viernes, 13 de febrero de 2015

DANIEL

Nuevamente  tenemos el agrado de presentar un relato de Gonzalo Vilo, promisorio escritor de la región y que ya cuenta con su primer libro publicado llamado Dark Side. En esta oportunidad, destacamos Daniel, inquietante relato acerca de un extraño profesor de ingles y un alumno algo especial.







        Eran las ocho de la mañana, y en la sala del primero medio B, reinaba un completo silencio. Acababa de llegar el señor Campos, el profesor de ingles, y todos, sin excepción, lo miraban expectantes.



- Good morning students – Los saludó a todos.

- Good morning Teacher – Le respondieron los muchachos enseguida. 



Al escucharlos, el hombre observó a todos con satisfacción y en su rostro volvió a nacer una hermosa sonrisa. 



Rápidamente se encaminó hacia su escritorio, que estaba vacío, y allí acomodo sus cosas, para luego comenzar a escribir en el pizarrón. A su espalda, los alumnos iban sacando sus libros y sus cuadernos desde sus empaquetados bolsos en silencio, a excepción de Hales, que tarareaba en voz baja una canción que estaba de moda.



- Ok.– Exclamó el senor Campos – Open your books on page 25 -.



Los muchachos no tardaron en llegar a esa página y luego observaron a Hales y le hicieron señas. Este dejó de cantar y sonriente comenzó a hojear su libro, pero su compañera de banco fue más rápida y encontró la 25 por él.



- Se habrán dado cuenta que allí hay una pequeña lectura – Dijo en voz alta el profesor – Pues bien, en la pizarra escribí un pequeño cuestionario, que ustedes deberán responder -.



De inmediato todos empezaron a leer, y, mientras tanto, el señor Campos fue paseándose por la sala, vigilando que cada uno estuviera enfocado en la lectura. Al pasar al lado de Toledo, le acarició un poco la cabeza y lo mismo hizo con Hales y Soledad; no obstante, cada vez que llegaba a cualquiera de los bancos, era muy notorio como los muchachos se quedaban rígidos en sus asientos. Hales, que miraba a todos con atención, fruncía el ceño y se rascaba con suavidad la cabeza y el mentón.



De pronto, mientras ponía especial atención a los movimientos de uno de sus compañeros, Hales notó que su profesor se dirigía con rapidez hacia el costado izquierdo de la sala. El muchacho lo vio caminar hacia aquel rincón con pasos firmes y luego detenerse justo frente al ultimo banco, en donde permaneció con los brazos cruzados y negando con la cabeza.



- Daniel – Lo escuchó gritar - ¿Es que se va a quedar allí sentado sin hacer nada? -.



Hales se quedó rígido en su asiento, pero luego, al darse cuenta que sus compañeros aun seguían pegados en el libro, volteo de inmediato y siguió con la lectura.



- Es increíble la desfachatez suya Daniel – Siguió mientras tanto el señor Campos – Todos sus compañeros en sus bancos, leyendo y respondiendo las preguntas, y usted… como siempre…-.



- ¿Por que esta….? – Quiso preguntarle Hales a su compañera de banco 



- shhh – Lo hizo callar ella – Sigue con la tarea por favor -.



El muchacho percibió cierto temblor en aquella voz y un tenue ardor en su rostro. No quiso insistir y volvió a la lectura.



Mientras tanto, los llamados de atención del profesor Campos continuaban, y su voz seguía retumbando en los oídos de todos quienes estaban en ese viejo salón. Era difícil pasarlos por alto.



- ¡Esto es increíble Daniel! – Volvió a gritar el hombre – ¿Acaso vas a flojear toda la clase?-.



Algunos murmullos se sintieron desde uno y otro lado de la sala. Hales observó a sus compañeros, y luego volvió a mirar al señor Campos, pero no se atrevió a decir nada.



- Mas encima no eres capaz de traer tu libro ni tu cuaderno, pero ¿Que digo?, no eres capaz de traer un misero lápiz – Siguió quejándose el profesor – Esto ya es vergonzoso -.



Aquel hombre, respirando con agitación y con el rostro acalorado, se dirigió hacia su escritorio. Con brusquedad abrió una de las gavetas y sacó un libro y un cuaderno, además de un lápiz, para luego volver al banco de al fondo y poner los materiales sobre la mesa.



- Ahora ya no tienes excusa Daniel – Desafió – Más vale que comiences a trabajar, o si no, me vas a conocer de verdad -.



Hales lo vio caminar de regreso a su escritorio y se fijó en sus manos temblorosas y en como negaba con la cabeza. Miró hacia atrás, hacia aquel banco del costado izquierdo, y volvió a fruncir el ceño, sin entender nada. Por último, al volver la vista, se dio cuenta que nuevamente era el único con la cabeza levantada, mientras el resto la escondía como avestruz, pegados al libro y a la lectura. No tardó en imitarlos.



- Oye ¿Quién es el Daniel? – Le preguntó a Soledad en voz baja.



La otra, sorprendida, miró enseguida al señor Campos. Se puso un dedo en los labios. 



- Shhh, no hables quieres – Susurró – Después te digo, ahora quédate callado y hace la tarea -.



Hales miró hacia un costado, y vio que otro también le hacia señas poniéndose el índice sobre los labios. 



- ¿Es que nadie….? – Murmuro molestó Hales - ¿Es que no…?



- Espera un poco – Lo tranquilizó Soledad – Al recreo te voy a explicar, no te enojes -.



Algunos minutos después, ya en el patio de juegos, un grupo rodeó a Hales y entre todos trataban de hacerse entender como podían, aunque era difícil con tantas voces juntas.



- Siempre hace lo mismo – Exclamó Soledad – Se va para ese banco y se pone a gritar –



- Algunos amigos del cuarto medio me dijeron que antes no era así – Aseguró un muchacho con un leve temblor en la voz – Algo tiene que haberle pasado -.



- Esta loco – Repetía Soledad – Deberían echarlo….está…. -.



- ¿Y quien es Daniel?– Preguntó Hales, todavía confuso.



- No se – Le respondió otro muchacho - Parece que era un antiguo alumno de él, pero nadie sabe nada -.



A pocos metros de ellos, en el sector de los baños, el señor Campos cerraba una puerta con llave y ya se encaminaba hacia la sala de los profesores. Al llegar, se encontró con sus colegas, a quienes vio cansados y ofuscados. La mayoría se quejaba de las mismas cosas y hablaban sobre el comportamiento de tal o cual curso. Nada extraño.



- Es increíble – Exclamaba una profesora ya mayor – Estos niños de ahora no tienen ningún respeto, ya no puedo enseñarles nada -.



- Son terribles – Apoyó otra – Vienen a puro a molestar y a calentar el asiento -.



El señor Campos, mientras tanto, se sirvió un café y luego tomó asiento en una de las sillas. Miraba y escuchaba lo que hablaban sus colegas y sonreía detrás de la taza y el humito del café.



- Y tu ¿como lo haces Guillermo? – Le preguntó una de las profesoras – Ese primero medio B es un desastre, pero contigo….. son unas blancas palomas -.



El hombre carraspeó y entonces dejó escapar un tibia risita. Miró a todos sonriendo y se encogió de hombros.



- No se que pasa – Respondió – No hago nada especial con ellos, la verdad -.





Los profesores, al escucharlo, guardaron silencio y se miraron. Algunos tosieron o carraspearon, pero nadie se atrevió a decirle nada. Solo cambiaron el tema, y se olvidaron de el como lo hacían siempre.






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