martes, 31 de marzo de 2015

CANCION DE AMOR

Hoy destacamos Cancion De Amor, clásico poema del gran William Faulkner














Caminaré, entonces, a través de un pasillo de profundidades

Cuidadosamente erecto (soy más alto de lo que parezco)

Hasta cierta puerta – – – y ¿me atreveré

a abrirla? Aliso mi pelo mental

Con una a menudo cambiante frase que reviso de nuevo

Hasta que he olvidado cual era en un principio;

Arreglo mi corbata: he traído un libro,

Entonces me siento: Hemos pasado lo peor.






Luego me sentaré entre prudentes tazas de té,

Consciente de una ligera transpiración en la frente,

(El olor de cigarrillos aromáticos siempre me molestará);

Me sentaré, tan evidentemente descansado,

Rígidamente erecto, decoroso mientras me arrodillo

Entre globos de dignidad sobre temas de conversación.




Y me atrevo

(Una vez más paso la mano sobre mi pelo)

Pero la ventana de mi mente se cierra, estoy en una sala

De conversación recargada, y de manos enjoyadas;

- – – Aquí uno lentamente desnuda el tallo de una flor.

Aquí se está demasiado cerca, me levanto y camino,

Tomo posesión de mí mismo sin ayuda.






Ahora, me atrevo,

¿Quién ve el brillo de la luz en el cabello intricado de ella?

Asumiré una pose estudiada, o me quedaré de pie —–

Oh, ¿Sr. . . .? Es usted tan amable . . .

De nuevo la puerta se cierra de un golpe dentro de mi mente.






No del todo….



Vuelve a poner una taza,



Devuelve y recoge una servilleta.




Mi lengua, un bastión donde se oculta una última serenidad leve,

Me falla: me retiro, me refugio

Consciente de las miradas sobre mis pies,

Y siento como si caminara sobre arena.






Aún así puedo levantar la cabeza un poco mientras.

El mundo gira tras una sonrisa pintada.

Y ahora, mientras la noche yace embalsamada sobre el oeste

Y un último y débil pulso de vida destiñe el cielo,

Seguiremos solos, mi alma y yo,

Hacia una cadencia hueca bajando por esta calle muerta;

Hacia un ritmo de pies

Ahora aquietados y caídos. Caminaré solo,

El que no tiene invitación y se atreve a no ir,

A dónde el festín se extiende ante amigo y enemigo,

Cuyo coraje obstaculiza la última puerta de indiferencia,

Que se atreve a no unirse a los mendigos en el arco de piedra.








Cambiar y cambiar: el mundo gira en torno a mundos,

Un momento giratorio

Y partículas de tierra en pulgares negligentes.

Ahora me iré solo,

Haré eco en calles de piedra, mientras llega la noche

Pisando espacio y ritmo, espacio y ritmo.

La última semilla que queda de belleza en mi corazón

Que he atendido con tanto cuidado, hoja y flor,

Cae en la oscuridad.






Pero es suficiente. ¿Qué es toda belleza? Qué, que yo

Debería elevar las manos con las palmas hacia arriba en dirección al cielo,

Qué debería temblar débilmente y quedar mudo

Ante alguna promesa críptica o un destello pálido; – -

¿Un movimiento repentino, una palabra, un grito?

El atardecer muere, y ahora que ha llegado la noche

Caminando por las calles inmóviles, como un monje, gris y mudo;



Luego vestido suavemente de gris, cae de nuevo;

ambién me levanto y camino, y muero en sueños,

Para el sueño es la muerte, y la muerte no es nada excepto un sueño descifrado.






Y caminaré por estas calles mientras pasa el tiempo

¿Roza suavemente mi rostro, mi pelo ralo?

Debería haber sido un sacerdote en pasillos de suelos desnudos

Agotando sus ojos en un manuscrito desgastado.






El mundo gira. Tacones altos y chales perfumados,

Máscaras pintadas, y besos de boca en boca:

El gesto de un bufón senil

Para hacernos reír.






He medido el tiempo, he medido el tiempo

Con la envergadura del pulgar y el dedo

Como alguien que busca una ganga: suena suficiente

Creo, pero ligeramente satisfecho;



Todavía hay suficiente para protegerme del frío,

Indecisiones momentáneas, cambio

Y soledad. ¿No repite cada arruga

- – el momento en que mido el tiempo, mido el tiempo –

La palabra, el pensamiento, el gesto vacío sin sonido

De él que tan valientemente ordenó una vez?






Primavera… muros ensombrecidos, y besando en lo oscuro.

Yo, también; una vez fui joven, también; he sentido

Toda la vida, en un mundo pequeño, dentro del que me derrito;






Y extraños movimientos lentos que se desvanecían que no pude ver

Conmoviendo el hermoso silencio sobre mí.






Envejezco, envejezco.

¿Podría caminar en mi jardín mientras la noche

Llega con dulzura,




Y ver a las doncellas del jardín bailando, blancas

Y tenues, a través de los lechos de flores?






Cogería frío: no me atrevo,

Ni a ver las estrellas nacidas de nuevo en el cielo

Eternamente jóvenes.






Envejezco, envejezco.

Sumergido en el oro solemne del fuego de la chimenea

Me siento, mirando las sombras agitadas, rojas y marrones

Flotar allí hasta que les molesto, entonces mueren ahogadas.






Mido el tiempo, mido el tiempo.

Veo mi alma, inquieta, despertar y subir

Un sueño repentino, y caer

Y gimotear, agolpándose cerca de mí en la oscuridad.






Y me atrevo, ¿quién construye sin parar un muro

De hora en hora, y día, y luego levanta un año



Que cae pesadamente en su lugar, mientras el tiempo




Roza mi rostro, mi pelo ralo, mi corazón

En el cual se esconde una belleza tenue largamente recordada?






Debería haber sido un sacerdote por pasillos de suelos desnudos

Cuya mano, fina por volver infinitas páginas

Se levanta, y golpea su rostro, y cae

Y remueve un polvo de tiempo amontonado grano a grano,

Luego busca a tientas el libro, y vuelve a él de nuevo.






Quién vuelve las páginas, quién vuelve de nuevo,

Mientras la oscuridad posa dedos suaves sobre sus ojos



Y enciende la luz de la lámpara sobre su frente, para despertarle, y él muere.



lunes, 30 de marzo de 2015

ESTRATAGEMA

Como todo lunes, destacamos nuevamente a una banda emergente de nuestra región. Estratagema, banda de Ovalle, presenta una propuesta interesante, caracterizada por un estilo influido por el metal y el rock progresivo. En definitiva, Estratagema es una banda muy recomendable que vale la pena oir




Informacion extraida desde http://megadestruction201.wix.com/estratagemachile#!info/c161y


      Estratagema nace en la ciudad de Ovalle a mediados del año 2013.  Su gestor es Raúl Venegas Castillo, guitarrista egresado del Diplomado de Rock, Metal y Progresivo del Instituto Profesional Projazz, Santiago de Chile.

Sus Integrantes son:

Juan José Marambio, Baterista autodidacta que a su corta edad posee una extensa trayectoria en el área del Metal Regional.

Daniel Araya, Bajista egresado de la Escuela de Artes y Música de Ovalle (Guitarra Clásica), el cual desde que tiene uso de razón ha estado ligado a la música.

La banda en poco tiempo ha recorrido gran parte de la región con sus presentaciones en vivo, y su trabajo ha sido muy bien recibido por los amantes del estilo Metal. 

También a tenido el honor de ser banda telonera de grandes del metal instrumental de Chile, como: Alejandro Silva Power Cuarteto, Claudio Cordero Band y Gonzalo Sanhueza trío.

Hoy en día la Banda está trabajando en la grabación de su primer disco debut, compuesto y producido por Raúl Venegas, el cual tendrá en su contenido ocho canciones en formato instrumental.

Estratagema actualmente trabaja bajo el respaldo de la productora Cuarta Nota de la ciudad de Ovalle, y de Mario Debia actual manager de la banda.



Los dejamos con una presentación en vivo desde el pub Duna








domingo, 29 de marzo de 2015

IVANA DE VIVANCO

En esta oportunidad daremos una mirada al trabajo artístico de la joven y prometedora pintora Chilena Ivana De Vivanco. Considerada una de las artistas con mayor futuro dentro del país, su estilo se caracteriza por llevar un lenguaje contemporáneo a escenas que remiten a la pintura clásica, ofreciendo gran cantidad de citas y guiños sobre la historia del arte. Ademas, Sintetiza al máximo los cuerpos que comparecen en la obra, haciendo que el realismo de la escena desaparezca, arrasado por el tratamiento pictórico que privilegia la mancha y el derrame.


















sábado, 28 de marzo de 2015

ESPERAR

Hoy sábado presentamos el trabajo de Francisca Gallardo, Chilena residente en Santiago, que incursiona en diversas facetas del arte, una de ellas es la poesía desde donde extraemos el poema Esperar, esperamos lo disfruten









Un anhelo escondido por una nueva experiencia de belleza 

y paz interior.

A veces nos sentimos como hamsters en una Jaula. 

Detener el vértigo, soltar el pedal, escuchar, oler y degustar.

Encontrar o que llegue a tí un nuevo significado.

Dicen que para todas las cosas existe un momento, 

espero que la fruta madure pronto de esa vieja semilla plantada.

Abrirse al presente y aguardar.

A veces sólo cabe esperar que todo salga bien.








viernes, 27 de marzo de 2015

UN ENCARGO ESPECIAL


En esta oportunidad hemos querido publicar el trabajo del joven y prometedor escritor mexicano Daniel Ferrera. Anteriormente hemos destacado otra variante de su obra, mas ligada al ensayo y la filosofia, pero ahora tenemos para ustedes un cuento de este versatil artista que nos parece digno de mas realce y atencion.








     Quizás la primera muestra de perturbación de mi madre, ocurrió aquella mañana de Octubre cuando despertó exasperada. Hasta a mí, que descansaba en la habitación contigua a su pieza, me había llegado un rumor, un como gemido o sollozo entrecortado que al cabo de unos segundos distinguí inusual. Confundido, removí la manta curtida que abrigaba la mitad de mi cuerpo y caminé descalzo por el estrecho pasillo que comunicaba a su alcoba. Recuerdo que al cruzar, el piso de azulejos estaba helado y las paredes reflejaban sus costras desnudas en la claridad de la mañana. Al llegar a su cuarto, me sorprendió muchísimo advertir que un cuerpo de sombras se filtraba por el resquicio del marco oxidado de la puerta. Entonces, revisé la manija y se encontraba floja. Poco a poco mi brazo fue descubriendo el ropero, sucio y viejo, acomodado en una de las esquinas, y las figuras de porcelana por encima de él. Mi madre, que se hallaba del lado derecho, estaba sentada junto a la cómoda y el tocador. Sus ojos grandes y cansados giraban en sus paredes cóncavas y sus palmas y dedos agarraban con fuerza las sábanas. El cabello le cubría la frente y los hombros, humedeciendo el collar de cuencas y el camisón azul. “¿Qué pasa?” le pregunté desconcertado, colocándole una mano sobre su rodilla. Pero ella continuaba con la mirada perdida y balbuciendo unas palabras inaprensibles. Después de un breve lapso, al final, su voz estentórea irrumpió: “Nada cielo, creo que sólo he tenido una pesadilla.” Sin embargo, yo sabía que lo acontecido no tenía precedente, pues, aunque mi madre fingiera mostrar una sonrisa conciliadora, en el aire se percibía un olor viciado, una mezcla de azufre y de humedad; y de las ventanas pendían gotas oscuras. A pesar de ello, creí estar siendo burlado por mis sentidos, quizás a causa del cansancio o del sueño, y decidí dejar a mi madre a solas para que respirara más libre.




En las horas posteriores, la calma fue esparciendo sus raíces rugosas con la claridad del día salvo por la serie de incidentes que un ojo menos agudo y provisto hubiera tomado por normales o fantasías. Mi hermana Ilse, que se encontraba en su cuarto, había salido para dirigirse a la sala cuando notó que mi madre desprendía del cesto de la basura unos terrones de azúcar y los lanzaba al aire repetidamente. “¿Qué haces?” le preguntó mi hermana, sin otorgarle tanta importancia, y se recostó en el rellano del sofá. Sus dedos pálidos y huesudos salían por un extremo de la cabecera y trataban perezosamente de entrecruzarse. Yo, en cambio, me distraía en la mesa de vidrio hojeando un grueso manual de contaduría. En la sala, ya el viento caluroso comenzaba a prenderse como oruga de los rincones del techo; y las vasijas y las copas adquirían tonalidad radiante. Desde el fondo de la cocina, y de espaldas a mi hermana, mi madre alcanzó a espetar: “¡Claro, con esto será suficiente!” y se encaminó convencida hacia la mesa del centro para sentarse a mi lado. “Ilse, hija, acércate aquí. Tengo algo que contarles.” Después, hubo segundos de silencio y esperó mirándonos a los ojos que le prestemos atención:




-Hoy por la mañana, mientras dormía, un hombrecito de astrosas vestiduras, vino a visitarme entre sueños y me ha dicho que nos depara una ocasión muy especial…que en la noche volvería para hacerme un pedido.




-¡Qué! ¿Pero cómo es eso posible?- Le señalé a mi madre asentando una mano sobre la suya.




- Si Aurelio, ni yo misma lo entiendo. ¡Pero todo fue tan real! Que…




-¡Ay mamá sólo es un sueño!-intervino mi hermana, aburrida.-No tienes por qué temer.




-¿Y cómo era este hombrecito Madre?- repuse ofuscado aunque internamente incrédulo.




-Moreno, su piel era como de barro. Tenía los ojos grandes y la nariz ancha perfilada hacia afuera. Sus labios eran gruesos y resecos. Cuando hablaba su boca se extendía hacia las orejas mostrando unos dientes amarillos y filudos. Daba la impresión de alimentarse de animales muertos o desperdicios. No podría determinar exactamente la longitud de su vida, pero sin duda era adulto. 




Nos quedamos asombrados. Lo anterior, sencillamente nos parecía increíble, una historia motivada por algún recuerdo, una imagen de la infancia, provista de superstición, de mito o hechicería. Acordamos que lo mejor era que mi madre reposara, no claro, sin la supervisión pertinente.




Al caer la noche, una aurora de intranquilidad nos abarcó a todos. El silencio se hizo más subterráneo, hundió sus fauces en los cimientos de la casa. Desde los dormitorios, si uno prestaba atención podía distinguir sin esfuerzo el motor de la nevera encendido, las aspas del ventilador en la pieza de a lado, el centellear de la bombilla al rose del insecto. El viento proveniente de la calle era tenue y se plegaba con suavidad a las sábanas. Por ratos, algún perro se oía a lo lejos o un automóvil pasaba rápido. Nosotros estábamos al borde del menor ruido, del menor indicio que pudiera alertarnos sobre el estado actual de mi madre. Sin embargo, conforme fueron avanzando los minutos un sopor con aroma de lavanda nos fue envolviendo en su letargo de sueño y flores y nos fuimos quedando lentamente dormidos.




Al amanecer, un grito espantoso nos despertó a todos y nos apresuramos a correr al cuarto de mi madre. Al llegar a la puerta- esta vez estaba cerrada con manojo- me sentí forzado a darle de golpes y de tumbos en su respaldo de cedro para que se abriera. El tiempo parecía interminable y la manija no cedía hasta que al fin, desde el interior de la alcoba, se oyeron unos pasos aproximarse con lentitud y girar la manija con suavidad. “¡Viste Aurelio, te dije que era real!” soltó mi madre, agarrándome la cara, y nos señaló a Ilse y a mí que mirásemos al suelo. Y efectivamente, en el piso aderezado con terrones de azúcar habían quedado grabadas las huellas pequeñas de un hombrecito. Las pisadas del diminuto ser dejaban un rastro fresco y peculiar que abarcaba desde la puerta de cedro hasta la cama. Alrededor del camino glaseado algunas hormigas formaban una hilera cargando sus prodigiosos miligramos y del costado izquierdo de la recámara podía divisarse una cajetilla de fósforos. “¡Qué pasó!, ¿estuvo aquí otra vez?” preguntó estúpidamente mi hermana Ilse y atravesó la puerta mirando hacia todos lados. Yo, en tanto, esperaba ansioso la respuesta de mi madre mientras trataba de calmarla. En el lugar había quedado algo de pernicioso que invitaba a salir de prisa. El aire estaba cargado de un olor denso y soporífico; y de las ventanas pendían las gotas oscuras. Al fin, mi madre se apresuró a decirnos lo que pasaba:




-Ayer por la tarde, mientras escoraba las ollas en la cocina, no sé por qué tuve la necesidad de mirar al suelo y me llamó la atención unos terrones de azúcar que lucían brillantes en el cesto de la basura. Los gramos de azúcar, estaban mojados y adheridos a una hoja de papel china muy próximos a la superficie. Se me ocurrió que podía demostrar el paso del sueño a la vigilia de este increíble hombrecito si lograba marcar sus huellas utilizando los terrones de azúcar.




-¿Y qué fue lo que te dijo?-preguntó mi hermana avanzando los brazos.




-Pues me encargó que le preparara un almuerzo para cien personas- repuso a secas mi madre-




-¡Pero cómo! ¿Eso es lo que quería?-le reclamé un tanto irritado y sin entender el motivo-¿Y qué clase de almuerzo se le antoja al hombrecito?-volví a insistir sin ganas.- 




-Uno en cuya elaboración debemos participar todos. No puede faltar ningún ingrediente. En esto fue muy preciso.




Ilse y yo nos volteamos a ver unos segundos y comprendimos que lo que decía mi madre era importante. Luego, nos interesamos por saber de dónde obtendríamos el dinero y el modo de prepararlo, a lo cual ella contestó que no nos preocupáramos; que ya contaba con lo necesario y que sólo faltarían los condimentos y la carne.




En los minutos siguientes, una intensa agitación se desató por los corredores de la casa. Ilse y yo andábamos de un lugar a otro apurados en alcanzarle los utensilios. En la meseta, ya habíamos logrado colocar dos ollas aptas para preparar la comida: una, para sancochar los huevos y la otra para hervir el espinazo y los codillos. Mientras tanto, mi madre-que se encontraba a la derecha- se esmeraba en cortar a rajas el tomate, la cebolla, el chile dulce y el epazote; y le encargaba a mi hermana Ilse los kilos de garganta y muslo que habría de comprar junto con los sobres de recado.




El tiempo, parecía avanzar de prisa a medida que nosotros íbamos cocinando. Yo no podía dejar de mirar los brazos hirsutos y morenos de mi madre que se movían feroces agitando sus esclavas de oro. Veía cómo se le tensaban las venas y lo largo y quebradizo de sus vellos. En el aire ya podía sentirse el olor fragoso del caldo de verduras, desprendiéndose de la olla hirviente y la tarde empezaba a poblarse de nubes espesas y graznidos de pájaros. Nosotros, seguíamos a la espera de que mi hermana Ilse volviera pronto con el encargo que le habíamos pedido mientras un presentimiento comenzaba a apoderarnos: de los cristales de las ventanas habían empezado a brotar algunas gotas oscuras y los follajes de los árboles se mecían con estridencia. De golpe, un ruido sordo se oyó caer afuera de nuestra casa junto a la puerta de vidrio. A través del pálido cristal, sin embargo, pudo distinguirse el bulto oscuro de una bolsa de basura. Mi madre, desconcertada, me indicó rápido que me dirigiera hacia la puerta y al abrirla pude leerle una temblorosa inscripción que decía: ”Aquí le traigo la carne señora” a lo cual ella agregó “ y esa tu hermana que no regresa.”







jueves, 26 de marzo de 2015

PABLO CIFUENTES CID

Este jueves queremos dar una mirada al prometedor trabajo de Pablo Cifuentes, Vinamarino y dueno de un estilo melancólico que intenta reflejar la soledad del ser humano. Pablo intenta trabajar los aspectos más plásticos de la imagen fotográfica, logrando efectos pero siempre con un sustento potente como mensaje. 






















miércoles, 25 de marzo de 2015

FANTASIA

Este miércoles lluvioso hemos querido destacar a un escritor chileno de esta nueva generación literaria que ha dado mucho que hablar. Alejandro Zambra, el escritor de Mis Documentos y Bonsai es el autor de este relato llamado Fantasía que recomendamos de todas maneras




1

      Fue en 1996, cuatro o cinco meses después de la muerte de mi padre. Tal vez es mejor que empiece por esa muerte, por ese final. No lo sé. En ese tiempo mi padre era mi enemigo. Yo tenía veinte años y lo odiaba. Ahora pienso que odiarlo era injusto. Mi padre no merecía ese odio. No sé si merecía amor, pero estoy seguro de que no merecía ese odio.

Acababa de comprar, con sus últimos ahorros, un camión Ford del año 88, blanco, en buen estado. El día que se lo entregaron lo estacionó a dos cuadras de nuestra casa, pero a la mañana siguiente murió –murió de un ataque al corazón, al igual que su padre y que el padre de su padre- de manera que durante varias semanas el camión permaneció a la intemperie, estorbando el tráfico. Después del funeral mi madre decidió viajar al sur, volver al sur, en realidad, obedeciendo, quizás, a un plan largamente meditado. No quiso decirme que se iba para siempre. No me pidió que la acompañara. Me quedé, entonces, con la casa y el camión, que una mañana, envalentonado por la soledad, conduje con cuidado por los pasajes aledaños hasta dar con un sitio donde dejarlo.

Pasaba los días medio alcoholizado, viendo películas en la cama grande y recibiendo con hosquedad las condolencias de los vecinos. Era, por fin, libre. Que esa libertad fuera tan semejante al abandono me parecía nada más que un detalle. Dejé la carrera, sin pensarlo demasiado, pues no me veía, de nuevo, por tercera vez, estudiando para el examen de Cálculo I. Con el dinero que me enviaba mi madre me bastaba, por lo que no me acordé del camión sino hasta la noche en que vino el Luis Miguel a pedírmelo. Recuerdo que abrí la puerta con temor, pero la amabilidad de Luis Miguel de inmediato despejó las sospechas. Tras presentarse y disculparse por la hora, dijo que había sabido que yo tenía un camión y quería proponerme que se lo arrendara. Yo puedo conducirlo y pagarte una suma mensual, dijo. Le respondí que el camión me interesaba poco o nada, que mejor sería, para mí, venderlo. Me respondió que no tenía dinero, que al menos lo intentáramos un tiempo, que él mismo podía encargarse de encontrar un comprador. Se veía desesperado, aunque luego comprendí que no, que en su caso la desesperación era más bien un hábito, una forma de ser. Lo invité a pasar, le ofrecí papas fritas y cerveza y lo que sigue es lo de siempre: tomamos tantas cervezas que al día siguiente desperté junto a él, con el cuerpo dolorido y muchas ganas de llorar. Luis Miguel me abrazó con cautela, casi con cariño, e hizo una broma que no recuerdo, una frivolidad que matizó la tristeza y que agradecí o creí agradecer con la mirada. Enseguida cocinamos tallarines e improvisamos una salsa aguachenta y esta vez bebimos dos cajas de vino.

Le había prometido a su mujer que ya no se acostaría con hombres. A ella no le importaba que se metiera con otras mujeres, pero le preocupaba mucho que se acostara con hombres. Por entonces yo ya tenía claro que no me gustaban las mujeres; en un principio me había acostado con mujeres de mi edad pero luego exclusivamente con hombres, casi siempre mayores, aunque no tanto como Luis Miguel, que tenía cuarenta y cuatro años y dos hijos y estaba cesante.

Te contrato al tiro, le dije, y reímos mucho rato, ya de vuelta en la cama.

Los brazos de Luis Miguel eran dos o tres veces más gruesos que los míos.

Su verga era cinco centímetros más larga que la mía.

Y su piel era más oscura y más suave que la mía.

Al mes siguiente Luis Miguel me invitó a La Calera y después a Antofagasta y desde entonces ya no fueron necesarias las invitaciones: durante un año y medio trabajamos juntos, en sociedad, repartiendo las ganancias. Transportábamos lo que fuera: escombros, verduras, madera, frazadas, fuegos artificiales, sospechosas cajas sin rotular. No diré que esos viajes se nos hacían cortos; nos divertíamos, aliviábamos el camino riendo, contándonos la vida, pero de a poco la carretera iba borrando las palabras y aguantábamos los últimos kilómetros con un molesto resuello. Al regreso pasábamos un día entero durmiendo y luego hacíamos el amor hasta saciarnos, o hasta que a Luis Miguel le entraba la culpa, lo que sucedía con frecuencia, cotidianamente; de pronto interrumpía las caricias para llamar a su mujer y decirle que estaba cerca de Santiago, y yo aceptaba sin reclamos esa comedia pues sabía que no era, en realidad, una comedia. Uno de mis hijos tiene tu edad, me dijo una noche, con los ojos inyectados no de sangre o de rabia, como dicen; lo que había en sus ojos era un pudor negro e insondable que entonces yo no entendía ni entiendo ahora ni entenderé nunca.

2

Es un amigo, le dije a Nadia.

Luis Miguel la saludó con vergüenza; pasó desnudo, acababa de despertar, eran las diez o las once de la mañana, y Nadia sonrió o esbozó una sonrisa: había venido a pedirme que la ayudara con la mudanza, ya no aguanto a mis padres, me dijo, y yo no pedí precisiones pero ella se lanzó a hablar con la nerviosa calidez de siempre. Enseguida fuimos, los tres, a buscar el camión, y luego a casa de Nadia, donde trabajamos con el llanto de mi amiga y los lamentos de su madre como ruido de fondo. Después, durante el viaje, Nadie ya no lloraba sino q reía con ganas, con una especie de vértigo. Fuimos desde Maipú a un departamento pequeño en Diagonal Paraguay donde pensaba vivir junto a una amiga. Era un sexto piso, sin ascensor, pero la mudanza fue sencilla, pues sus cosas (“mis posesiones”, decía ella) eran apenas un colchón y dos maletas y seis cajas con libros. En el camino de vuelta Luis Miguel me preguntó por Nadia y le conté que la conocía desde hacía años, desde niños, que era mi mejor amiga o que al menos había sido, alguna vez, mi mejor amiga.

Dos semanas después tuvimos que rehacer el viaje. Recién volvíamos de Valparaíso cuando Nadia llamó y me suplicó que la salváramos de su amiga, una loca, me dijo, una imbécil que cree que soy su nana. Sólo al final del trayecto entendí que Nadia no regresaba a su casa sino a la mía. Lo hablé con tu mami, me dijo, se puso feliz al saber que viviríamos juntos. Contrariamente a lo que yo esperaba, a Luis Miguel no le desagradó la idea.

Tenemos que buscar un nombre de fantasía, dijo Nadia, esa misma noche, mientras jugábamos scrabble. ¿Para qué? Para nuestra empresa de mudanzas, respondió, con alegría y solemnidad: No más viajes largos, no más carreteras, dijo, y estuvimos de acuerdo, y dedicamos lo que quedaba de noche a elegir el nombre de fantasía, y al final elegimos ése, fantasía, por sugerencia de Nadia, naturalmente: el mejor nombre es fantasía, Mudanzas Fantasía, sentenció, y nosotros aceptamos, felices.

Al día siguiente Nadia diseñó los carteles y compró overoles para los tres. Dos semanas más tarde tuvimos nuestro primer cliente, un abogado a punto de casarse que se mudó a una casa grande en Ñuñoa, y en adelante ya no paramos: en este barrio la gente se cambia mucho de casa, es como un virus, decía Nadia cada vez que nos preguntaban qué tal iba el negocio. Pintamos el camión con unos dibujos extraños que a Luis Miguel le parecían horrorosos, tenía razón, pero nos agradaba la idea de romper ese paisaje uniforme de casas pareadas con el extravagante camión de la mudanza. Nos gustaba esa nueva vida semiempresarial, pasábamos horas haciendo planes y arreglando la casa con las numerosas donaciones que nos dejaban los clientes. El living se llenó de lámparas, sillas cojas y baúles desencajados.

Una mañana llegó, de improviso, mi madre. Por entonces, a casi tres años de la muerte de mi padre, rara vez hablábamos por teléfono. Solía enviarme, eso sí, cartas extensas y cariñosas, escritas con una caligrafía liviana y una cantidad asombrosa de puntos suspensivos (El sur… es el lugar más lindo del universo… Osorno es una ciudad tranquila… donde he vuelto a encontrarme con… mis hermanas). Era el día de mi cumpleaños, pero no esperaba, por cierto, su visita, ni mucho menos que abriera la puerta con su antigua llave y entrara a la que había sido su pieza y me viera durmiendo abrazado a Luis Miguel.

Mi madre echó a llorar o a gemir, yo intenté calmarla pero gritaba más. Nadie y su amigo – ancla –una especie de novio con el que se acostaba de vez en cuando- por fin aparecieron; el amigo – ancla se marchó, Nadia preparó con prisa dos nescafés, y se encerró con mi madre todo el día. Luis Miguel quiso quedarse, acompañarme, escuchar conmigo el llanto y los gritos y los misteriosos paréntesis de silencio que provenían de la pieza vecina. Salieron recién al caer la noche. Mi madre me abrazó y le tendió la mano a Luis Miguel y comimos el queso y los pasteles y el enguindado que había traído y se emborrachó tanto que insistió en que cantáramos el Cumpleaños Feliz. No todos los días estás de cumpleaños, dijo mi madre antes de empezar a cantar y a mover las manos.

Luis Miguel ya casi no veía a su familia pero esta vez debió retirarse a medianoche. Yo dormí en la pieza de Nadie y Nadia a mi lado, en un roñoso sofá – cama que nos habían regalado hacía poco. Mi madre durmió en la cama grande y se fue muy temprano. Dejó una nota y veinte mil pesos encima de la cama.

La nota sólo decía: cuídense.

3

Teníamos mucho trabajo, pero nos agradaba. Pensábamos, incluso, comprar un segundo camión y tal vez contratar a alguien más. Pero la historia terminó de otro modo:

Luis Miguel venía muy nervioso, con una botella de whisky en la mano; es un regalo, nos dijo, ustedes son mis amigos, tenemos que celebrar, ustedes tienen que alegrarse con la noticia. Y temí lo peor. Y no me equivoqué: después de varios años postulando habían conseguido el subsidio para una casa propia, por lo que a fines de mes se mudarían lejos (pero ese no será el problema, seguiremos trabajando juntos, dijo), a Puente Alto, a una casa un poco más grande. Recibí sus palabras con rabis y tristeza. No quería llorar, pero lloré. Nadia también lloró, aunque no le correspondía llorar. Luis Miguel alzó la voz, como adelantándose a una escena que tal vez había ensayado ante el espejo –parecía fuera de sí, pero era sólo eso, una apariencia: gritaba y golpeaba la mesa con un énfasis falso. Habló de futuro, de sueños, de hijos, de oportunidades, de un mundo real que nosotros no conocíamos. Sobre todo habló de eso, de un mundo real que nosotros no conocíamos. Nadia respondió por los dos: le dijo que el 31 de octubre, a las nueve de la mañana, estaríamos en su casa, que anotara la dirección, que embalara los muebles con cuidado; Mudanzas Fantasía te regalará este viaje, saco de huevas, pero ahora ándate de una vez y empieza a buscar otro trabajo.

Los días siguientes fueron horribles. Horribles e innecesarios.

La mañana del 31 llegamos con quince minutos de retraso. Luis Miguel vivía en una casa interior, un antiguo sitio para inquilinos que arrendaba por muy poco dinero. Nos recibió uno de sus hijos, el mayor, el que tenía mi edad, pero se veía más viejo que yo –se veía, incluso, más viejo que su padre, a quien sin embargo se aprecía: las mismas cejas pobladas, sobrepoblados, los ojos negros, el invariable sesgo oscuro en las mejillas, el cuerpo grande y bello. El hijo menor era un niño muy moreno de seis o siete años que se paseaba de un lado a otro leyendo una revista. Su mujer era amable. La tosquedad de sus rasgos contrastaba con su mirada despierta; se hacía difícil no corresponder a esa mirada con un saludo ruboroso. Nos ofreció té y no aceptamos, nos ofreció pan con mermelada de mora pero nos excusamos; no queríamos sentarnos con ellos a la mesa, debía ser un trabajo rápido, debíamos mirar poco, lo justo. Pero Luis Miguel me buscaba, con esa desesperación seca que yo había entrevisto algunas veces, y que ahora se mostraba en plenitud.

Viajamos los tres en la cabina, en completo silencio. La mujer y los hijos llegarían más tarde, de manera que hubo tiempo para despedirnos. No volveremos a vernos, le dije, y él asintió. Nadia lo abrazó con cariño. Yo no lo abracé: yo salí y esperé a mi amiga afuera durante dos o diez minutos interminables. No lo habíamos hablado, pero Nadia y yo sabíamos que queríamos dejarle el camión. Caminamos muchas cuadras en busca de una micro. Tras un viaje eterno llegamos a casa, de la mano.

Hace un par de semanas Nadia ha comenzado a trabajar de secretaria. Sale muy temprano, me deja libros y cigarros y a su regreso bebemos largas tazas de té. Tal vez deberías escribir esta historia, me dijo esta mañana, antes de irse.

Listo, Nadia, ya la escribí.

martes, 24 de marzo de 2015

10 CONSEJOS DE JULIO CORTAZAR PARA ESCRIBIR UN CUENTO

Julio Cortazar se destaco por dominar muy bien géneros literarios como la novela y el cuento. Sabia muy bien como llegar al lector, imbuyendolos rápidamente en el mundo que deseaba crear. El día de hoy les queremos mostrar diez de sus consejos mas útiles para escribir un cuento. Espero que a los futuros escritores les pueda servir.





1 – No hay leyes para escribir un cuento, solo puntos de vista

“Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”.

2 – El cuento siempre tiene una unidad de impresión de una historia

El cuento es “…una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia”… “Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos”.

3 – A diferencia de las novelas el cuento debe ser contundente

“Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos”.

4 – En un cuento solo existen los buenos y malos tratamientos

“…en literatura no hay temas buenos ni temas malos, solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema”. “Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka”… “Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos y ciertos lectores”.


5 – En un buen cuento se deben de saber manejar tres aspectos: significación, intensidad y tensión

“…el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo… El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo… al punto que un vulgar episodio doméstico… se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico… los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada”… “La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente, se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista”.

6 – El cuento es un mundo propio

Señala Horacio Quiroga en su decálogo: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

7 – El cuento debe tener vida

“…cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo”.

8 – El narrador no debe dejar a los personajes al margen de la narración

“Siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra”. “La narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa… en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí”.

9 – Lo fantástico de un cuento solo se logra con la alteración de lo normal

“El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia”… “Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado… la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural”.

10 – El oficio del escritor es imprescindible para escribir buenos cuentos

“…para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión… tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor”.




lunes, 23 de marzo de 2015

TODO O NADA

La banda de este semana en Experimental Lunch nació el 2006 en La Serena, Todo o Nada es su nombre y desde hace nueve años se desenvuelve con éxito en la escena hard core punk de la region



Resena extraida desde http://rockdesdelaivdimension.blogspot.com/


Resulta incuestionable que la forma de hacer hard core punk, por lo menos en la cuarta región, ya no es la misma que en antaño. Hoy en dia la cuestión ideológica parece no ser un cimiento obligado a incorporar en la estructura global de una banda del estilo, y el “inconformismo social” o “rebeldía al sistema” se manifiestan de una manera menos extrema que antes, aunque no por eso perdiendo el sentido y propósito último, que es presentado al oyente a través de mensajes en las letras de los temas, o indirectamente a través de la actitud misma mostrada dentro y fuera de los escenarios, buscando reacción o concientización en el público receptor. La música también ha transado su tradicional línea, antes directa y en plan de consecuencia con la ideología, hoy con una variedad no menor de fusiones con múltiples estilos, pareciendo no haber ya una linea estándar, siendo mas bien esta de formato totalmente libre en estilo y en sonido. TODO O NADA es una de esas bandas que serían un claro ejemplo de esta moderna forma de hacer hard core punk, que a la hora de extrapolar el asunto a lo foraneo, es como citar lo hecho por NOFX en la primera mitad de los noventa en tierras gringas, donde marcaron precendente. Es un hardcore punk que encanta a muchos por sus pegajosas melodias y entretenidos cambios de ritmos (llámenle “californiano” o como quieran), que en general, las bandas plasman a través de un sonido pulcro y asequible a primera escucha. “Renacer”, la reciente producción en audio de la banda, nacida hace poco mas de 7 años atrás en La Serena, pone de manifiesto las lineas recién escritas. Han tenido una muy buena acogida, de acuerdo a lo que vemos en las redes sociales, y es una banda que ha comenzado a tener un protagonismo en alza en las tocatas de turno, y sus temas ya empiezan a ser conocidos por una cantidad considerable de personas, recordando la manera en como Machuca se dio a conocer en sus tiempos, y si bien no son los precursores ni los únicos que hacen este estilo en la zona, son una banda que se mueve muy bien en todo este tejemaneje.

Los dejamos con una presentacion que realizaron el 2010 para pepsi al maximo






domingo, 22 de marzo de 2015

MARIA BELEN LOPEZ

El pasado día jueves presentamos el trabajo fotográfico de la argentina Maria Belén Lopez, hoy  domingo queremos destacar una nueva faceta de esta artista trasandina y que son sus dibujos, de un estilo bastante original
























sábado, 21 de marzo de 2015

HOMENAJE A UNA FLOR

Homenaje a una flor del poeta coquimbano Carlos Nora es la nueva publicación de Experimental Lunch. Breve y hermoso poema que hemos querido destacar para este sábado.










La encontré muerta

Marchita a la vera del camino

Ahora ella

Resucita en un poema

Es un símbolo







viernes, 20 de marzo de 2015

DESDE LO DEL ELVIS

Nuevamente volvemos a destacar a Veronica Pinciotti, joven escritora mexicana que ha querido compartir un nuevo relato en Experimental Lunch. En esta oportunidad, hemos elegido Desde Lo Del Elvis






     Comencé a salir con U. una o dos semanas ha; pongamos dos semanas antes del evento en Elvis. El evento en Elvis es el parte aguas del rollo que quiero sacarme de encima. Sucedió una noche de viernes en que salí con U. a un bar de la Juárez (por aquel entonces aún no vivía con U.), a beber cervezas con una amiga suya y su novio. Entramos a un bar en Génova y bebimos y hablamos; mejor dicho, ellos hablaron, lo que es yo, no tuve tema de conversación, ¿quién lo tendría en medio de una charla entre viejos amigos? Afortunadamente, no duró demasiado. A las nueve de la noche, o poco después, la amiga de U. se excusó y se fue. Nada de lo que ocurrió durante dicha velada es rescatable.



Una vez en libertad, decidimos ir a casa, a casa de U., a pasar la noche juntos en cama, a platicar, a ver películas, a hacer el amor, no sé. Sin embargo, camino a casa me vinieron ganar de orinar; U. dijo: malditas mujeres, siempre tienen ganas de orinar, ¿por qué no fuiste antes de salir del bar? Sí, fui, me defendí. Lo ves, dijo él, eso fue hace menos de dos minutos: malditas mujeres. Propuse entrar al primer bar que se nos posara enfrente, para entrar al sanitario, a cambio de lo cual yo invitaría a U. un par de rondas. U., por supuesto, aceptó; era un borracho de primera y hubiese aceptado cualquier cosa a cambio de cerveza, su lema era: en segundo lugar amo la cerveza, en primer lugar, la cerveza cuando la paga alguien más, o así, no recuerdo con exactitud. Podía manipularle con cerveza como a un niño con dulces.



Caray, encontramos un bar a la vuelta de la esquina, entramos, y dentro, encontramos otra cosa más: Andrea. Pasé directo al sanitario sin mirar a Andrea. U. se acomodó en una mesa. Cuando salí del sanitario sucedió lo inevitable: Andrea me vio. Me saludó efusivamente, me abrazó, me besó las mejillas. Cuando pude zafarme, le dije: Andrea, él es U., es mi novio. Andrea le saludó y se instaló con nosotros. Luego, los amigos de Andrea se instalaron con nosotros también. La situación cambió. Ahora yo tenía viejos amigos a la mesa. U. no se incomodó. U., cuando bebe, es sociable. Se adaptó a Andrea y a sus amigos mejor de lo que yo misma me adapté a los amigos de Andrea, y a la amiga de U. Por ello, cuando Andrea propuso ir al Elvis (me entusiasmé; el Elvis es un sitio de mi predilección), no tuve que rogarle para que aceptara irnos con ellos. U. no conocía el Elvis ni sabía de qué iba el antro; aceptó porque entre los amigos de Andrea iba una chica. Estoy segura de ello, aunque U. lo negó después, cuando hablamos de todo lo ocurrido en Elvis.



Como preámbulo, debo decir que Elvis es un sitio para bailar (U. no sabía bailar), y Andrea es un chico al que conocí hace dos o tres años antes y del que me enamoré, o creí enamorarme, y luego olvidé, y reencontré aquella noche en aquel bar. Sin embargo, jamás ocurrió algo entre Andrea y yo, cosa que le juré a U. más de cien veces; entiendo que no lo creyera porque en Elvis, al calor de las cervezas y de los bailes, me acerqué demasiado a él. U. lo notó y se alejó y me dejó hacer mientras él se acercaba a la chica que venía en el grupo de Andrea y la seducía (siempre negó que sus intenciones fueron las de la seducción).



Todo es confuso. Ambos, U. y yo, bebimos tanto que no supimos exactamente qué pasó. Lo analizamos en pláticas de horas, posteriores, durante más de veinte días, de las cuales dedujimos algunas cosas, por ejemplo, que U. se besó con X., la chica del grupo de Andrea. Ello quedó claro, no había duda: U. lo recordaba casi con certeza. A pesar que negaba haberse acercado a ella en plan de ligue, estaba seguro de que lo hizo; dice: lo hice por venganza, tú andabas de puta y me dije: bueno, pues total. Por mi parte niego haberme besado con Andrea, cosa que asegura U. Dice: Andrea te gusta, no lo puedes negar. En una de las versiones, al ver que yo me besaba con Andrea, U. me cogió del brazo y me insultó. Es la versión más inverosímil porque U. estaba disfrutando con X. En otra, fue hasta salir del antro, camino a casa, que U. me reclamó, y yo dije: sí, me gusta Andrea. La última versión es verosímil, pero la negué. Es verdad que siento atracción por Andrea, es muy posible que bajo los efectos del alcohol me le haya lanzado, hay algo en él que me es irresistible. Sin embargo, soy fiel a U. y le respeto, y si lo pienso detenidamente, no, no me siento atraída por Andrea.



En discusiones subsecuentes, U. logra convencerme de que besé a Andrea, que fui yo la que inició todo, la que se declaró esa noche a él. La semana siguiente volvimos al bar y volvimos a encontrarnos con Andrea. U., al mirar el modo de comportarse de él, me dijo: ¿lo ves?, no actúa normal, algo pasó entre ustedes aunque no nos acordemos.



Mis recuerdos e impresiones son los siguientes: encuentro con Andrea en el bar. Temor de que me sepa con U. Entusiasmo sincero. Inquietud por saber si Andrea y U. se entenderán. Tranquilidad al observar que todo marcha entre ellos. Emoción por la propuesta de Andrea de ir al Elvis; antipatía por U., por no haber sido él quien lo propusiera sabiendo que disfruto mucho ir allá. Alegría de ir a Elvis. Camino a Elvis, amor, mucho amor por U. Besos. Dentro de Elvis, calor, mucho calor. Mareo. Oscuridad. Andrea. Andrea. Andrea. Recuerdos de cuando conocí a Andrea durante su cumpleaños. Recuerdos de Andrea durante aquella noche pasada. El rostro de Andrea impregnado en mi memoria. Ganas de besar a Andrea. ¿Besé a Andrea aquella primera noche? Recuerdos vagos. Simpatía por Andrea. ¿Dónde está U.? U. besando a X. Enfado con U. Los amigos de Andrea miran cómo U. se besa con otra. No quiero ver. Si me lanzo a Andrea, ¿me rechazará? Andrea baila bien. ¿Por qué me hace esto U.? Quiere una relación abierta. Pensamiento: Andrea, me gustas, me gustas mucho. No, no es verdad, no me gustas. ¿Quién eres tú, Andrea? Andrea es un misterio que no quiero revelar. Me ofusca. Quiero irme a casa. ¿Dónde está U.? U. baila con X. y tres chicas más. U. se ha besado con X., ¿por qué? U. es un puto, Andrea, ven, quédate conmigo. De pronto, alguien dice: ya nos vamos, ¿se vienen? Luz. Sí. U. está a mi lado. Amo a U., no me importa que se haya besado con X., le amo, le amo, le amo. Andrea no es algo al lado de U. Andrea tiene muchas seguidoras. Andrea se acuesta con muchas mujeres. Amo a U. Salgamos de aquí y vayamos a casa. Risas. Rumores. Uno de los amigos de Andrea le dice: está muy bien la novia de U., ¿eh? Andrea ríe. No soy nada para él. Podría usarme. Podría acostarse conmigo y luego reírse. Amo a U. Nos despedimos de ellos, uno por uno. U. y yo camino a casa, solos. U. enojado. U. al borde de las lágrimas. U. dice: ¿Por qué te besaste con Andrea? Yo digo: no me besé con Andrea. Realmente lo creo. No quiero herir a U. U., créeme por favor, créeme por amor a Dios, te amo a ti, Andrea no es nada. U. insiste. Lo niego. U. alza la voz. Temo. No quiero terminar con U. No quiero que me abandone. U. pregunta: ¿te gusta Andrea? No, contesto. U. insiste. Pregunta diez veces. No puedo más. ¡Sí!, grito, me gusta Andrea. Lagrimas en las mejillas de U. No, no, no, repito, no me gusta Andrea. Silencio. Frío. Noche. Caminamos. Mareo. Quiero ir a casa. Quiero dormir. Quiero volver el estómago. Quiero decir a Andrea que le diga a U. que no nos besamos.



Andrea me soba la cabeza. Se sienta a mi lado. U. sufre. Dice: Te gusta Andrea. Yo pienso: ¿me gusta Andrea? No, digo, y si vuelves a decirlo, me vas a convencer. Por ratos me convence. Luego miro a Andrea detenidamente y no es verdad, no me gusta, no podría estar con él. Es muy puto. Es popular. Habría que soportar esa popularidad a su lado. Prefiero la soledad de U. U. tiene tres amigos, no más. U. no es invitado a fiestas ni solicitado en ningún sitio. La mayor parte del tiempo está solo. Puede entregarme su soledad. Vamos, le digo, ¿quieres salir a otro bar? U. asiente con la cabeza. Salimos.





Camino a otro bar, pienso: ¿por qué U. teme de Andrea? Andrea no es alguien para mí. Pero U. actúa como si Andrea fuese todo para mí. Dice: tus palabras dicen no, pero tus acciones, frente a él, dicen lo contrario. Recuerdo: Andrea me saluda efusivamente. Me soba la cabeza. Se sienta a mi lado. Me sonríe. ¿Quiere acostarse conmigo? No, ya lo hubiera hecho hace más de dos años; me hubiera acostado con él si él me lo hubiese propuesto hace dos años. Jamás se ha insinuado conmigo. U. está loco. ¿Qué voy a hacer? No quiero pensar más en Andrea, pero U. siempre lo trae a la conversación. Andrea me escribe y yo le respondo. U. se enfada. Me digo: no volveré a responder. Lo hago. Aún así, U. insiste en que me gusta Andrea. U., sin embargo, se escribe con X. No han dejado de escribirse desde lo de Elvis. Le reclamo. Es injusto. Yo abandoné a Andrea, mi escasa relación con él quedó en el olvido. Se limita a las veces en que le encontramos en el bar. Cuando esto sucede, no hablo con él. Si lo hago, es estrictamente sobre literatura. Mientras lo hago pienso: ¿me gusta Andrea? y miro a U. de reojo y me digo: amo a U. Pobre U. Sufre por nada. Pero no puedo dejar de hablar con Andrea (aunque sólo sea sobre literatura).