viernes, 26 de agosto de 2016

JUAN CARLOS VIDAL


Hoy viernes destacamos la poesía de Juan Carlos Vidal, poeta nacional residente en Santiago, quien es autor de Desdiosidad (Editorial Cuneta, 2010)






















El cuerpo quiere ceder a la detonación del tiempo
y duele y trabaja y desea 
que las golondrinas lo sobrevuelen como en los días felices.

La nervadura del espíritu separa la tragedia del instinto 
así como el sueño se apodera de lo que nos es invisible. 

Su irradiación satura los organismos y permanece.

No habrá alivio en tanto la respiración sobrevuele las palabras.
Así se llene de golondrinas 
el espacio que estaba destinado a la felicidad.

La noche quiere recuperar en nosotros 
la materia celeste que perteneció a los primeros astros.

Sin embargo y para que el universo exista 
la deidad permanece irreconocible.








Las nubes no saben por dónde llover
y el aire huele a descargas eléctricas.

La sangre como es lógico 
se ha disuelto en el río.

Su miel removerá el lecho hasta asentar
el sedimento que de los sueños se desprende.

De cada estrella cuelga una sonda 
una extensión de dos veinte voltios
en cuyo espectro los ojos ven cruzar 
translúcidos viaductos.

Todo es organismo.

Acá una arteria ahí una fronda
allá el barrial de su emoliente.

En un expandir y contraer de pulsos
todo es siembra. 

Sobre las aguas flota el material ligero
según su flora es arrastrado a la deriva.

La propia hélice desciende en sus escalas. 
La sola orilla es una noche y lo guarnece.

Los ojos no saben por dónde llorar
y el aire es del relámpago una prisma.

Todo es deidad o algoritmo.

La sangre como es trágico 
es su cabal torrente.








La escalera enterrada sube junto con el árbol
y el fruto oculta en su pulpa el dibujo de una estrella.

El material ligero donde la sangre fermenta
se llena de filos y estrías, de flores con alambre de púas
de frutos sexuales expuestos a la depredación.

El aire es un fuego entumecido, se arremolina 
junto al material ligero. Pretende una chispa, una brasa.
Reza por la detonación de un relámpago.

El predio está lleno de cabezas enterradas, molleras 
de las que dispone el sueño para treparse hacia las bestias.
Todo es hocico, entrepierna., hongo, panal seminífero. 

Vivero donde fermentar la sangre.

La cruz enterrada sube junto con el cuerpo
Y el fruto oculta en su pulpa el dibujo de un diamante.

El material ligero duerme, descansa su hamaca tendida 
entre este mundo y el otro. Reposa su carne algebraica.
Se llena de finos desagües como una herida.

Terrón, runa antigua, incendio, material ligero. 

Todo permanece enterrado pero de pronto
puede subir al cielo.









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