miércoles, 8 de julio de 2015

CONCEPCIÓN, OCTAVA REGION

Karen Vergara es una joven y versátil artista de Concepción. Hace poco la publicamos con su trabajo fotográfico, pero este miércoles hemos querido destacar otra faceta, el cuento. Concepción, Octava Región, es el relato que a continuación les entregamos






           Alguien ha lanzado una granada de mano a la periferia de la ciudad. ¿El epicentro? segundo piso de la calle 2, población El Llano, número seiscientos sesenta y seis, habitación de madera terciada con vista al cerro, cortinas azules, decoración rústica y fotos en la pared, mi habitación. -Ya no siento lo mismo, dijo el perpetrador del atentado, con rostro sombrío y una polera de Dallas a medio sacar, revelando la ancha espalda que yo me moría por tocar una vez más. -Ya no siento lo mismo, dijo, y las sábanas florales de mi cama ardieron hasta convertirse en cenizas y prendieron fuego al colchón y a la alfombra, transformándose todo era una gran humareda gris con aroma a orgasmos y eyaculaciones consumidas por la pólvora de las palabras.

Salí a pedir ayuda a gritos por las calles frías de la ciudad del eterno invierno gris. Y ahí estabas esperándome Concepción, lenta e indolente, con las arterias abiertas de autos fantasmas haciendo carrera con el vacío. Ahí estabas, siempre eterna, violando las nubes con tus cerros, apagando los colores con neblina. Permanecías como siempre: callada ante mi voz de auxilio, víctima de un ataque terrorista. No tuviste ni un atisbo de piedad, ni un asomo de amor. En tus baldosas trizadas y lluviosas se caían los transeúntes angustiados de tanta soledad. Bajo el Llacolén se asomaban los cuerpos de infortunados amantes, que desahogaban sus penas junto al río. Te rajaste lloviendo, anegando culpas, aflorando ansiedades, generando aludes de sentimientos, mientras el cielo tronaba una maldición a los habitantes de tu tierra, en un invierno de más de noventa días sin cesar.

Esta noche, Concepción, ¡te me haces tan pequeño! y yo figuro más pequeña aún, caminando por tus calles llenas de baches, rumbo al infierno de recuerdos que me acechan cada vez que intento volver a casa. -¿Cuántos recorridos diferentes puedo hacer para llegar al mismo lugar? me pregunto hoy, al tercer día, cuando ya los he agotado todos. Hoy mi cama no tiene sábanas, hace setenta y dos horas él las quemó.



Invierno, ya duraste lo suficiente.




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