viernes, 20 de marzo de 2015

DESDE LO DEL ELVIS

Nuevamente volvemos a destacar a Veronica Pinciotti, joven escritora mexicana que ha querido compartir un nuevo relato en Experimental Lunch. En esta oportunidad, hemos elegido Desde Lo Del Elvis






     Comencé a salir con U. una o dos semanas ha; pongamos dos semanas antes del evento en Elvis. El evento en Elvis es el parte aguas del rollo que quiero sacarme de encima. Sucedió una noche de viernes en que salí con U. a un bar de la Juárez (por aquel entonces aún no vivía con U.), a beber cervezas con una amiga suya y su novio. Entramos a un bar en Génova y bebimos y hablamos; mejor dicho, ellos hablaron, lo que es yo, no tuve tema de conversación, ¿quién lo tendría en medio de una charla entre viejos amigos? Afortunadamente, no duró demasiado. A las nueve de la noche, o poco después, la amiga de U. se excusó y se fue. Nada de lo que ocurrió durante dicha velada es rescatable.



Una vez en libertad, decidimos ir a casa, a casa de U., a pasar la noche juntos en cama, a platicar, a ver películas, a hacer el amor, no sé. Sin embargo, camino a casa me vinieron ganar de orinar; U. dijo: malditas mujeres, siempre tienen ganas de orinar, ¿por qué no fuiste antes de salir del bar? Sí, fui, me defendí. Lo ves, dijo él, eso fue hace menos de dos minutos: malditas mujeres. Propuse entrar al primer bar que se nos posara enfrente, para entrar al sanitario, a cambio de lo cual yo invitaría a U. un par de rondas. U., por supuesto, aceptó; era un borracho de primera y hubiese aceptado cualquier cosa a cambio de cerveza, su lema era: en segundo lugar amo la cerveza, en primer lugar, la cerveza cuando la paga alguien más, o así, no recuerdo con exactitud. Podía manipularle con cerveza como a un niño con dulces.



Caray, encontramos un bar a la vuelta de la esquina, entramos, y dentro, encontramos otra cosa más: Andrea. Pasé directo al sanitario sin mirar a Andrea. U. se acomodó en una mesa. Cuando salí del sanitario sucedió lo inevitable: Andrea me vio. Me saludó efusivamente, me abrazó, me besó las mejillas. Cuando pude zafarme, le dije: Andrea, él es U., es mi novio. Andrea le saludó y se instaló con nosotros. Luego, los amigos de Andrea se instalaron con nosotros también. La situación cambió. Ahora yo tenía viejos amigos a la mesa. U. no se incomodó. U., cuando bebe, es sociable. Se adaptó a Andrea y a sus amigos mejor de lo que yo misma me adapté a los amigos de Andrea, y a la amiga de U. Por ello, cuando Andrea propuso ir al Elvis (me entusiasmé; el Elvis es un sitio de mi predilección), no tuve que rogarle para que aceptara irnos con ellos. U. no conocía el Elvis ni sabía de qué iba el antro; aceptó porque entre los amigos de Andrea iba una chica. Estoy segura de ello, aunque U. lo negó después, cuando hablamos de todo lo ocurrido en Elvis.



Como preámbulo, debo decir que Elvis es un sitio para bailar (U. no sabía bailar), y Andrea es un chico al que conocí hace dos o tres años antes y del que me enamoré, o creí enamorarme, y luego olvidé, y reencontré aquella noche en aquel bar. Sin embargo, jamás ocurrió algo entre Andrea y yo, cosa que le juré a U. más de cien veces; entiendo que no lo creyera porque en Elvis, al calor de las cervezas y de los bailes, me acerqué demasiado a él. U. lo notó y se alejó y me dejó hacer mientras él se acercaba a la chica que venía en el grupo de Andrea y la seducía (siempre negó que sus intenciones fueron las de la seducción).



Todo es confuso. Ambos, U. y yo, bebimos tanto que no supimos exactamente qué pasó. Lo analizamos en pláticas de horas, posteriores, durante más de veinte días, de las cuales dedujimos algunas cosas, por ejemplo, que U. se besó con X., la chica del grupo de Andrea. Ello quedó claro, no había duda: U. lo recordaba casi con certeza. A pesar que negaba haberse acercado a ella en plan de ligue, estaba seguro de que lo hizo; dice: lo hice por venganza, tú andabas de puta y me dije: bueno, pues total. Por mi parte niego haberme besado con Andrea, cosa que asegura U. Dice: Andrea te gusta, no lo puedes negar. En una de las versiones, al ver que yo me besaba con Andrea, U. me cogió del brazo y me insultó. Es la versión más inverosímil porque U. estaba disfrutando con X. En otra, fue hasta salir del antro, camino a casa, que U. me reclamó, y yo dije: sí, me gusta Andrea. La última versión es verosímil, pero la negué. Es verdad que siento atracción por Andrea, es muy posible que bajo los efectos del alcohol me le haya lanzado, hay algo en él que me es irresistible. Sin embargo, soy fiel a U. y le respeto, y si lo pienso detenidamente, no, no me siento atraída por Andrea.



En discusiones subsecuentes, U. logra convencerme de que besé a Andrea, que fui yo la que inició todo, la que se declaró esa noche a él. La semana siguiente volvimos al bar y volvimos a encontrarnos con Andrea. U., al mirar el modo de comportarse de él, me dijo: ¿lo ves?, no actúa normal, algo pasó entre ustedes aunque no nos acordemos.



Mis recuerdos e impresiones son los siguientes: encuentro con Andrea en el bar. Temor de que me sepa con U. Entusiasmo sincero. Inquietud por saber si Andrea y U. se entenderán. Tranquilidad al observar que todo marcha entre ellos. Emoción por la propuesta de Andrea de ir al Elvis; antipatía por U., por no haber sido él quien lo propusiera sabiendo que disfruto mucho ir allá. Alegría de ir a Elvis. Camino a Elvis, amor, mucho amor por U. Besos. Dentro de Elvis, calor, mucho calor. Mareo. Oscuridad. Andrea. Andrea. Andrea. Recuerdos de cuando conocí a Andrea durante su cumpleaños. Recuerdos de Andrea durante aquella noche pasada. El rostro de Andrea impregnado en mi memoria. Ganas de besar a Andrea. ¿Besé a Andrea aquella primera noche? Recuerdos vagos. Simpatía por Andrea. ¿Dónde está U.? U. besando a X. Enfado con U. Los amigos de Andrea miran cómo U. se besa con otra. No quiero ver. Si me lanzo a Andrea, ¿me rechazará? Andrea baila bien. ¿Por qué me hace esto U.? Quiere una relación abierta. Pensamiento: Andrea, me gustas, me gustas mucho. No, no es verdad, no me gustas. ¿Quién eres tú, Andrea? Andrea es un misterio que no quiero revelar. Me ofusca. Quiero irme a casa. ¿Dónde está U.? U. baila con X. y tres chicas más. U. se ha besado con X., ¿por qué? U. es un puto, Andrea, ven, quédate conmigo. De pronto, alguien dice: ya nos vamos, ¿se vienen? Luz. Sí. U. está a mi lado. Amo a U., no me importa que se haya besado con X., le amo, le amo, le amo. Andrea no es algo al lado de U. Andrea tiene muchas seguidoras. Andrea se acuesta con muchas mujeres. Amo a U. Salgamos de aquí y vayamos a casa. Risas. Rumores. Uno de los amigos de Andrea le dice: está muy bien la novia de U., ¿eh? Andrea ríe. No soy nada para él. Podría usarme. Podría acostarse conmigo y luego reírse. Amo a U. Nos despedimos de ellos, uno por uno. U. y yo camino a casa, solos. U. enojado. U. al borde de las lágrimas. U. dice: ¿Por qué te besaste con Andrea? Yo digo: no me besé con Andrea. Realmente lo creo. No quiero herir a U. U., créeme por favor, créeme por amor a Dios, te amo a ti, Andrea no es nada. U. insiste. Lo niego. U. alza la voz. Temo. No quiero terminar con U. No quiero que me abandone. U. pregunta: ¿te gusta Andrea? No, contesto. U. insiste. Pregunta diez veces. No puedo más. ¡Sí!, grito, me gusta Andrea. Lagrimas en las mejillas de U. No, no, no, repito, no me gusta Andrea. Silencio. Frío. Noche. Caminamos. Mareo. Quiero ir a casa. Quiero dormir. Quiero volver el estómago. Quiero decir a Andrea que le diga a U. que no nos besamos.



Andrea me soba la cabeza. Se sienta a mi lado. U. sufre. Dice: Te gusta Andrea. Yo pienso: ¿me gusta Andrea? No, digo, y si vuelves a decirlo, me vas a convencer. Por ratos me convence. Luego miro a Andrea detenidamente y no es verdad, no me gusta, no podría estar con él. Es muy puto. Es popular. Habría que soportar esa popularidad a su lado. Prefiero la soledad de U. U. tiene tres amigos, no más. U. no es invitado a fiestas ni solicitado en ningún sitio. La mayor parte del tiempo está solo. Puede entregarme su soledad. Vamos, le digo, ¿quieres salir a otro bar? U. asiente con la cabeza. Salimos.





Camino a otro bar, pienso: ¿por qué U. teme de Andrea? Andrea no es alguien para mí. Pero U. actúa como si Andrea fuese todo para mí. Dice: tus palabras dicen no, pero tus acciones, frente a él, dicen lo contrario. Recuerdo: Andrea me saluda efusivamente. Me soba la cabeza. Se sienta a mi lado. Me sonríe. ¿Quiere acostarse conmigo? No, ya lo hubiera hecho hace más de dos años; me hubiera acostado con él si él me lo hubiese propuesto hace dos años. Jamás se ha insinuado conmigo. U. está loco. ¿Qué voy a hacer? No quiero pensar más en Andrea, pero U. siempre lo trae a la conversación. Andrea me escribe y yo le respondo. U. se enfada. Me digo: no volveré a responder. Lo hago. Aún así, U. insiste en que me gusta Andrea. U., sin embargo, se escribe con X. No han dejado de escribirse desde lo de Elvis. Le reclamo. Es injusto. Yo abandoné a Andrea, mi escasa relación con él quedó en el olvido. Se limita a las veces en que le encontramos en el bar. Cuando esto sucede, no hablo con él. Si lo hago, es estrictamente sobre literatura. Mientras lo hago pienso: ¿me gusta Andrea? y miro a U. de reojo y me digo: amo a U. Pobre U. Sufre por nada. Pero no puedo dejar de hablar con Andrea (aunque sólo sea sobre literatura).

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