viernes, 13 de noviembre de 2015

JUGUETES

Andres Torres, autor de Tras La Cúpula De Neón Un Dios Loco Observa, publicado por Ediciones La polla Literaria, muestra un estilo directo, con imágenes que impactan y sorprenden. Hoy nos presenta Juguetes, relato en que se refleja su estilo 






      Niña posó su mano sobre su pequeña frente mirando al Sol flotando como una desteñida yema de huevo podrido entre las negras nubes metálicas que expulsaban las enormes chimeneas que emergían disparadas al cielo desde La Fábrica. Es un ojo gigante flotando en un mar negro, pensó Niña. Luego, a cuatro patas se dedicó a buscar desesperada por el jardín de la casa la cabeza y una pierna de su destartalada Barbie. Pensaba que si no le ajustaba pronto la cabeza y la pierna la muñeca moriría. Se acercó a la ventana de la habitación de sus padres sobre unas matas de ortigas. La niña que no conocía el ardor que producen las ortigas en la piel, gateo sobre ellas removiendo con sus manos la mala yerba. ¡Ay!, chilló mirándose las palmas de las manos llenas de salpullidos rojos. Las odio, le dijo a las ortigas mientras soplaba sus rodillas rasmilladas, colmadas de pequeñas gotas de sangre tan negra como las nubes en el cielo. De repente sintió unos quejidos provenientes de la habitación de sus padres. Olvidó por un momento las mutiladas extremidades de la muñeca y asomó por el borde de la ventana sus pequeños ojos. Su Madre se encontraba desnuda tirada de espaldas sobre la cama, con las piernas muy abiertas. Su Padre vestido con terno y corbata tenía ambas manos metidas dentro de la vagina de su Madre. 

- Te sacaré este maldito bicho, ya con uno tenemos de más- le dijo el Padre a la 

Madre que gemía de dolor. 

¿Pero qué hacen? ¿Por qué tiene las manos metidas ahí? se preguntó intrigada Niña. Dejó de mirar la extraña postura de sus padres y levantó su vestido hasta la cintura. Abrió levemente su calzón mirando dentro. Su Vagina era rosada y lampiña. Parecía un labio muy apretado. Qué diferencia con Madre pensó la Niña, y a su mente vino la imagen de una ventosa de pulpo que una vez vio por la TV. 

A imitación del Padre, intentó escarbar dentro de sí, pero apenas pudo meter un dedito el que luego llevó a su nariz. Qué raro, pensó, huele a pescado. Aburrida de la abertura prefirió seguir mirando a sus padres. 

Padre tenía metida una de las manos tan adentro que parecía que sería tragado por su Madre. 

- ¡Ven aquí, maldita alimaña!- gritó el Padre dentro de la vagina de la Madre y 

escarbó y escarbó hasta que un pequeño pies asomó. 

- ¡Ahí está- gritó la Madre-, lo siento, ahí está! 

- ¡Ven cucaracha!- dijo el Padre, un hombre calvo y de piel muy morena en contraste 

con la blanca piel de la Madre. 

Colándose por una abertura en la reja de alambres, apareció Niño-Tonto, como le llamaban en la población al niño que no tenía padres y que vivía con sus Abuelos. Venia gateando, arrastrando un armatoste de cuero y metal que salía de sus caderas y que usaba para caminar. Igual que una babosa metálica surcó por sobre las matas de ortigas en dirección a Niña que no se cansaba de mirar lo que sucedía al otro lado de la ventana. Niño-Tonto tiró de su vestido. La niña lo miró. La cara de Niño-Tonto parecía hecha de plastilina, y tras unos gruesos lentes poto botella, los ojos se le movían epilépticos mientras que de su boca colgaban hilillos de baba que topaban el suelo. Sin embargo, su rostro no era lo más extraño. En medio de un gran pelón en su cabeza, tenía incrustado un aparato que emitía unos crujidos parecidos a los de un radio transmisor. Del extraño artefacto salían un par de cables que se conectaban con el oído izquierdo de Niño-Tonto. 

- Niño-Tonto- le nombró Niña.

- Jugal, quelel jugal- le dijo Niño-Tonto.

- ¿Y tus Abuelitos?

- Abuelitos, jugal a metel,- respondió Niño-Tonto.

La niña sin entender lo que Niño-Tonto intentaba decirle, se encogió de hombros y siguió mirando a sus padres. 

El Padre ahora no solamente tiraba de una pierna, tiraba también de una pequeña cabeza. La Niña pensó: Ahora ya sé de dónde vienen los juguetes y saltó de felicidad. Se le ocurrió una idea genial. Pero antes quiso mirar un poco más con tal de aprender cómo hacerlo para obtener aquellos muñequitos que salían de las entrepiernas de su Madre. El Padre ya casi había logrado sacar por completo al muñequito de carne, que más parecía un extraterrestre que cualquier otra cosa. Pero a mí no me gustan los extraterrestres, pensó Niña, prefiero las princesas como mi Barbie. 

- ¡Ya va saliendooo!- dijo Padre tirando con todas sus fuerzas de la cabecita de la 

criatura.

Era tanta la curiosidad que sentía Niño-Tonto por saber que miraba su amiga, que utilizó todas sus fuerzas en ponerse de pie. Apenas sus ojos estrambóticos vieron lo que hacían los padres de la Niña, cayó al suelo amodorrado, mientras que una gran mancha de humedad se formaba en la entrepierna de su pantalón.

- Eres un cochino- le dijo la Niña-, mira que orinarte con tu edad.

- Abuelitos, jugal a metel. 

La niña volvió a mirar a sus padres. 

- ¿Lo sacaste?- preguntó fatigada Madre.

- Ya casiii- dijo Padre tirando con tal bestialidad que se fue de espalda al suelo con 

pierna y cabeza en las manos, mientras chorros de sangre brotaban de la vagina de Madre salpicando las paredes de la habitación, el elegante traje de Padre.

- ¿Ya?- preguntó Madre, fatigada y adolorida. 

- ¡Maldición, no!- gritó encolerizado Padre mostrándole las extremidades de la 

criatura- ¡Tendré que derrochar el puto bono en pagarte un abortista para que te saque el resto de mierda!



Qué bueno que se rompió, dijo Niña, a mí nunca me han gustado los extraterrestres sólo las princesas. Agarró a Niño-Tonto de una mano arrastrándolo hasta el viejo cuartucho donde su Padre guardaba las herramientas. Niña se tiró de espaldas sobre el suelo, se subió el vestido, separó las piernas y le dijo a Niño-Tonto que metiera sus manos en su abertura. Niño-Tonto se rascó el aparato en su cabeza y le dijo a la Niña:

- Abuelitos, jugal a metel. 

- Ya, ya, ya- le interrumpió la Niña-, búscame una muñeca mejor. 

Niño-Tonto le tocó apenas con la punta de los dedos. 

- Tienes que meter las dos manos- le retó Niña. 

Niño-Tonto se mojó los dedos con saliva y los fue metiendo en aquella pequeña rayita. 

Niña soltó un quejido.

- Más- le dijo-, si sacas dos juguetes te regalaré uno, lo prometo. 

Niño-Tonto siguió escarbando pero nada salía, sólo orina y sangre. 

- Hazlo como lo hace Padre- le dijo a Niño-Tonto. 

Niño-Tonto volvió a escarbar en Niña. Las uñas mal cortadas le rasparon los bordes, pero a pesar del dolor, la imagen de una muñeca nueva le ayudó a soportar. 

- ¡Más fuerte!- le dijo Niña.

Estresado por tanto apuro, Niño-Tonto metió con fuerzas las manos dentro de la niña que soltó un alarido. El Padre que en aquel instante se encontraba botando la pierna y la cabeza en los tarros de la basura, escuchó el grito. Levemente abrió la puerta del cuartucho descubriendo a la niña tendida entre medio de la maquina soldadora, la motosierra eléctrica, el compresor de pintura, la galleta, el taladro y un par de trozos de fierro oxidados mientras que Niño-Tonto metía sus torpes manos dentro de su hija. El Padre se abalanzó sobre Niño-Tonto, le agarró de los cables que salían de la máquina arrastrándolo por el patio hasta arrojarlo a la calle. Mientras Niño-Tonto volaba por los aires, miró directo al Sol que se asomó fugazmente por entre las metálicas nubes que tosían las chimeneas de la Fábrica, y le pareció que una Criatura se asomaba por el borde del círculo rojo. Un miedo cerval ante el rostro de la criatura recorrió su columna, perdiendo el dominio de su esfínter, defecándose completamente en los pantalones. 

Padre se miró las manos percatándose que tenía unos cables con un pequeño chip enrollados a los dedos. Este Niño-Tonto parece un androide, pensó y le arrojó el circuito encima a Niño-Tonto que era devorado por un enjambre de moscos negros que chupaban frenéticos la mierda en sus pantalones. 

Sudando ira por los poros, Padre se dirigió al cuartucho y gritó a la niña:

- ¿Qué hacías?

- Nada, Padre, únicamente quería encontrar los juguetes que están dentro de mí.

- ¿Juguetes?, estás loca Niña de mierda- y le propinó un coscorrón en plena frente. 

Niña se echó a llorar desconsolada. Padre la dejó allí en medio de las máquinas y se fue a preparar algo para desayunar. 

Niña salió del cuartucho y recogió la maltrecha muñeca. La acarició y arrulló entre sus brazos. De repente miró el tarro de basura y vio como un negro brazo de hormigas penetraban la boca del basurero. ¿Qué comerán?, se preguntó Niña. Se acercó al tarro, movió la tapa del basurero y vio una enorme costra de hormigas devorando la cabeza y la pierna del extraterrestre. Aunque no le gustaban los extraterrestres, agarró la cabeza y la pierna y corrió a lavarlas bajo el chorro de agua de la llave del jardín. Mientras el agua barría con las hormigas que luchaban por mantener incrustadas sus pequeñas rabiosas mandíbulas en la carne, a la niña se le ocurrió una maravillosa idea que enorgullecería mucho a sus padres.

Padre y Madre miraban los noticieros de la mañana desayunando café y huevos revueltos. Fue ahí que Niña se presentó en medio de la sala y les dijo: 

- Padre, Madre, ya nunca más querré sacar juguetes de mí, con lo que Padre sacó de 

Madre me las he arreglado- y les mostró su muñeca que ahora tenía cocidas al cuerpo plástico la cabeza y la pierna del feto. 

Padre y Madre vomitaron sobre la mesa. Justo en aquel instante, la TV mostraba cómo un hongo nuclear crecía imparable hacia el cielo.





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