. Igual hay obras en que es más fácil hacer esto, pero en otras puede costar un poco más. Va a depender en realidad si es algo más ajeno a uno o es algo más íntimo. 



¿Tu estilo y técnica se han desarrollado de la forma que esperabas? 

Bueno en realidad no. Cuando uno es estudiante, piensa que va a titularse y que ya sabe lo suficiente, pero en realidad uno no sabe nada. Pues en la práctica todo es diferente. 


Por ejemplo, en mi caso, aprendí fotografía con la técnica análoga de la vieja escuela, la cual amo hasta el día de hoy. Sin embargo justo vino toda la revolución digital lo cual cambio la forma de hacer y pensar la fotografía. Llego un momento en que hacer trabajos solo análogos fue cada vez más difícil, ya que hubo un tiempo que comenzaron a escasear los rollos, los químicos y todo lo que tuviera que ver con laboratorio. Así que no quedo otra que digitalizarse también. De todos modos uno se abre a lo nuevo y ahora puedo trabajar con las ventajas que entregan ambas técnicas. 

En cuanto al estilo fotográfico, es algo que está en constante desarrollo. Es un proceso que puede durar incluso toda la vida y que se va enriqueciendo con las nuevas experiencias. En un principio uno piensa que va hacer el mismo estilo de fotos siempre, pero no es así. Aparecen nuevas miradas, nuevos referentes, nuevas formas de montajes, los cuales se van incorporando también a la propia obra. 



¿Cuál es tu trabajo o trabajos que más te han llenado como artista? 

He realizado varias cosas en estos diez años, pero me quedo con aquellas obras que me han hecho crecer como profesional y persona. 

Uno de mis trabajos que me hizo crecer y ampliar la mirada fue “la Modernidad del olvido”. Esta es una propuesta que reúne cuatro series que abordan reflexiones de lugares y objetos que son corroídos y olvidados en el tiempo. Fue con este trabajo que me di cuenta de cómo operaba para trabajar y que a su vez me permitió comprender mejor mi mente subconsciente. 


Después de ello están los trabajos autobiográficos de 22:40 pm y Lapso que muestran ya miradas más íntimas sobre los recuerdos que marcan la psiquis de las experiencias vividas en determinados momentos. 





Y otra obra importante ha sido “Memoria Sensorial” que realizamos con mi amigo y colega Juan Pablo Martínez como colectivo VAF. En ella planteamos como los patrones ideológicos de los ante pasados se arrastran generación tras generación, los cuales nos definen aún como sociedad ya que son una especie de herencia genética que nos cuesta aceptar y cambiar. 



Por ultimo ¿Cuáles son tus expectativas para tu trabajo en el futuro? 

Ya con las experiencias y los tropiezos no me gusta generar muchas expectativas hacia el futuro, más bien procuro ir fluyendo de acuerdo al proceso natural que va marcando la vida. Lo más próximo que viene para el 2016 es la presentación de la Publicación del libro “Devociones invisible, álbum familiar de Sotaquí” que estamos trabajando con Juan Pablo Martínez como colectivo VAF. Luego sigue la exhibición de la serie “florecillas de cobre” de la obra “La modernidad del olvido”, que será parte de la exposición “Álbum de Chile”, que se presentará a mediados de febrero en el centro cultural Palacio la moneda en Santiago. 

Otros planes cercanos venideros, es el desarrollo de nuevos talleres, Realizar algunas exposiciones en la región y seguir creando nuevas iniciativas que permitan aportar al desarrollo del trabajo fotográfico en la región. 




Puedes encontrar mas del trabajo de Tatiana Alfaro en su sitio web

http://tatianaalfaro.weebly.com/lapso.html






miércoles, 30 de diciembre de 2015

MAMI ¿DONDE ESTA EL PUNK? HOY THE BREDEERS

Hoy miércoles, en una nueva sección de Mami?Donde esta el punk? Hemos decidido referirnos a una gran banda de los 90s llamada The Breeders fundada por las hermanas Deal 








          Si les suenan los Pixies, es muy probable que les suenen The Breeders, otra banda de chicas que también ha incluido a hombres en su alineación, pero cuya alma y corazón está en su fundadora, Kim Deal —ex bajista de Pixies— y su hermana gemela, Kelley. Para variar y a diferencia de las anteriores, esta agrupación aún sigue tocando. Y aunque concebida inicialmente como banda de indie experimental, lo cierto es que han pasado por varias etapas hasta llegar a sus hits pop, como «Cannonball», del álbum Last Splash (1993). La banda fue fundada en 1990 por Deal y Tanya Donelly de Throwing Muses, y, aunque la primera tocaba el bajo con Pixies, en The Breeders las dos tocaban la guitarra. Se les unió la bajista Josephine Wiggs y el baterista Jim MacPherson. Ahora la banda la conforman las hermanas Deal y estos dos últimos.

Por qué están en la lista: Por la frescura, espontaneidad y experiencia que caracteriza a Kim Deal, vieja conocida, y la facilidad de su banda para combinar la libertad musical de Throwing Muses y la cambiante dinámica y el popdeformado de Pixies.

Datos extra/curiosos: En 2013, después de una pausa de tres años, se reunieron y están tocando de nuevo, junto con la ex violinista Carrie Bradley. En octubre los tendremos de visita en tierras mexicanas.


Los dejamos con un gran tema de estas damas del indie llamado Safari









lunes, 28 de diciembre de 2015

HUACHA: LEVITACION POST-ROCK

Este lunes hemos querido presentar un proyecto musical prometedor. Desde Antofagasta, Huacha ha generado grandes expectativas con su sonido Post-Rock. Patricio Zenteno ha querido destacar este proyecto musical a través de su reseña Huacha: Levitación Post-Rock.




Por Patricio Zenteno






Es un hecho que siempre es grato ser receptor de proyectos que innovan incluso dentro de géneros más libres o flexibles, es un hecho también que el post-rock ha sido asimilado por el underground local con algunos actos sublimes que evidencian aquello, como es el caso de Huacha, banda de la semana en Experimental Lunch.







El proyecto, de origen nortino, ha inducido viajes a través de increíbles presentaciones, principalmente en su ciudad, Antofagasta. Con cinco cortes de características etéreas, logradas en su mayoría por un gran nivel de producción casera, decora a través de etéreos pasillos alfombrados por sutiles guitarras que electrifican los sentidos.








La banda, si bien encaja perfecto dentro del umbral del post-rock, explora elementos del lounge que invitamos a explorar a través de su soundcloud, donde destacan cortes como “Muerde el Sol”.





Miembros:

 / miranda / vity / vamsick / seba

Soundcloud de la banda



Destacamos una presentación en vivo de esta banda de Antofagasta







domingo, 27 de diciembre de 2015

ALICEXZ

Alice, también conocida como Alicex o silverqe, es una ilustradora freelance a tiempo completo, así como una gran entusiasta de la cultura pop y diseñadora de camisetas a tiempo parcial. Se graduó de la Escuela de Diseño de Rhode Island, con una especialización en Diseño Gráfico. Siempre esta experimentando con nuevos medios de comunicación, disfrutando de colores salvajes, libros de arte, todo tipo de literatura, el cine y la televisión.



















sábado, 26 de diciembre de 2015

SEPTIEMBRE

Ramon Rubina Nacio el 23 de septiembre del 56 en Ovalle, Norte de Chile. Ha publicado dos poemarios “Eros y Palabras” y “Ningún Ángel lloró en la palma de mi mano” Una obra teatral “Viaje al país de las Raíces” y Representado otra “Cantando bajo la lluvia” También, ha ganado premios en su región, país y en el exterior. Hoy lo destacamos con su poema Septiembre








Tembló la tierra ayer

como una rosa despellejada

y la columna de mi casa

entre el aire y la luz quedó rota,

como tantas y tantas casas

en esta región de piedra y agua marina

donde aún pasa crujiendo

el caballo negro del terremoto.

También vino el mar,

ladró en la noche y dispuso

sobre las viñas de la costa

con furia su manada de elefantes,

rompiendo la frágil

cristalería del esfuerzo humano

y ni los conjuros del poeta

Javier del cerro pudieron detenerlo.

En Illapel aún se afirma la Ana

Leyton a dos manos los zapatos

cuando los cerros rasgaron vestiduras,

e hicieron rodar sus testículos

de piedra combarbalita,

allá en el reseco vaso del Choapa,

y en las viejas calles de adobe

bailó desnudo un esqueleto de polvo.

Hoy es veinte de Septiembre,

duermen ya los tristes muertos

en el cielo cerrado de aquel sueño

y mi casa tirita de miedo,

con sus heridas abiertas

por donde entra el viento y las estrellas;

aquí ya no tengo nada,

se cayó todo tras la puerta de mis desvelos.

Aquí ya no tengo nada,

sólo me queda mi cumpleaños,

es hora de cumplir cincuenta y nueve

y aunque carece de interés,

desde el ojo del crítico o la muerte,

tampoco es hueso para el perro del dolor,

lo que realmente aquí importa

son estas mariposas volando en el patio.

¡Fue por ellas que escribí este poema!

viernes, 25 de diciembre de 2015

CONVICCION

Daniel Rojas Pachas, autor del genial Random, entre otras publicaciones, es ademas editor de la editorial Cinosargo que desde el norte de nuestro país sigue sorprendiendo con sus exitosas publicaciones, hoy destacamos a este importante escritor con su relato Convicción







Ventanas, puertas, ventanas, algunos rostros temerosos ocultan su curiosidad, amparan el morbo tras el cortinaje, en balcones, desde el primer piso, ventanas, puertas, ojos, más ventanas, luego sólo colores y mis pasos son a cada segundo más pesados, exigentes, demandan demasiado, la garganta es una lija, los ojos una caldera sudorosa…


Llevo dentro un motor deshecho, agotado, los brazos ya no me responden, no quiero pensar, no quiero saber lo que me harán, oigo sus caballos al doblar la esquina…


No estan lejos, maldicen, gritan azuzan a sus bestias, blasfeman y luego una nueva arenga por el rey, muerte a los anarquistas, muerte a los traidores de la corona…


Lo sé, lo puedo ver, pero intento no imaginarlo… siguen el olor a sangre, ellos también lo imaginan, quieren ver mis tripas en una fosa común, no quiero terminar como el resto de mi familia, ahora solo veo manchas, hace tres cuadras que no escucho el castañetear de sus veloces patas, la fusta molesta. Al salir de la buhardilla pude entre cada zigzagueo sentir los tiros cortando el aire… la pólvora estallando, el metal contra el cemento de cada tiro errado, la mudez del toque de queda fue arrastrada por los suelos, entre el bramido de los belfos y las botas marciales… corre niño, corre, decía el idiota del pasaje, sólo vi las siluetas degollándolo junto a su lecho en un rincón, lo mataron por irresponsable, por escandaloso, por considerar todo un juego… la caballería no esta jugando… Me dió tiempo para salir… sus gritos, su agonía, evitaron que fuese víctima mientras dormía, así han caído tantos… creo haberlos perdido, ya no puedo más, ya no puedo pero debo seguir, debo seguir… eso me decía al escribir ese libelo, debes seguir, hazlo, sigue, al repartirlo en las fábricas, en las plazas, sigue, debes hacerlo… Ahora debo evitar ver atrás, convertir todo en una estela, seguir, ser un mirar de reojo, una exaltación general de mis sentidos… seguir y soñar con un día más si es posible, calles, esquinas un laberinto de casas y morros de basura con dueños, son los irresponsables, los idiotas de cada barrio, hay tantos estos días, tantos hambrientos, tantos laberintos, disparos, botas, cárceles…


Más disparos, cuerpos degollados, jóvenes tirados en la oscuridad cerrada, carreras abruptas abortadas, luchas por escapar, lo intentas de corazón, deseas seguir, fosas comunes, deseas; de pronto todo termina; silencio…





jueves, 24 de diciembre de 2015

SERGIO MELLA

Sergio Mella, fotografo residente en San Fernando, utiliza la manipulación de las imágenes que le permite expresar lo que imagina a través de dibujos y bocetos, creando fotomontajes, esta técnica se encuentran en etapa de perfeccionamiento, tomar fuerza en la fusión corpórea, dando relación al discurso en torno al cuerpo.

























miércoles, 23 de diciembre de 2015

MAMI ¿DONDE ESTA EL PUNK? HOY, SAVAGES

Hay un cuarteto de muchachas que esta dando que hablar en Londres y en varias otras partes del mundo, se trata de la banda de Post Rock Savages, y que han sorprendido con una violencia pocas veces vista, hoy en nuestra sección Mami ¿Donde esta el punk? Queremos destacarlas como se merecen




Extraido desde http://cucharasonica.com/2013/05/savages



Me alegra decir que la promesa del post-punk no ha muerto. Hay un cuarteto de muchachas en Londres que se están encargando de que eso no suceda jamás. A la escena musical actual,Savages le agrega una cuota de oscuridad y realismo que por supuesto está ausente las melodías más edulcoradas que lideran las listas de ventas, pero por otro lado, sorprenden con una violencia inusitada para una banda formada sólo por féminas. Inspiradas por bandas como Black Sabbath y por literatura como El Cazador en el Centeno y El Señor de las Moscas, este cuarteto dará mucho más que hablar cuando, en unos días, sea lanzado oficialmente su disco debut -que, por cierto, ya se puede escuchar en streaming-.









Por ponerlo en palabras un poco más pedestres, estas chicas son capaces de devolverle la vida a un muerto con algunos golpes certeros. Lo que no quiere decir que hagan música feliz y alegre-tonta, sino que al contrario, están buscando inyectar algo más de profundidad en una de otra forma superficial escena musical londinense. En ese sentido, exploran un concepto de "lo femenino" diferente, que puede resultar chocante para muchos que estén acostumbrados a otro tipo de cantante. Mientras que muchas son aclamadas por su increíble voz, las chicas de Savages pueden ser mejor recordadas, por otro lado, por su potencia. Sus canciones, críticas, lenguaraces y filosas, son incendiarias, y cada una de las chicas tiene algo para aportar.



Por un lado, tenemos la voz asexuada de Jehnny Beth, también conocida por su nombre real Camille Berthomier, que vine más del lado del rock pero tiene una poesía ruda y filosa. No vamos a estar acostumbrados a escuchar esto de una mujer, pero sus canciones reivindican la industria pornográfica desde otro punto de vista -sorprendente y válido-, retoman el rol de la mujer en la sociedad moderna, y de ninguna forma tratan del amor. El amor, el tema universal de las canciones pop, es desechado para que los temas de Savages adquieran una tonalidad más violenta y realista. Es una bocana brutal de aire fresco cuando estamos mamando otro tipo de contenido por parte de las bandas más escuchadas.







Gemma Thompson, por otro lado, es la guitarrista que también se lleva todos los laureles. Una experta en esos violentos y pegadizos crescendos del post punk, también le puede dar tonalidades rockeras y pesadas a las canciones. La línea de bajo bien garagera de Ayse Hassan es laudable, y cerramos con la batería violenta de Fay Milton. Con este cuarteto, nos podemos ir olvidando de todas las bandas promesa de este año. Savages es una banda primitiva, ancestral, que combina lo pesado de grupos como Sabbath, como dijimos, pero agregando sensibilidad post-punk y feminista, tomando la posta de agrupaciones de principios de los noventa como L7, y también combinando con algo de Siouxsie and the Banshees. Este combo es increíble, y aunque parezca anticuado, simplemente no pasa de moda. Cuando lo escuchamos, sólo atinamos a decir: ¿por qué no se siguió haciendo esto? ¿Por qué no existen más canciones así?


"Husbands", el primer sencillo oficial, es una serie de paisajes postmodernos y feministas donde Beth se despierta al lado de un desconocido que la hace sentir enferma. La realidad de la sexualidad femenina se combina también con pasajes esquizofrénicos que golpean en la nuca, pero que también se toman el tiempo para detenerse y obligarnos a reflexionar. Otras canciones como "Shut Up", que hemos seleccionado como una de nuestras mejores canciones de abril, demuestra el poderío de la banda y la manera en la que pueden combinar los instrumentos a la perfección, sonando prolijas y poderosas. Silence Yourself es el nombre del primer disco de la banda, que llegará a las bateas el 7 de mayo, y que ya pueden escuchar en streaming -en serio, vayan ahora mismo a hacerlo-.






Otra de las realidades de Savages es que está pensado como un proyecto en vivo. Estas cuatro chicas ya vienen generando el bien ponderado buzz desde su primer show, donde actuaron como soporte de British Sea Power. De más está decir que superan en poderío a sus compatriotas, algo que se puede ver en la energía de sus vídeos en vivo. Para los que no tenemos oportunidad de verlas en directo, por suerte la magia no se pierde demasiado cuando están en el estudio. Es una alquimia con las proporciones necesarias de punk, rock y actitud, y no tenemos dudas de que Silence Yourself, por su lírica y potencia, será una de las novedades más interesantes de este año.



Los dejamos con She Will









lunes, 21 de diciembre de 2015

BASURAL

Basural, Fuzz Duo de Coquimbo. Compuesto por Ricardo Céspedes en la batería y Julio Gutiérrez en voz y bajo, son los destacados esta semana por Experimental Lunch. Hoy Gonzalo Vilo escribió esta reseña-cuento sobre la interesante propuesta que tiene esta banda.



Por Gonzalo Vilo





Me habían dicho que el hueón del Hugo iba a andar por el duna el sábado en la noche, cargado de toda la weed y la coca de siempre. Quería ir a ver a los Basural, me dijo el Kato, un grupo nuevo del que varios andaban hablando, así que tomé el primer coleto y me fui al barrio.



En la puerta tenían el flyer y un papel con los nombres de las bandas. Absenta, Sequía y al último, Basural, así que entre, decidido a encontrarme con el reculiao del Hugo. Pasé a comprarle una chela a la flaca de la barra y miré a mí alrededor. Aún estaba tocando Sequia así que la mayor parte de la gente estaba arriba, junto al escenario. Me quedé en la parte de atrás, escuchando la música y mirando por si encontraba la cabeza gigante del Hugo. No la hallé por ninguna parte. 


Cuando terminó Sequía me fui al baño. No había nadie meando en los urinarios, pero la puerta del wáter estaba cerrada. Miré por abajo y entonces vi las zapatillas del Hugo sobre las mugrientas baldosas. Abrí la puerta de una patá y el Hugo casi se caga. La raya que se estaba haciendo se cayó al piso, junto con su vaso de chela, que se derramó sobre sus jeans.



- Así que me queriay cagar culiao – Le dije – Donde están las moneas conchetumare.



El Hugo no supo que decir. Solo se quedó mirándome, entre asustado y sorprendido. 

Al mismo tiempo, desde el escenario, se oía la voz del Julio, presentando a los Basural. Luego comenzaron los riffs y la batería. Un sonido violento y envolvente entonces comenzó a penetrar en mis oídos. Rabia, distorsión, todo junto en unos pocos segundos de furia y de ira que era difícil poder asimilar. Puta Vida se llamaba el tema.




El Hugo abrió los ojos.

 Hoy no los vay a ver hueón – Le dije.

Saqué la cuchilla y se la mostré. Lo hice salir a la calle.

- Gritay y te la entierro al toque culiao – Amenacé


Nadie cachó nada. Menos los hueones que fumaban afuera. Me lo llevé a uno de los basurales. El hueón estaba hecho pico, temblaba y parecía que en cualquier momento se iba a poner a llorar. Adentro del Duna, Basural seguía repartiendo su incesante machaque, toda su mierda volátil iba saliendo impulsada como un vómito infinito. Una bomba atómica de caca.


 Le quité al Hugo los jales y los caños. Luego lo empujé y le enterré el cuchillo dos veces en la guata. Lo dejé ahí tirado y me fui corriendo. El hueón gritaba y pedía ayuda, pero no había nadie en la calle.





Cuando volví al Duna Basural seguía tocando. Me impactó la fuerza del sonido, y más me sorprendió aun el hecho de que solo fueran dos. El Julio de Mandrake y el Ricardo en la batería. Me puse a escucharlos. No sabía cómo calificarlos. Había influencias de Melvins, Black Sabbath, Mudhoney, Black Flag pero encauzados en un estilo bastante propio y trabajado. Los dejé a la mitad de Otro día para desperdiciar mi tiempo, por que escuché las primeras sirenas de los pacos.

Afuera estaba la cagá, pero alcancé a irme en un coleto. Aún tenía en mi cabeza el sonido de los basural y los fui escuchando hasta llegar a mi casa. Ya me había convertido en otro de sus fans.



Mas información de la banda 

https://www.facebook.com/basural999/?fref=ts



Los dejamos con Bomba Atómica de Caca







domingo, 20 de diciembre de 2015

ALEJANDRA GHIVARELLO

Alejandra Ghivarello es una Artista que se caracteriza por utilizar una
técnica mixta, ocupando materiales como Acrílico, pasta de relieve, pintura vitro y otros, sobre algodón.
Este trabajo comienza agestarse en agosto del 2012, donde decide volver a la pintura tras ejercer como Diseñadora Industrial algunos años






















sábado, 19 de diciembre de 2015

EN SUSPENSO

Sergio Gatica Navarro, joven poeta chileno posee un estilo que atrapa desde la primera linea. Hoy queremos presentar En Suspenso
















Esta cárnica cosa

de la que me digo que soy

yo mismo.



este adolecer de ausencia

llenita de deseos de algo más

de alguien chiquito y hermoso

que susurra una canción

y musita al horizonte interior

-indescifrable lugar.



toca a la puerta

a veces está abierta

a veces cerrada

a veces despierta

y otras

enamorada



quizá abra el portero

que sin apuros ni prisas

en un deshielo mueva el cerrojo

y te permita, por las buenas, dar paseo.

no pierdas el reloj

aquí el tiempo es líquido

desconfía de tu muñeca

mira dentro de la clepsidra

pero cuidado con el vacío

embelesa

y no traga

ni dice tu nombre. Hay cosas ocultas

que no saben hablar.





viernes, 18 de diciembre de 2015

LA NOCHE QUE CONOCI A SALAS Y ME ROMPIÓ EL CORAZON

Francisco Diaz Klaasen es un escritor joven chileno. Estudió letras inglesas en la Universidad Catolica y después se ganó una beca para hacer un magíster de escritura creativa en la Universidad De Nueva York. Hoy lo destacamos con su relato La Noche Que Conocí a Salas y Me Rompió El Corazón








Esto pasó hace años, pero todavía me duele recordarlo. 

Digamos que sucedió un sábado, por decir algo. (Ni yo soy capaz de simular que recuerdo la fecha exacta, ni ustedes de pretender que les interesa realmente saberla.) Lo que es seguro es que fue en algún punto del 2007. Yo estaba momentáneamente soltero, Marcelo Salas había vuelto a la Chile y Mark González acababa de firmar por el Liverpool (aunque no se había ido del país, todavía; creo que porque estaba lesionado). 

Menciono estos tres detalles porque serán importantes para el desarrollo de la historia que les voy a contar a continuación. Paciencia.

Es un sábado, entonces. (¿Les molesta si cambio el tiempo verbal? Así me resulta más vívido el recuerdo.) A las siete de la mañana. (O sea, más que un sábado, se trata de la continuación del viernes; del carrete del viernes, esto es.) Estoy en el Burger King del Faro del Apumanque, con un amigo. Pido un Whopper plain e insisto en esto: sólo la carne y el pan, flaco. Mi amigo no sé qué pide y, francamente, me da un poco lo mismo.

Estamos esperando que llegue nuestra orden cuando escuchamos unos ruidos extraños provenientes de la calle. Después se escuchan gritos. Todo el Burger King se encuentra paralizado, a la espera de que se resuelva la duda. Yo me noto impaciente por que llegue mi Whopper: he bebido, esta noche.

Acaba de entrar Marcelo Salas. 

No viene solo. Lo acompañan dos viejujas. Buen cuero, mal relleno. La luz no le hace favores a ninguno de los tres. Salas, que tiene un cigarro en la boca, se ve viejo. Ellas —que lo son— también. Los mortales observamos.

Salas se ve incómodo. Todo el Burger King empieza a corear una canción en su honor. Por pudor, no me atrevo a unírmeles, aunque ganas no me faltan. Una de las viejujas hace la cola por él. No recuerdo qué es lo que pide, a pesar de que su pelo oxigenado llega a estar a escasos centímetros de mi nariz. Huele a colonia de supermercado. Se van a sentar a una mesa alejada. Los mortales observamos.

Entra ahora Mark González. Lo acompañan dos tipos más jóvenes que él, con el pelo parado y engominado, vestidos con zapatillas de colores chillones, collares brillantes, jeans apretados, camisetas apretadas. Es un espectáculo macabro, el que me toca ver. Pienso: o son sus hermanos, o son sus primos, o son... Ya me entienden ustedes. El Burger King no canta nada, esta vez. Mark saluda a Marcelo. Marcelo saluda a los hermanos. Los hermanos saludan a las viejujas. Las viejujas saludan a Mark. Los mortales observamos.

Alguien se pasa de revoluciones. Incita el siguiente canto: «El que no salta es un indio maricón». Todos saltan menos yo. Sé que debería, hasta cierto punto quiero hacerlo, pero mi cuerpo no me responde. Como si tuviera todos los principios de los que yo carezco. Como para estar orgulloso de él, digamos. Se me acerca el incitador. Y voh, culiao, me dice, ¿por qué no saltai, maricón shushetumare? Trago saliva. Lo miro a los ojos —ojos pardos, gatunos, rasgo inconfundible del cuma chileno—, envalentonado por la reacción que tuvo mi cuerpo. Mi cerebro se cuadra con éste y hace hablar a mi boca: Porque soy un indio maricón, le respondo; por eso.

Noto el puño. Pero, por sobre todo, noto la cadena que lo envuelve. Y, en vez de asustarme, de reaccionar, de chillar siquiera, me hago la siguiente pregunta: ¿quién va con cadenas al Burger King?

No alcanzo a pensar una posible respuesta.

Siento que mi pómulo derecho estalla en mil pedazos. Caigo una caída infinita, en la que veo la cara de espanto de mi amigo, la de éxtasis de mi enemigo, la interesada de todos los demás. Pero también veo otra cara, envuelta en una luz blanca —¿estroboscópica?— que se siente cálida pero que al mismo tiempo no termino de entender. Es la cara de Salas. Y luego su mano, que me recoge del suelo. Y luego sus brazos, que me sostienen en un abrazo protector.

Mi héroe. Salvador Salas.

Salimos de ahí los ocho. Entramos a duras penas en un Audi que huele a sexo. Una botella de Jack Daniels a medio tomar sobresale de por debajo del asiento del copiloto. Hay un rollo de papel confort en el asiento trasero. 

Salas se preocupa por mi pómulo. Me pregunta cómo me siento. Yo le miento y le digo que no me duele tanto. Una de las viejujas dice algo que no me molesto en intentar entender. Después se queda callada. Salas me sonríe. Me pasa un brazo por encima del hombro. Dice que me entiende, que él habría hecho lo mismo. Y luego agrega que él también es un indio maricón. Se ríe, cuando dice esto. Yo también lo hago, aunque me duela el pómulo al hacerlo. Mark González, que está manejando, se da vuelta y nos dice algo. Lo ignoramos.

Llegamos al departamento de Salas. No es como me lo habría imaginado. De un ambiente, corte minimalista, sin ninguna referencia deportiva. Quiero decir elegante, pero en realidad pienso en algo frío, impersonal. Nos instalamos en el living. 

Las mujeres callan, Mark González calla, sus acompañantes callan, mi amigo calla. Hablamos, con Salas. Durante horas. Toda la mañana. De literatura y filosofía, principalmente. Me dice que le cargan los humanistas de la Chile. Que no soporta que crean que descubrieron a Derrida y que todo empieza y termina con los filósofos continentales. Yo le digo que no sé de esas cosas, pero que confío en su buen juicio. Le cuento que soy profesor de castellano. Me dice que en el colegio siempre le gustó leer. Que su libro favorito era y es aún 1984. Que se lo mostró una profesora que nunca pudo olvidar y de la que no ha vuelto a saber nada. Le pregunto por qué no la busca. Me responde que ya es muy tarde para eso. Le cuento entonces que soy un escritor frustrado. Me dice que él también, que la gran mayoría de los futbolistas lo son; que entre concentración y concentración se intercambian y comentan novelas y cuentos que por pudor nunca publicarán. Yo le digo que no sabía eso, pero que de alguna manera me hace mucho sentido. Le hablo de mis penas de amor, que son varias, muy parecidas entre sí. 

Hablamos, repito, durante horas. Como si nos conociéramos de toda la vida. No: como si el hecho de conocernos, de haber llegado a conocernos, y haberlo hecho bajo las circunstancias en las que nos conocimos, no fuera más que la conclusión evidente de una serie de eventos desencadenantes; un asunto lógico, en definitiva, algo que tenía que suceder. Predeterminado, digamos, aunque suene chulo hacerlo. 

Pero no coincidimos en todo. De hecho, casi llegamos a las manos, en cierto punto de la conversación: él dice profesar una admiración infinita por la observación intelectual —supremacía, le llama— de George Perec, mientras que yo le digo que creo más en la sensibilidad gutural de Albert Cohen. No nos ponemos de acuerdo, y por un momento el hechizo está a punto de romperse. Tenemos, sin embargo, el suficiente tino como para dejar pasar el tema y sepultarlo, y todo vuelve a la normalidad. 

De repente (¿serán las doce, ya?, ¿la una?), Salas se dirige a las mujeres. Les dice que se vayan. Se dirige a Mark González y a sus hermanos. Les dice que se vayan. Se dirige, finalmente, a mi amigo. Le dice que se vaya. 

Todos obedecen. Llámame, dice una de las mujeres. Me llamas, ¿ya?, remeda la otra. Chao, perro, ladra Mark González. Ídolo, balbucea mi amigo. Eso es lo que dicen, todos, antes de ser tragados por la boca oscura del ascensor. 

Nos quedamos solos. Salas me prepara almuerzo. Dice que es el único plato que sabe cocinar, y que ni siquiera se lo ha cocinado a su esposa o a sus hijas: carne de cerdo escalopada. Yo no le digo que me siento honrado, pero me brillan los ojos. (Recuerdo una canción de Bill Callahan que diceyour eyes say yes, but you don't say yes.) Comemos. Hablamos. Reímos.

El día avanza y los dos, aunque lo disimulamos, estamos cansados. Se nos escapan algunos bostezos. Se nos cierran los ojos. Nos duele la espalda. Se aproxima la hora del adiós. La última hora.

Salas retira los platos y se acerca al equipo de música. Lo veo manipular los mandos, poner un disco, y alejarse. Me mira a los ojos. Escucha esta canción, me dice. Yo necesito escucharla todas las noches o si no no me puedo quedar dormido. Escucha esto:

Now I know it’s not easy
—don’t believe them when they say I’m not right.
Don’t put a hex on me, baby
Because I don’t know what’s wrong or right.
I know that there’s somebody new
Much better than me.
But because my love is true,
All my best to you…
Don’t forget me, dear.

La canción se llama “Don’t Forget Me”, y la canta Mark Lanegan. Nunca he oído hablar de Mark Lanegan. No lo conozco. Pero esa canción —qué importa que lo diga, ahora; ya nada me avergüenza, esta noche— me mueve el piso. Me descoloca. No sé si es la letra (que tal vez) o la voz (que a lo mejor) o qué cosa (que es más probable), pero no consigo sacármela de la cabeza. (Incluso ahora, que escribo esto, alejado de los acontecimientos por cierta indiferencia de la que vuelve presa la vejez, se repiten en mi cabeza los acordes, los acentos, las letras, y me noto desfallecer, descolocado de nuevo por el peso del pasado, por lo frágil que es este presente que me he fraguado.)

Después de que escuchamos la canción me voy. Siento —y sospecho que Salas también siente— que no queda nada más por decir, nada más que hacer. Nos despedimos torpemente, con un abrazo que no tiene gusto a nada, como si después de haber compartido ese momento único todo fuera un remedo de otra cosa, una mala copia, una impostación. Llego a mi casa y, antes de acostarme, pongo en el computador la canción de Mark Lanegan que me mostró Salas. Me quedo dormido con una sonrisa idiota tatuada en la cara. Nunca he dormido mejor.

Pasan algunos días. Todo parece ir bien pero no es así. No consigo concentrarme en el colegio. Me olvido de las cosas. Me cuesta quedarme dormido. Entonces me doy cuenta: echo de menos a Salas. A esas alturas me sé de memoria todas las canciones de Mark Lanegan que están en YouTube. Las he venido escuchando cada noche antes de acostarme. Pero lo cierto es que ya no me hacen efecto. No me dan sueño. Las he ido reemplazando paulatinamente por cortos de whisky en los que ahogo el temor a quedarme solo que me embarga.

Un día me decido y lo llamo. No me contesta. Le escribo un mail. No me contesta. Pasan días, muchos días. Semanas. Vuelvo a repetir la rutina, mintiéndome de paso y diciéndome que su silencio no me dice nada, que no significa nada. Incluso llego a decirme que ya no me afecta (pienso en Neil Young: Doesn’t mean that much to me to mean that much to you). 

Pero miento. No es cierto que nunca me responda. La verdad es que a veces lo hace, como para mantener la tensión narrativa viva. Lo hace usando frases cortas, sin mayúsculas entre los puntos. Lo hace a la usanza de quien escribe algo al pasar. Con un dejo de cariño, sí, pero sin melancolía ni añoranza. Sin arrepentirse por el súbito alejamiento. Sin necesitarme para nada. Me doy cuenta de estas cosas con pesar.

Intento olvidarlo, pero no lo consigo. Me digo: "Fue cosa de una noche; ya pasó, ya fue; olvídate de él", pero no me lo creo. No me lo quiero creer. Recuerdo el almuerzo constantemente, pienso en sus ojos bien abiertos, cuando miraba directamente a los míos... No me queda muy claro qué es lo que quiero de él, pero siento que lo necesito. Pero más que eso: quiero que él me necesite a mí. 

Agoto mis recursos. Voy a todos los partidos de la Chile (en una ocasión me reconoce el sujeto del Burger King, el de la mano enguantada en cadenas, pero por alguna razón no dice ni hace nada). Voy a los de la selección. Voy a los entrenamientos de uno y otro equipo, llevando conmigo una pancarta en la que se puede leer una sola frase: Don’t Forget Me. Nada. Le mando mails con links a otras canciones de Mark Lanegan. Ya ni siquiera contesta esos correos famélicos. Lo llamo, ebrio. El buzón de voz me quita de encima la borrachera. Aún así le dejo mensajes lastimeros, en los que paso sin pausa del llanto a la ira, de la súplica al insulto. Le escribo poemas francamente malos. Le compro libros que no me atrevo a irle a dejar.

Nada. Se olvida de mí. No vuelvo a saber de él. 

A veces pienso que su confesión llegó muy temprano, en mala hora. Y que se arrepintió de haberme mostrado algo suyo que era tan íntimo. Que le dio vergüenza que lo viera así de vulnerable. 

Otras veces pienso que fui un eslabón más en una cadena interminable, que seguramente todavía no se cierra. Cuando pienso eso me avergüenza haberme creído especial. Lo imagino cocinándole carne de cerdo escalopada a veinte tipos más. 

Otras veces —las más de las veces— prefiero no pensar en nada.

Esto pasó hace años, como dije. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Dejé de hacer clases en ese colegio. Me afeité la barba. Subí de peso. Bajé de peso. Volví a subir de peso (ya irremediablemente). Pero hay noches —lo admito— en que todavía pongo el computador al lado de mi cama, antes de acostarme, y me quedo dormido, ya no escuchando a Mark Lanegan (ya no soy capaz de escuchar de Mark Lanegan), sino que viendo los goles de Salas. Veo una y otra vez aquel pase magistral de más de treinta metros que le dio el Coto Sierra en Wembley, y después lo veo aparecer a él en pantalla, amortiguar la pelota como si fuera un tesoro, acariciarla con cariño, con amor incluso, para luego despacharla con un zapatazo violento, furibundo, y entonces Salas desaparece del cuadro, y veo sólo a la pelota, y la veo alejarse despechada, siguiendo las órdenes de su dueño. Y es gol. Y yo cierro los ojos con una sonrisa en la boca, mientras adivino que a mi lado mi esposa no consigue conciliar el sueño, que se pregunta qué es lo que sucede, y que no entiende nada de nada. Y me quedo profundamente dormido.