viernes, 29 de enero de 2016

EL MUNDO ES UN PAÑUELO

Alex Valdivia es un joven y prometedor escritor serenense. Recientemente publicó La Vida Se Juega En Modo Aleatorio, plaquette de relatos con interesantes trabajos, en donde se aprecia un estilo bastante trabajado. Hoy presentamos su relato El Mundo Es Un Pañuelo








         No tengo idea qué hora es, pero está oscuro. Y las nubes se corren y el tiempo avanza acelerado. Así se diferencia de nosotros, aquí en el cerro, pequeños, ensimismados, enterrando nuestro culo en el sillón y apuntando nuestras pupilas hacia las cosas que verdaderamente tienen vida. La Yeny, reparte las porciones para consumir, como quien enhebra la aguja en el hilo, o algo así. La trajo el flaco Jonathan, que de maricón nos vendió menos por haberme tirado a choro ayer con su compadre. Si te dije que él empezó la güevá, le respondí. Ahora, me queda de recuerdo mi dedo pulgar cocido a la mano y a medio pudrirse. Ya, dice la Yeny. ¿Dónde está el fuego?


Está en la cocina, le digo a Raquel, que pretende que yo me levante de la cama. Has estado todo el día echado- me recrimina- como una vaca. ¿Pero acaso estudiaste tanto como yo?- le respondo- ¿Sabís quién cresta se saca la mugre en la mina una semana entera para mantenerte a vos y a la cría? ¿Ah? Me levanto de un golpe y la abofeteo fríamente. La quedo mirando mientras oculta su rostro. Se aleja de la habitación sin decir nada y mi sensación de culpa es tremenda. Escucho a mi hijo, que deja de jugar y comienza a llorar y gritar ensordecedoramente en la pieza de al lado. Ahora sí que me siento vaca- con el perdón de las vacas- o, peor aun, realmente, una mierda. 


Exactamente eso era el fétido olor que me perseguía hace unas cuadras. Mi zapato café se había adosado a un regalo de la naturaleza, que pasaba a ser la guinda de la torta. No podía sacarme de la cabeza a las personas que me habían recibido en la puerta de sus hogares. Hola, ¿cómo está? ¿Le puedo hacer unas preguntas? Es breve. “Mire, ¿Sabe qué?- me decían- no quiero votar por ningún político, son todos unos ladrones, unos mentirosos, ¿y usted más encima me viene a obligar a votar? no, no soy material de los güeones yo”. Pero señora, sólo son unas preguntas. “¡No!” - sentenciaban y me cerraban la puerta-. Mi paciencia ya no se presta para esto. Recordé que tengo vida. Vida y dignidad. Que se pudran. Doblé los formatos de encuesta que llevaba en la mano para usarlos como guante y asir el excremento. Lo metí en una de las bolsas de papel que servían para transportar los documentos y le encendí un fósforo. Acto seguido, dejo mi obra en la entrada, golpeo la puerta y me retiro caminando lentamente, con una sonrisa en mis labios, mientras me voy quitando la estúpida gorra azul, la camiseta del mismo color y la identificación que decía mi nombre.


Alberto Marcelo Kunstmann Grace: queda usted absuelto de los cargos por homicidio calificado en contra del señor Bairon Esteban Jesús Rodríguez Pizarro. Se levanta la corte- sentenció el juez a cargo. Las cámaras comenzaron su ataque de disparos y flashes. Al otro lado de la puerta, la gente, que deduzco era familiar de este tipo, comenzaron a gritar e insultarme. “Asesino” “Criminal” “Delincuente” “Torturador” escuchaban mis oídos, que lo único que querían era llegar a casa y escuchar a mi señora y mis hijos jugar en la terraza. Me rodeo de cuatro policías quienes firmemente golpean, a quienes, con sus brazos estirados alcanzan a golpearme en la nuca, a encararme y escupirme. Salimos a la calle. “Señor, una pregunta para el noticiario X ¿Usted se siente inocente a pesar de que testigos afirman que usted asesinó al joven?” “Alberto, para la prensa del canal Y ¿Es verdad que durante el proceso judicial rompiste relaciones con tu mujer?” Yo me dedico a caminar, nunca me había sido tan útil la indiferencia en mi vida entera. En el auto me espera el chofer, porque a pesar de la resolución, sigo sin el permiso para conducir por unos días. Abro la puerta. “Don Alberto, ¿a su casa, cierto?” Así es, Jonathan. Suena el motor encendiéndose. El último cargamento de pasta ya está repartido, me dice. Excelente. Convídame un cigarro, flaco.








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