sábado, 12 de septiembre de 2015

DUPLICADO

El venezolano Axel Blanco Castillo muestra una interesante forma de narrar en este nuevo trabajo que comparte con nosotros. Se trata de Duplicado, relato que hoy destacamos por Experimental Lunch









       
 


         ¿A dónde lo llevo señor? La lluvia descendía a cántaros. El parabrisas era una cascada de vertientes que arañaba la ciudad. –A Santa Mónica. Avenida Teresa de la Parra, por favor. La ciudad parecía un inmenso animal que aprovechaba el agua para quitarse la mugre y el hedor. –Tiene suerte de que pasara por aquí, iba a tomar un atajo por la otra calle. Cuando vi el retrovisor mi mente se detuvo incapaz de producir ideas convincentes. ¿Será posible alguien tan parecido a mí? Vi una película de clones. Los seres humanos hallaban la forma de crear vida a partir del ácido desoxirribonucleico. Fundaron un emporio industrial donde todos podían tener su propio clon y usarlo como quisieran. Acto seguido, los clones tomando conciencia de su esclavitud levantaron una feroz guerra y dominaron el mundo. –Veo que también trabaja en una empresa de taxi. Mi uniforme estaba tapado con la chaqueta, pero fue la gorra que me delató. Miraba mi rostro por el retrovisor con una turbadora naturalidad. Dije que sí, y halé más la lengüeta con los dedos, buscando tapar la totalidad del rostro. – ¿Por qué lo haces? -¿Qué dice que hago amigo? –Eso… de taparte. Como si no supiera lo que piensas o quién eres. Como si pudieras escaparte de tu destino. Mis nervios guisaron un sudor aceitoso que competía con el torrencial. Sentí las ruedas de los neumáticos salirse de la vía y sobrepasar los sesenta kilómetros. –Oiga amigo le dije Santa Mónica, ¿por qué se desvía? –Tengo que hacer una devolución urgente. Todo saldrá bien ya verás. El carro almorzaba el asfalto y las rayas blancas de la autopista con la habilidad de un fórmula uno. En las curvas los neumáticos gravaban una nota musical que sonaba como un largo silbido. Pensé aplicarle una llave al cuello y presionarlo para frenar. Abrió la guantera y me mostró un revólver. –No me hagas usarlo y perder la inversión de mi vida. Conocía mi mente como si pudiera leerla o como si estuviéramos conectados de algún modo. –Sí, eso es cierto, estamos conectados de algún modo, y tú naturaleza es repetirme. Repetirme con fidelidad, eso sí. No estaba de acuerdo. Había conocido una bella mujer que me esperaba en Santa Mónica. Creo que quería formar familia y por ello la necesidad de aplicarme una desvinculación. –Es por eso el error, pretender desvincularte de mí, tu verdadero origen. Ella es uno de tantos desvinculados que intenta adueñarse del mundo. Pero tú tendrás que devolver esa vida que te dí aunque tenga que dispararte. Llegamos a un edificio portentoso como los rascacielos de Manhattan. No podía ver su final en la bóveda resplandeciente de la tarde, a no ser por un pequeñísimo brillo en su punta filosa, como si alguien enviara un mensaje con espejuelo, tratando de evitar que entrara. Como si mi vida dependiera de ese preciso momento. De lo que decía que hiciera o lo que debía hacer.






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