jueves, 30 de abril de 2015

DANIEL RIQUELME

Hoy Jueves, queremos compartir el trabajo fotografico de Daniel Riquelme, Joven artista residente en la region de la Araucania, mas especificamente en Temuco





















martes, 28 de abril de 2015

VASOS VACIOS

Destacamos hoy martes una gran entrevista realizada por Sean Penn al gran escritor y mito de la literatura Charles Bukowski. Vasos Vacios fue el titulo de esta entrevista y en ella el escritor se refiere a los mas diversos temas, altamente recomendable







Bares  

“Ya no voy mucho a bares. Saqué eso de mi sistema. Ahora, cuando entro a un bar, siento náuseas. Estuve en demasiados, es apabullante. Son para cuando uno es más joven: todo eso de irse a las manos con un tipo, hacerse el macho, levantarse minas. A mi edad, ya no lo necesito. Hoy sólo entro a los bares para mear. A veces cruzo la puerta y empiezo a vomitar”. 

El alcohol

“El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido ser más libre en la cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas... Entonces el alcohol me gusta, cómo no”.


Fumar

“Me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Yo solía despertarme de una borrachera y había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas, casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me preguntaba: ‘¡Mierda! ¿Cómo se verán mis pulmones?’”.


Pelear

“La mejor sensación es cuando golpeas a un tipo que no se supone que puedas golpear. Una vez me metí con un tipo, me estaba insultando. Le dije: ‘Bueno, adelante’. No tuve ningún problema, le gané la pelea fácilmente. Estaba tirado en el piso. Tenía la nariz ensangrentada. Me dijo: ‘Jesús, te movés siempre tan lentamente que pensé que serías fácil. Y cuando empezó la condenada pelea, ya no podía ver tus manos, te volviste tan rápido. ¿Qué pasó?’. Le dije: ‘No sé, hombre. Así son las cosas. Uno ahorra para cuando tiene que usarlo’”.


Los gatos

“Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores. Cuantos más gatos uno tenga, más tiempo vivirá. Si tenés cien gatos, vivirás diez veces más que si tenés diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo”.




Las mujeres y el sexo



“Yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo nunca están bien para ellas. Y cuando me tiran toda esa histeria... Tengo que salir, agarrar el auto e irme. A cualquier parte. Tomar una taza de café en algún lado. En cualquier lado. Cualquier cosa menos otra mujer. Supongo que están construidas de diferente manera, ¿no? Cuando la histeria empieza, se acaba todo. Uno se tiene que ir, ellas no entienden por qué. ‘¿Adónde vas?’, te gritan. ‘¡Me voy a la mierda, nena!’. Piensan que soy un misógino, pero no es verdad. Es puro boca a boca. Escuchan que Bukowski es ‘un cerdo macho chauvinista’, pero no chequean la fuente. Seguro, a veces pinto una mala imagen de las mujeres en mis cuentos, pero con los hombres hago lo mismo. Incluso yo salgo mal parado muchas veces. Si realmente pienso que algo es malo, digo que es malo, sea hombre, mujer, niño o perro. Las mujeres son tan quisquillosas, piensan que me las agarro con ellas en particular. Ése es su problema”.


La primera vez

“Mi primera vez fue la más rara. No sabía cómo hacerlo, y ella me enseñó a chuparle la concha y todas esas cosas de coger. Me acuerdo de que me decía: ‘Hank, sos un buen escritor, pero no sabés una mierda sobre las mujeres’. ‘¿Qué querés decir? Estuve con un montón de mujeres.’ ‘No, no sabés nada. Dejame enseñarte algunas cosas.’ Le dije que bueno y ella: ‘Sos buen estudiante, entendés rápido’. Eso fue todo. (Está un poco avergonzado. No por los detalles sino por el sentimentalismo del recuerdo.) Pero todo ese asunto de chupar conchas se puede poner un poco servil. Me gusta hacerlas gozar, pero... Todo está sobrevalorado. El sexo sólo es una gran cosa cuando no lo hacés”.


El sexo antes del sida (y su casamiento)

“Yo nada más entraba y salía de entre las sábanas. No sé, era como un trance, un trance de coger. Y las mujeres... uno les decía algo, las tomaba de la muñeca, ‘vamos, nena’, las guiaba hasta el dormitorio y se las cogía. Cuando uno entra en el ritmo, sigue adelante. Hay un montón de mujeres solitarias allá afuera. Son lindas, pero no se saben conectar. Están sentadas solas, van al trabajo, vuelven a la casa... es algo maravilloso para ellas que un tipo se les aparezca. Y si se sienta cerca, bebe y habla, es entretenimiento. Estuvo bien, tuve suerte. Las mujeres modernas... no te cosen los botones”.



Escribir

“Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida’. Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga pitada a su cigarrillo.) Es así. La pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga... la magia”.


La poesía

“Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la palabra ‘poeta’ o ‘poesía’, todos los pendejos se reían y se burlaban. Puedo ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y endogámico por siglos. Es ultradelicado, sobreapreciado. Es un montón de mierda. Durante siglos, la poesía es casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes poetas, no me entienda mal. Hay un poeta chino llamado Li Po. Podía poner más sentimiento, realismo y pasión en cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía vino también. Solía quemar sus poemas, navegar por el río y beber vino. Los emperadores lo amaban porque podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó sus poemas malos. Lo que yo quise hacer, si me disculpa, es incorporar el punto de vista de los obreros sobre la vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la existencia del hombre común... algo que pocas veces se menciona en la poesía desde hace siglos. Mejor, que quede registrado que dije que la poesía es una mierda desde hace siglos. Y una vergüenza”.


Céline

“La primera vez que leí a Céline, me fui a la cama con una caja grande de galletitas Ritz. Empecé a leerle y me comía una galletita Ritz, me reía, me comía una Ritz, leía. Leí la novela entera de un tirón y me terminé la caja de galletitas. Y me levanté y tomé agua. Tendrías que haberme visto. No me podía mover. Eso es lo que un buen escritor te puede hacer. Casi te puede matar. Un mal escritor puede hacerlo, también”.
Shakespeare
“Es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio proceso de pensamiento. Me desagradan”.



Su material de lectura favorito

“Leí en el The National Enquirer una nota titulada ‘¿Es su marido homosexual?’. Linda me dijo: ‘¡Tenés voz de puto!’. Yo dije: ‘Oh, sí, siempre me lo pregunté’. Ese artículo decía: ‘¿Su marido se depila las cejas?’. Y yo pensé, mierda, lo hago todo el tiempo. Ahora sé lo que soy. Me depilo las cejas, soy un puto. Es muy amable de parte de The National Enquirer decirme lo que soy”.



El humor y la muerte

“El último gran humorista era un tipo llamado James Thurber. Pero su humor era tan magnífico que tuvieron que ignorarlo. Este tipo era, podría decirse, un psiquiatra de las edades. Tenía algo ambiguo, hombre-mujer, veía cosas. Era sanador. Su humor era tan real que uno gritaba de risa, era como una liberación frenética. Aparte de Thurber, no puedo pensar en nadie... Yo tengo algo de humorista, pero no como él. No llamo humor a lo que tengo, lo llamo un ‘filo cómico’. Estoy colgado en eso. Casi todo lo que pasa es ridículo. Cagamos todos los días. Eso es ridículo, ¿no te parece? Tenemos que seguir meando, poniendo comida en nuestras bocas, nos sale cera de los oídos. Tenemos que rascarnos. Cosas feas y tontas, ¿o no? Las tetas no sirven para nada, salvo...”.



Nosotros

“La verdad es que somos monstruosidades. Si pudiéramos vernos, podríamos amarnos, darnos cuenta de lo ridículos que somos, con nuestros intestinos retorcidos por los que se desliza lentamente la mierda mientras nos miramos a los ojos y decimos: ‘Te amo’. Nos carbonizamos y producimos mierda, pero no nos tiramos pedos cerca del otro. Todo tiene un filo cómico”.



Ganar

“Y después nos morimos. Pero la muerte no nos ha ganado. No ha mostrado ninguna credencial. Nosotros hemos mostrado todas las credenciales. Con el nacimiento, ¿nos ganamos la vida? No realmente, pero de seguro la hija de puta nos tiene atrapados... La muerte me provoca resentimiento, la vida también, y mucho más estar atrapado entre las dos. ¿Sabés cuantas veces intenté suicidarme? Dame tiempo, sólo tengo 66 años. Sigo trabajando en eso. Cuando uno tiene tendencias suicidas, nada lo molesta, excepto perder en las carreras de caballos. ¿Por qué será? A lo mejor porque uno usa su mente en las carreras, no su corazón. Pero nunca cabalgué. No estoy muy interesado en el caballo sino en el proceso de acertar o no, selectivamente”.



Las carreras

“Traté de ganarme la vida con las carreras por un tiempo. Es doloroso. Es vigorizante. Todo está al límite, el alquiler, todo. Pero uno tiende a ser cuidadoso. Una vez estaba sentado en una curva. Había doce caballos en la carrera y estaban todos amontonados. Parecía un gran ataque. Todo lo que veía era esos grandes culos de caballo subiendo y bajando. Parecían salvajes. Miré esos culos de caballos y pensé: ‘Esto es una locura total’. Pero hay otros días en los que ganás cuatrocientos o quinientos dólares, ganás ocho o nueve carreras al hilo, y te sentís Dios, como si lo supieras todo. Y todo queda en su lugar”.



La gente

“No miro mucho a la gente. Es perturbador. Dicen que si mirás mucho a otra persona, te empezás a parecer a ella. Pobre Linda. La mayoría de las veces me la puedo pasar sin la gente. La gente no me llena, me vacía. No respeto a nadie. Tengo un problema en ese sentido. Estoy mintiendo pero, creeme, es verdad”.



La fama

“Es destructora. Es una puta, una perra, la destructora más grande de todos los tiempos. A mí me tocó la mejor parte porque soy famoso en Europa y desconocido aquí, en Estados Unidos. Soy uno de los hombres más afortunados. La fama es terrible. Es una media en una escala del denominador común, la meten trabajando a un nivel bajo. No tiene valor. Una audiencia selecta es mucho mejor”.



La soledad

“Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Ni varias personas. En otras palabras, la soledad no es algo que me molesta porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca pensé: ‘Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a garchar, y me va a frotar las bolas, y me voy a sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. Viste cómo piensa la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre ellos. Nunca tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me escondía en bares porque no quería esconderme en fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones, pero nunca me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo encontrar”.



El tiempo libre


“Es muy importante tener tiempo libre. Hay que parar por completo y no hacer nada por largos períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una ama de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas en las que no hacés nada. Uno se tira en una cama a mirar el techo. Hacer nada es muy, muy importante. ¿Y cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca. Por eso la mayoría está totalmente loca, frustrada, enojada y odiosa. Antes de casarme, o de conocer a muchas mujeres, bajaba las cortinas y me metía en la cama por tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y para comer una lata de porotos. Después me vestía y salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería recargada. Pero, ¿sabés qué me tiraba abajo? El primer rostro humano que veía en la vereda. Esa cara nomás me hacía perder la mitad de la carga. Esta cara monstruosa, sin expresión, tonta, sin sentimientos, cargada de capitalismo. Pero aún así valía la pena, me quedaba la mitad de la carga todavía. Por eso el tiempo libre es importante. Y no digo tomarse tiempo para tener pensamientos profundos. Hablo de no pensar en absoluto. Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno mismo. Sólo ser un haragán. Es hermoso”.



La belleza


“No existe algo como la belleza, especialmente en un rostro humano, eso que llamamos fisonomía. Todo es un imaginado y matemático alineamiento de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no sobresale mucho, si los costados están bien, si las orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es demasiado largo. Es una mirada generalizadora. La gente piensa que ciertos rostros son hermosos, pero, realmente, no lo son. La verdadera belleza, por supuesto, viene de la personalidad. No tiene nada que ver con la forma de las cejas. Me dicen de tantas mujeres que son hermosas... pero cuando las veo, es como mirar un plato de sopa”.



La fealdad

“No existe. Hay algo llamado deformidad, pero la simple fealdad no existe. He dicho”.



Érase una vez


“Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre intentando ser escritor en Nueva York. No había comido en tres o cuatro días. Así que finalmente dije: ‘Me voy a comer una gran bolsa de pochoclo’. Cada grano era como un churrasco. Tragaba y echaba pochoclo a mi estómago que decía ‘¡Gracias, gracias!’. Estaba en el paraíso, caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado y uno le dijo al otro: ‘¡Jesús!’. El otro dijo: ‘¿Qué pasa?’ ‘¿Viste a ese tipo comiendo pochoclo? Dios, era horrible.’ Así que no pude disfrutar el resto del pochoclo. Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era horrible’. Yo estaba en el paraíso. Supongo que era un poco cochino. Ellos siempre pueden distinguir a un tipo hecho mierda”.



La prensa


“Disfruto las cosas malas que se dicen sobre mí. Aumenta la venta de libros y me hace sentir malvado. No me gusta sentirme bien porque soy bueno. ¿Pero malo? Sí. Me da otra dimensión. Me gusta ser atacado. ‘¡Bukowski es desagradable!’ Eso me hace reír, me gusta. ‘¡Es un escritor desastroso!’ Sonrío más. Me alimento de eso. Pero cuando un tipo me dice que dan un texto mío como material de lectura en una universidad, me quedo boquiabierto. No sé, me aterra ser demasiado aceptado. Siento que hice algo mal”.



El dedo


(Levanta el dedo meñique de su mano izquierda) “¿Viste alguna vez este dedo? (El dedo parece paralizado en una forma de “L”). Me lo rompí una noche, borracho. No sé por qué, pero nunca se acomodó. Pero funciona perfecto para la letra ‘a’ de la máquina de escribir, y qué demonios, le agrega algo a mi personaje”.



La valentía


“A la mayoría de la gente supuestamente valiente le falta imaginación. Es como si no pudieran concebir lo que sucedería si algo saliera mal. Los verdaderos valientes vencen a su imaginación y hacen lo que deben hacer”.



El miedo


“No sé nada sobre eso”.
(Se ríe.)



La violencia


“Creo que, la mayoría de las veces, la violencia es malinterpretada. Hace falta cierta violencia. En nosotros hay una energía que necesita ser sacada. Creo que si esa energía es contenida, nos volvemos locos. La paz última que todos deseamos no es un área deseable. De alguna manera, no estamos destinados a eso. Por eso me gusta ver peleas de boxeo, y por eso yo mismo las protagonizaba en mi juventud. A veces se llama violencia a la expulsión de energía con honor. Hay locura interesante y locura desagradable. Hay buenas y malas formas de violencia. Es un término vago. Está bien si no se hace a expensas de otros”.



El dolor físico


“Con el tiempo uno se endurece, aguanta el dolor físico. Cuando estaba en el Hospital General, un tipo entró y dijo: ‘Nunca vi a nadie aguantar la aguja con tanta frialdad’. Eso no es valentía. Si uno aguanta suficiente dolor, uno cede. Es un proceso, un ajuste. Pero no hay forma de acostumbrarse al dolor mental. Me mantengo lejos de él”.



La psiquiatría


“¿Qué consiguen los pacientes psiquiátricos? Una cuenta. Creo que el problema entre un psiquiatra y su paciente es que el psiquiatra actúa de acuerdo al libro, mientras que el paciente llega por lo que la vida le ha hecho. Y aunque el libro pueda tener cierta perspicacia, las páginas siempre son las mismas y cada paciente es diferente. Hay muchos más problemas individuales que páginas. Hay demasiada gente loca como para resolverlo diciendo: ‘Tantos dólares por hora, cuando suena el timbre terminamos’. Eso sólo puede llevar a una persona un poco loca a la locura total. Recién empiezan a abrirse y a sentirse bien cuando el psiquiatra dice: ‘Enfermera, arregle la próxima cita’. Todo es asquerosamente mundano. El tipo está ahí para quedarse con tu culo, no para curarte. Quiere tu dinero. Cuando suena el timbre, que entre el siguiente loco. Ahora, el loco sensible se va a dar cuenta de que cuando el timbre suena, significa que lo cagaron. No hay límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he visto parecen estar al límite ellos mismos, además. Pero están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”.



La fe


“La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi plomero que en el ser eterno. Los plomeros hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya”.



El cinismo


“Siempre me acusaron de cínico. Creo que el cinismo es una uva amarga. Es una debilidad. Es decir: ‘¡Todo está mal! ¿Entendés? ¡Esto no está bien! ¡Aquello no está bien!’. El cinismo es la debilidad que evita que nos ajustemos a lo que ocurre en el momento. El optimismo también es una debilidad. ‘El sol brilla, los pájaros cantan, sonríe.’ Eso es mierda también. La verdad está en algún lugar entre los dos. Lo que es, es. Si no estás listo para soportarlo, joderse”.



La moralidad convencional


“Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan pueden crearlo. Pienso que la gente está sobredomesticada. Uno tiene que averiguar lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un término extraño aquí: el bien. No sé de dónde viene, pero siento que hay un básico rasgo de bondad en cada uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en esta ‘bondad’, como un tubo dentro de nuestros cuerpos. Puede ser alimentada. Siempre es mágica, por ejemplo cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un extraño hace lugar para que alguien pueda cambiar de mano... es esperanzador”.



Sobre ser entrevistado



“Es como ser arrinconado. Es vergonzoso. Por eso, no siempre digo toda la verdad. Me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que si quieren saber algo sobre mí, no lean una entrevista. Ignoren ésta, también”. 
 
 
 
 
 



lunes, 27 de abril de 2015

CUARTO DESIERTO

Este lunes queremos destacar a una muy buena banda de nuestra region. Su nombre es Cuarto Desierto, y en estos momentos se encuentran ad portas de sacar su primer disco













Por Gonzalo Vilo






     Es siempre agradable hablar de nuevos nombres que aparecen en la cada vez mas prometedora escena de nuestra region. Hoy, sin ir mas lejos, tenemos el agrado de destacar a una banda que desde algun tiempo ya nos habia llamado la atencion. Se trata de Cuarto Desierto, agrupacion  serenense que nace de lo que antes era Matarratas, banda que hacia un excelente tributo a los españoles del Ultimo ke Zierre, y que para este nuevo proyecto, han querido entregarnos algo diferente, pero sin perder las raices e influencias que nos mostraron con su anterior trabajo.  


De todos modos, para quienes habiamos escuchado a Matarratas, hay que decir que se nota una pequena variacion en el estilo, pero esta no se aleja demasiado de lo que siempre han sido sus raices punk.  Sin embargo, cabe mencionarla, ya que, en mi opinion, le ha dado un toque diferente al sonido de estos musicos y ha enriquecido su trabajo, dandole forma a un sonido obviamente mas propio y personal, lo cual es un gran avance.



Esta banda, gracias a la informacion de Jorge Ildefonso, esta a punto de sacar su primer disco. En el se destacan temas como Atrapado, que mezcla a la perfeccion el rock mas tradicional con los sonidos y riffs propios del punk. Destaco de este tema el buen sonido que logran las guitarras, y el bajo, esa sincronia  perfecta que consigue sacudirte y transportarte a una zona donde  puedes liberarte de todo. La bateria ataca y no pierde la fuerza, mientras la voz no se queda atras, escuchandose violenta y cruda, surgiendo energica y agresiva, con letras reales y sinceras. 



En definitiva, Cuarto Desierto presenta una propuesta clara y un sonido radical mas propio, lo que es un avance meritorio a su anterior proyecto. 



Los Integrantes de esta banda son los siguientes:

Brad jonson en la bateria

Jonathan oñate en la voz 

Roberto jimenes en el bajo

Gelio vasquez en la armonica

Y jorge ildefonso en la guitarra y coros



Los dejamos con Atrapados












sábado, 25 de abril de 2015

NO TE PREOCUPI VIEJA ESTOY BIEN

Hoy sabado queremos destacar nuevamente a un autor de nuestra region. Gonzalo Vilo, escritor del libro Dark Side, publicado por Ediciones la Polla Literaria, comparte con nosotros su relato No Te Preocupi Vieja, Estoy Bien.











            Una botella de ron  barato, casi vacía, estaba erguida sobre la pequeña mesita de centro. Era una botella algo cuadrada, con un extraño dibujo en el exterior: la cara de un demonio guiñando un ojo, y el dibujo producía un extraño efecto si uno se lo quedaba mirando por mucho tiempo, como si pudiera llevarte muy lejos de allí, aunque no sé si al infierno. A su lado Fabián dejó un vaso a medio llenar y tomó el teléfono que estaba a su derecha, arriba del viejo parlante de su radio. Hacía unos cinco segundos que este había roto el silencio de aquel pequeño departamento y Fabián, quien rápidamente colocó el teléfono sobre su oreja izquierda,  tuvo un presentimiento sobre quien podría ser.

- ¿Mamá? -.
- Chanchito – Dijo la voz al otro lado de la línea - ¿Te desperté? -.

Fabián miró hacia la ventana sin cortinas que estaba a su izquierda: dentro  de aquella oscuridad impenetrable, pequeños fulgores plateados flameaban incandescentes.

- No mamita, no – Negó Fabián -  Estoy levantado todavía, estaba, viendo tele -.

- Oh…bueno, trata de no quedarte hasta tan tarde – Le aconsejó  ella - Acuérdate que hoy  recién es martes, y mañana tienes que ir al trabajo -.

- Si mamá, esta bien,  en un par de horas me voy a acostar, no te “preocupi” -.

- ¿Por qué no me habías llamado? – Le reprochó de pronto la madre – Hace meses que no sabía nada de ti, no había querido molestarte porque no quería ser como esas viejas intrusas que no dejan tranquilos a sus hijos, pero....  -. 

- No he tenido tiempo vieja, tu “sabis” como es la vida acá....

- Uno siempre encuentra tiempo hijo,  uno siempre lo encuentra, si uno se lo propone -.

Fabián suspiró entregado y volvió a beber de su vaso, ahora medio vacío.

- ¿Estás bebiendo? – Preguntó ella.

- Ehh.... -.
¿Estás con Fabiola? -.

- No, vieja, Fabiola... -.

- Mándale saludos, siempre le digo a tu padre que ella si que vale la pena, no como esas huecas con las que andabas antes, ¿Cómo era que se llamaba esa rubia? -.

- Mamá, no...  -.

- Gabriela, eso, una hueca y una suelta también -.

Fabián comenzó a buscar por entre los cojines de su destartalado sillón hasta que encontró los cigarros. Sacó dos que estaban doblados. Aun así encendió uno de ellos y le dio una larga y profunda calada. Con el pie acercó el cenicero que estaba en una esquina de la mesa de centro.

- ¿Y cómo está el Matías? - Preguntó Fabián, cambiando el tema.

- Ahí está – Respondió la madre -  Está cada día más parecido a ti, no se despega de su pelota de fútbol, está todo el día afuera jugando con los amigos -.

Fabián miró por la ventana y luego posó su vista en una foto enmarcada que tenía sobre  la mesita de centro. En ella aparecía el con doce años, junto a su padre. Ambos llevaban la camiseta de Colo-Colo. Él sostenía una pelota de fútbol debajo del brazo.

- También empezó a tocar el piano –.  Agregó la madre.

- Eh…. ¿Cómo? -.

- Que también Matías empezó a tocar el piano, igual que tú – Repitió la madre - Me acuerdo cuando tú tocabas, lo hacías tan bien, tocabas tan bonito -.

Él no dijo nada, ahora estaba concentrado tratando de hacer figuras con el humo del cigarrillo.

- ¿Estás fumando? – Exclamó ella.

 Al escucharla, Fabián de pronto movió el pie con brusquedad y  su vaso cayó al suelo, rompiéndose en varios pedacitos.

            Rápidamente Fabián se dirigió a la cocina y trajo algo de papel de diario. Con mucho cuidado colocó algunas páginas en el piso y trató de secar la humedad, pero no pudo evitar que  la mancha  quedara impregnada sobre la alfombra.  La madre por su parte seguía esperando al teléfono y el  incluso podía oír su respiración al otro lado de la línea. Al final, y acompañándose de un resoplido, volvió a tomar el aparato.

- ¿Vieja? -.

- ¿Qué pasó chanchito? -.

- Nada, estoy bien, sólo se me quebró un vaso y…. -.

- De eso ya me di cuenta -.

- Jaja, si -.

- ¿Que pasó? Tú antes no fumabas........ -.

Lo hago sólo de vez en cuando vieja -. Dijo Fabián palpando las  dos cajetillas que comenzaban a hundirse entre dos de los cojines del sofá – Lo hago cuando estoy aburrido, para matar el tiempo y el frío, nada más -.

- No tienes que darme explicaciones, sabes -.

- Lo sé, lo hago para que no te “preocupis” mamita, estoy bien -.

- Ya van dos veces -.

- ¿Dos veces de que? -.

- Dos veces que me dices que estás bien -.

Fabián guardó silencio y tomó una hoja de papel que estaba debajo de la mesita de centro. La hoja estaba escrita a mano con tinta azul y la letra era algo difícil de leer, como si hubiese sido escrita sobre un auto en movimiento o en medio de un largo temblor.

- ¿Y donde está Fabiola? -. Volvió a preguntar la madre  - ¿Está durmiendo? -.

- ¿Qué? -.

- Fabiola ¿Está durmiendo? -.

- Mamá... -.

- Esa niña es tan buena, un pan de dios. Sabes, el primer día que la invitaste a la casa yo supe que era la mujer para ti

- Si, claro... -.

- No, es cierto, al verla a los ojos supe que te amaba y que te haría muy feliz. Es una niña buena e inteligente además, ni se te ocurra dejarla ir, por nada del mundo -.

Fabián suspiró y se apoyó en el respaldo del sillón con el rostro mirando hacia el techo. Sus ojos estaban algo cansados.

- Uno no debe estar solo hijo – Volvió a aconsejarle la madre – Uno no debe estar solo, y menos un hombre, ustedes son un desastre si una no está allí para cuidarlos -.

- Si se mama -.

- Oh, que increíble – Se sorprendió ella - No puedo creer como ha pasado el tiempo. Todavía me acuerdo cuando te llevaba de la mano para todos lados y me hablabas con esa vocecita tan dulce que tenías y ahora…estoy aquí, hablando contigo de mujeres….. -.

Él guardó silencio de nuevo y apretó los dientes. Luego miró la hoja de papel y volvió a darle una larga calada a su cigarrillo.

- En fin, ahora estás grande y tienes una mujer que va a cuidarte – Concluyó  ella – Pronto no te darás ni cuenta cuando estés rodeado de tus pequeños críos saltando a tu alrededor -.

Fabián entonces se enderezó en el sillón, y apretó el teléfono con fuerza. Se mordió los labios.

- Chanchito – Dudó la madre -  ¿Estas allí? -.

- Si vieja, estoy escuchándote -.

- Chanchito, Sabes, hay algo que nunca te hemos dicho, ni yo ni tu padre -.

Un vehículo, sin embargo, se estacionó abajo, en la calle. Fabián, con el teléfono aun en la oreja,  se levantó del sillón  y fue a ver que pasaba.

- Hay algo que nunca te he dicho – Repitió la madre.

- ¿Qué? -.

- Te quiero hijo… -.

- Eso siempre me lo dices, vieja -.

- No hijo, en serio, te quiero, y por eso  me siento tan orgullosa de ti. Nunca te lo dije, no de esta forma al menos, pero siempre supe que te iba a ir bien, que  podías lograrlo -.

Desde la ventana Fabián vio como alguien se encaminaba hacia el edificio. Era un hombre joven, aunque un poco mayor que él y vestía completamente de negro. Debajo del brazo traía un paquete del tamaño de una caja de zapatillas.

- Hijo... -.

- ¿Qué? -.

- ¿Me estás escuchando? -.

- Si vieja, si, oye... -.

- Hijo, yo sé que a veces....yo sé que hemos tenido nuestras diferencias, pero quiero que sepas que nunca he dejado de confiar en ti, nunca -.

- Ya sé vieja – Respondió Fabián mientras se dirigía hacia la puerta.

- Solo quería decírtelo hijo, ahora que estás allá..... tan lejos -.

- No te “preocupi” vieja, estoy... -.

- Bien, si, ya sé.... -.

De pronto se escuchó que alguien llamaba a la puerta. Fabián abrió de inmediato y se encontró con el mismo tipo vestido de negro que vio desde la ventana. Ninguno se dijo nada, sólo se hicieron un gesto con las cejas  y aquel hombre entró al departamento.

- ¿Quién es? -.  Preguntó la madre

- Vieja, espérame un cachito, al tiro vuelvo -.

- ¿Qué pasa hijo? Que... -.

Fabián entonces se perdió en una de las habitaciones interiores, pero enseguida volvió con un sobre. Rápidamente se lo entregó  al tipo, y mientras este se quedaba revisando el contenido, Fabián regresó al teléfono con su madre.

- ¿Mamá? – Al llamarla Fabián miró de reojo al tipo, que seguía allí, contando.

- Si hijo, aquí estoy ¿Quién era? -.

- No, nadie, el vecino, quería.... -.

- Oh, bueno, me alegro de que tengas amigos -.

- Amigos, si... -.

El tipo de negro le hizo un gesto a Fabián y le indicó el paquete, el cual dejó sobre un estante, al lado de una foto en donde aparecía Fabián abrazado con una mujer joven y hermosa. El tipo finalmente se despidió del dueño de casa sin poder reprimir una sonrisa. Fabián comprendió de inmediato y le guiñó un ojo.

- Oh, mira la hora que es – Se quejó la madre – Mañana temprano tengo que llevar a tu padre al médico y.... -.

- Está bien mamita, otro día seguimos hablando -. 

- Sabes -.

- ¿Qué? -.

- Tu voz, me suena extraña, ¿De verdad estas bien chanchito? -.

- Si vieja, ya te dije, no te “preocupi”, estoy bien -.

- Bueno, me voy entonces, pero recuerda lo que te dije hijo -.

- Si vieja, si... -.


No había salido aun el tipo de negro del edificio, cuando otro vehículo se estacionó afuera. Fabián miró la hora y caminó hacia la ventana. Desde allí vio que se bajaba un tipo de edad mediana, vestido con chaqueta y corbata. Traía un maletín en su mano derecha.

- Muchos besos hijo – Siguió despidiéndose la madre – Ojalá que te siga yendo bien, tú sabes que acá estaremos apoyándote siempre, no importa lo que pase -.

- Si vieja, ya se.... -.

 Confiamos en ti hijo, no lo olvides...... -.

Fabián entonces ve que el tipo de chaqueta y corbata entra en el edificio y lo escucha subir por las escaleras. Sin querer perder el tiempo, se acerca a la puerta y espera.
De pronto llaman a la puerta.

- ¿Otra vez el vecino? –.  Preguntó la madre.
 
- ¿Qué? -.

- Te pregunto si es el vecino el que golpea la puerta de nuevo -.

- Si, si, vieja, oye, tengo que colgar..... -.

- Claro hijo, ya es muy tarde.... -.

Con algo de reticencia Fabián abrió la puerta, encontrándose de inmediato con aquel tipo. Con un gesto amistoso lo dejó entrar y aquel hombre se abrió paso lentamente, apoyando luego su maletín sobre la mesa del comedor.

- Hijo – Llamó la madre de nuevo.

- ¿Qué? -.

- Te quiero -.

- Yo también mamita – Respondió Fabián, mirando de reojo hacia donde estaba el tipo – Yo….yo también te quiero -.

- Y no te pierdas quieres, trata de llamarnos de vez en cuando -.

- Claro, vieja, claro, mañana te voy a llamar.... te lo prometo -.

Fabián se dio cuenta de que aquel hombre lo observaba. En su rostro había una amplia y burlona sonrisa.


- Chao hijo, y cuídate –.  Se despidió finalmente la madre

- Claro mamita, claro, igualmente, saludos a todos por allá -.

Después de colgar, Fabián fue de inmediato en busca del paquete y se lo entregó al tipo que aun esperaba de pie, al lado de la mesa del comedor. El hombre entonces abrió aquella cajita de cartón y al ver  lo que había en su interior, sonrió. Luego tomó el maletín y con un suave movimiento lo abrió para que Fabián revisara a su gusto. Sin nada más que hacer, se puso a observar  el interior de aquel departamento. Arrugó el rostro con desagrado.

- ¿Hablaste con ella? -  Preguntó el hombre.

- Si – Respondió Fabián sin quitar la vista de los billetes.

El hombre entonces lo miró con interés.

- ¿Y que te dijo? -.

Fabián volteó el rostro con lentitud hacia él y se encogió de hombros.

- Bueno – Dijo el hombre – Algún día ibas a tener que decírselo -.

Sin mucho ánimo Fabián caminó hacia el interior del departamento. Cuando volvió, traía una bolsa en la mano y con tranquilidad la llenó con el contenido total de aquel maletín. Luego, con un abrazo y un apretón de manos,  se despidió de aquel tipo.

Desde la ventana Fabián lo vio dirigirse de vuelta al vehículo. El tipo caminaba con parsimonia, seguro de si mismo, y atravesó la calle sin problemas mientras se subía las solapas de la chaqueta.  Llevaba el paquete muy seguro dentro del maletín y miraba con atención en ambas direcciones.

Al llegar al vehículo, buscó las llaves en su bolsillo. No pareció dar con ellas, aunque aquello no afectó su tranquilidad en lo absoluto. Es más, en vez de preocuparse, comenzó a silbar una extraña tonada y luego a cantar  una canción que Fabián jamás había escuchado en la vida. Cosas de viejos, pensó. En fin,  Fabián desde la ventana lo vio hurgar en su bolsillo y sabía que aquel hombre jamás lo comprendería, ni a él, ni a nadie como él, que no comprendería nada, nunca, y por primera vez le tuvo lástima.

Estaba pensando en ello cuando observó que alguien se aproximaba. Era el tipo vestido de negro. Aquel hombre hizo un gesto con los dedos y le silbó al hombre de chaqueta y corbata y luego se acercó a él para pedirle fuego. Fabián, apoyado en el marco de la ventana, no hizo más que encender un cigarrillo y esperar.

Con amabilidad el hombre de chaqueta y corbata sacó un encendedor desde el interior de su chaqueta y se lo ofreció al tipo de negro. El otro encendió su cigarrillo y expulsó un poco de humo por la boca. Sus ojos estaban clavados en el cuerpo del hombre de chaqueta y corbata y lo miraba hurgar en su bolsillo con inquietud. Le devolvió el encendedor  y el otro lo recibió dándole la espalda.

-  Llaves de mierda – Exclamó el hombre  con rabia – Pero si las tenía aquí, en mi bolsillo…. -.

El tipo de negro tendría que  haber dado la vuelta y haber seguido su propio rumbo: habría sido, al menos, lo más normal. Pero he aquí que él también comenzó a hurgar en su bolsillo. De pronto, y sin esforzarse mucho, sacó un cuchillo y comenzó a acercarse hacia el hombre de chaqueta y corbata. Lo hizo con sigilo, empuñando su cuchillo y esperando el momento propicio, buscando el mejor ángulo; y cuando lo encontró,  con un diestro movimiento de su mano le atravesó la garganta al hombre de chaqueta y corbata. 

Aquel pobre hombre cayó de inmediato al piso, fulminado, probablemente ya sin vida, y cuando lo vio caer,  el tipo de negro no vaciló en tomar el maletín y salir huyendo con rumbo desconocido.

Sin mucho ánimo Fabián cerró la cortina y volvió al sofá, en donde comenzó a llenar nuevamente su vaso hasta la mitad. No tenía ganas de nada la verdad, pero antes de sentarse, se encontró con la hoja que había quedado tirada y olvidada sobre el sillón y no pudo soportar la tentación de leerla por segunda vez, de principio a fin. Cuando terminó, no hizo más que seguirla observando, releyéndola, a ver si encontraba algo entre líneas que le diera alguna esperanza. No encontró nada obviamente.

 Se quedó allí un par de segundos, pensando, mientras  su cigarrillo se consumía. Antes de apagarlo del todo, lo acercó lentamente hacia la hoja, y la hizo arder. Casi hipnotizado observó como la llama devoraba aquellas palabras y no advirtió  la llegada de los primeros vehículos policiales. Ya nada le importaba

Finalmente se levantó para mirar por la ventana. La carta a esa altura ya se había convertido en un montón de cenizas negras y todas ellas se esparcieron sobre la mesita de centro y sobre la alfombra. Fabián observó a los señores de verde que se paseaban alrededor del cadáver y no experimento el menor grado de angustia. Todo parecía tan irreal, tan absurdo…..

- Ya nada tiene importancia, pensó, todo se ha ido a la mierda -.

Quiso bajar, total, ¿Qué más daba? Pero en vez de eso volvio a acomodarse en el sofá y terminó quedándose dormido.

Antes de dormirse eso si, revisó por ultima vez su bolsillo. Si, allí estaban, las llaves del auto del hombre de chaqueta y corbata.