sábado, 30 de mayo de 2015

LA MELY

Todos alguna vez hemos escuchado o hemos tenido una amiga imaginaria, pero quizás jamas nadie ha hablado de ella con la profundidad con que lo hace Paula Jorquera con su cuento La Mely, relato que a continuación presentamos









         En blanco estaba cuando sentada me veía en soledad, era mi infancia una historia de esfuerzo y anhelos de soñar, mi papá se tomó unos terrenos y comenzó a construir su familia y su casa al mismo tiempo; mis hermanos eran mayores y yo no calzaba en sus juegos, tenían una complicidad de años anteriores que yo cuando llegué a esta familia no pude romper ni unirme a esa tal alianza que en la adolescencia se rompería gracias al crecimiento y las hormonas. Pero bueno ahí estaba yo, en un terreno casi vacío, con los cimientos y demarcaciones principales, sin más que los sueños de mi padre de ver concretar su propio sueño, tener una casa y su lugar de trabajo a la vez, para poder disfrutar de su familia y no seguir perdiéndose acontecimientos importantes de sus hijos. Yo era una niña muy tímida y por supuesto en esa toma no había más que personas adultas y mis hermanos mayores, así un día en mi propia soledad, en mi propio juego personal escuché una voz, una voz que me acompañaría por mucho tiempo, luego esa voz se convertiría en una imagen, luego en un nombre y luego en una amiga, mi mejor amiga antes de ir al kínder y tener amigos reales, era mi amiga imaginaria. Comenzamos a jugar a la cocina, cocinaba barro, justo en navidad mi mamá me regaló un set de tazas, platos y servicios de juguete, ella comprendía el contexto de nuestra situación, así que era todo terreno, digo mi mamá porque ella nos hacía regalos y el Viejito Pascuero también, (yo creo que nos preparaba para cuando supiéramos la verdad). La Mely me acompañaba en todas, llegábamos al terreno y nos poníamos a correr, a jugar entre medio de las fosas que estabas haciendo para las cañerías, nos ensuciábamos enteras y disfrutábamos mucho de la compañía de la una y la otra, mi mamá veía como yo hablaba sola y reía sin parar con los chistes y con las cosas que me contaba la Mely, su familia era más tradicional, vivían en una casa normal, no como la mía que se estaba construyendo de a poco, los años pasaron y con ello crecimos con el Mely, ella fue creciendo conmigo, yo entre al colegio e hice amigos, pero siempre en mis momentos de soledad aparecía ella, me preguntaba cómo estaba y me invitaba a jugar. A mi casa se le fue dando forma, ahora teníamos puerta, un portón, una cocina, un baño a medio hacer y una pieza para dormir todos juntos, a mi papá nunca le faltaba pega, “los autos siempre necesitan una mano de mecánico”, decía, así que nunca nos faltó nada y la construcción de la casa fue haciéndose con el esfuerzo y trabajo de él. La Mely me decía que mi papá era un crack yo solo lo miraba y me daban ganas de abrazarlo, ella a veces también me decía que tenía ganas de tener un papá como el mío, siempre me hacía reír cuando era pequeña, aunque no supiera que la Mely estaba ahí, ella siempre se reía cuando aparecía mi papá y estábamos jugando. Una vez con la Mely jugábamos a cocinar, mi mamá estaba afuera de la casa, había salido y yo estaba sola con ella, hicimos una especie de masa y no nos quedo bien, así que tuvimos una idea, como era un terreno muy grande lo tiraríamos en cualquier parte y nadie se daría cuenta, ¡es nuestro secreto! nos dijimos al unísono, así que pescamos la bolsa y tiramos la masa extraña en alguna parte del sitio, cuando pasaron los días mi mamá la encontró y en su mente retorcida de cristiana fanática dijo que era una maldición que nos habían mandado, que nos tenían envidia y que había que exorcizar y traer a algún pastor a la casa para que sacará la maldición, nosotras con la Mely callamos el secreto, no lo revelamos jamás, era un pacto entre nosotras.



Hasta el día de hoy me quede con el secreto, la Mely se fue de mi vida, así como llego, sin darme cuenta, se perdió su voz, su figura pero no su nombre y sus recuerdos, yo aún la recuerdo como mi mejor amiga en soledad, yo creo que ella se casó, tuvo hijos y una vida normal, nada comparado a la loca vida que me ha tocado vivir a mí con esa casa a medio construir, así como mi vida, a medida que ha pasado el tiempo la casa ya está casi completa, ya tiene una cocina decente, un baño gigante y bonito y piezas para cado uno, ahora ya nos fuimos todos los hijos, ahora son los nietos quienes disfrutan de andar corriendo de aquí para allá en el taller, ahora mi papá ya se jubiló, y la Mely no sé donde estará, en qué parte de mi mente y mi memoria se habrá quedado, solo me quedan los recuerdos de su risa y la felicidad de tener una amiga imaginaria.






1 comentario:

  1. Excelente relato, me gustó mucho y me explicó algunas "cosas" de amigas "espaciales"...

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