domingo, 3 de mayo de 2015

BASTIAN HERAS

Este domingo hemos querido dedicarlo a un sorprendente artista regional. Se trata de Bastian Heras, coquimbano, cuya propuesta, llena de originalidad,  obliga a cualquier interesado en el verdadero arte a detenerse y contemplar un talento innato que se plasma en cada trabajo que realiza.




POR GONZALO VILO

Fotografia: Paula Diaz Zumaran         Contacto Artista:  Patricio Zenteno



Llegó sin mucho ruido por la mañana a la plaza de Coquimbo. Instaló su mesa y sus trabajos en silencio al lado de la mesa de Star Wars, que hervía de fanáticos pugnando por sus fotografías y selfies. Obviamente no llamó la atención y fue acomodando sus trabajos uno a 
uno sobre los atriles











Eran las once de la mañana y el sol comenzaba a salir tímidamente entre las nubes. La gente de a poco iba llegando a la plaza, dándose vueltas sin mucho ánimo por entre los diferentes puestos de la feria y miraba los diversos trabajos que los expositores ofrecían con indiferencia. El rumor de la música de los pasacalles auguraba su proximidad, y mientras Bastián iba colocando sus cuadros, la gente parecía despertar de su letargo.




 










Al llegar los pasacalles y la música la feria comenzó a florecer. Nuestro Stand y los otros se llenaban de ojos curiosos y dedos hábiles tocaban libros, historietas y cuanta cosa había para ofrecer. De pronto, alguien advirtió una de las pinturas de Bastián y se quedó frente a ella. Aquel era un cuadro desgarrador y lleno de misterio. Luego llamó a otra persona. Era imposible no sorprenderse o inquietarse ante a lo que se plasmaba sobre los cuadros. Aquella pareja de curiosos contemplaba cada uno de los trabajos como si una parte de ellos mismos estuviese dibujada en ellos, como si las calaveras, las máscaras fueran un reflejo de su propia alma. Un espejo sórdido de lo que ellos eran, de lo que todos éramos.




No tardó la gente en aproximarse a los cuadros de Bastián. Los que se habían aburrido de tanto Star Wars, de tanta cerámica, de tanto adorno, desviaron su mirada hacia aquellos cuadros y avanzaron a ellos. Muchos, al llegar, se quedaron atrás, observándolos de lejos, pero los más osados se acercaron y los apreciaron en profundidad, tocándolos, oliéndolos. Bastián los miraba sonriente.



Nosotros estábamos sentados alrededor de nuestra mesa con los libros y revistas. De pronto, nos fijamos en lo que pasaba en aquel rincón. El Pato fue a mirar. La curiosa casualidad dio que el autor de aquellos trabajos era un amigo de la infancia. El Pato volvió entusiasmado, llamo a la Paula y se fueron a tomar fotos. Hay que publicarlo en la revista, propuso el Pato, claro, le dije yo, cuando vi las fotos, están la raja, hagámoslo.






Al poco rato estábamos conversando con el Bastián. Era un tipo sencillo, alejado de cualquier egocentrismo o pose. Nos despedimos de la mano, prometiéndole que hablaríamos de su trabajo, que lo ayudaríamos a darlo a conocer un poco más, y lo dejamos allí, junto a sus cuadros dantescos y saturnales.







 

Espero que esta pequeña resena le haga justicia.




No hay comentarios:

Publicar un comentario