viernes, 3 de julio de 2015

BOSQUE QUEMADO


 Cristian Foerster Montecino (Santiago, 1988) es licenciado en Letras Hispánicas PUC (2011). Ha participado en diversos talleres de escritura, en el que destaca el Taller de Escritura Emergente dictado por la escritora Guadalupe Santa Cruz. Con una parte de Ruido Blanco, libro de poesia publicado por Editorial Cuneta, ganó el primer lugar en poesía de los Juegos Florales de la Municipalidad de Samtiago (2013). Hoy lo destacamos con su poema Bosque Quemado.








Más acá de la postal
se abre un camino entre helechos

un forado: el pacífico se impone
un sol acurrucado en las olas
caminatas al borde de la rompiente
viajamos para rasguñar
algo de paisaje

parte de mi tuvo lugar en esas casas
en su mirada cubierta de niebla

siglos del mismo encierro
días bajo cortinas de lluvia

el temporal
una casa crepita
hasta hoy
duermo siamés
bajo soles cuadrados lagartijas
se tienden en mi visión
perpleja al ritual del pellejo

produzco cahuín
el secreto para paliar su ausencia:
dibujar su humedad más acá
de la humedad que te rodea

el paisaje camufla los hechos

una loma de helechos
una loma de hechos
una loma de lechos
una loba de hechos
una loba de lechos
una loba de helechos
una llama de helechos
una llama de lechos
una llama de hechos
canción de mimbre
el silencio
enrollado
en el papel
tapiza
mis pasos
por el pasillo
de alerce

en el juego del niño con la abuela
quien pierde
es siempre la abuela

una especie extinta
de luz fósil
por sábanas floridas

crujen tablas su legalidad
húmeda
entra por los poros
se cobija por años de explotación
la lluvia casas islotes
rodeados por el rumor
del mar los hechos

el asesinato
de una niña
por su padrastro
ebrio

un vecino corre la cerca mediometro
para instalar su chanchería

¿qué camino señalan estas huellas en forma de árbol?

otro muro se posa en mis párpados

visualizo el semblante de dos madres
su vapor empañando ventanales
del recuerdo esa extensión
entre la selva y la tetera
cubiertas de silencio un casette rallado
de Neruda nuestro último ungüento

despierto en la esquina del cobertizo
en la otra abro un ojo
de buey la marea llega hasta al límite
nuestro jardin
quebrado

dedos de niebla frotan astillas chamuscadas
la geografía esquelética de los árboles
marca aún el pulso del paisaje

……………….

Lejos está este paisaje
rasgado por el recuerdo
al borde la rompiente
de esas casas mirador
se camuflan con arbustos
familiares
sin tronco
puras raíces aflorando

Lejos está este pulso
de las caminatas
por calles de légamo
tu mano
unía rostros
los tiraba al mar

Lejos están estas palabras
del hedor de los cochayuyos
al sol pudriéndose esos cuerpos
desde el umbral de su niñez










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