sábado, 1 de octubre de 2016

ÁNGEL FUENTES BALAM, POEMAS

Ángel Fuentes Balam. Director de teatro, escritor y actor. Autor de los poemarios: Melodía tu engranaje quieto, y Cruóris o la rabia que fuimos. Ha publicado en las antologías “Pyramid” U.S. Poets in México, NYC., “Small Claim of Bones” Cindy Williams, University of Southern Maine, “Cuéntanos tu locura” Ediciones Arriba del Pegaso, “La memoria de los días” Ediciones O, “Dramaturgia Express I” SEGEY. Ha sido colaborador de cuento, dramaturgia y poesía en revistas como “delatripa”, “JUS”, “Almiar”, “Sinfín”, “El mollete literario”, “Círculo de poesía”, “Río Arriba”, “Ariadna-rc”, “Morbífica”, entre otras. Hoy publicamos algunos de sus poemas





LA NOCHE NO TIENE BRAZOS


solamente espuma

que arrastra las últimas vacilaciones de mi cuerpo;

soy ola que golpea el gran peñasco de la soledad,

erosionando su piel, su angustiosa capa de caídos

dientes que recogió de mis soñares hoscos.



La noche no tiene brazos que sujeten mis hombros ni mi nombre,

carece de manos que acaloren mi pelambre. Entre sombras

intento asir el volumen de una garganta que siembra

un antiguo horror entre los hombres con su grito 

de impiedad y lumbre. 



La noche no tiene brazos que sostengan el mundo, 

ni dedos para hacer la cruz.

La noche no rodea, materna, mi espalda rota.

Los perros aúllan plegarias para extinguir la luna.

Entre amasijo de uñas y arena conservo las caricias de la noche.

Nadie rasga los vidrios de mi habitación o mi opaca faz.

Yo recuerdo cuando le amputé los brazos: quiso amarme.




PESTILENCIA



Álgida penitencia tendrán los amorosos,

caracoles en cuyo laberinto sufre hambre

los niños del sueño,

cuando el aliento del diablo reconstruya la arboleda muerta,

desde sus sangrientas raíces hasta el fruto del saber.

Las estrías de la tierra son canales donde violenta pasa el agua,

arrastra pueblos y héroes, canciones fundacionales y encíclicas,

animales domesticados, huertos, corazones que anochecen…

Y en esa inexorable furia los cuerpos

luchan para no decirse adiós.

¡Malditos los que se funden en secreto!

En vano intentarán resistir la tormentosa vejez.

Esta vida ruge como perra pariendo camadas de alfileres,

debería arrebatarlos en un torbellino de vergüenza y sal,

caracoles en cuyo laberinto sufren hambre 

los niños del tiempo.

Entre serpientes y lenguas nuestra piel madura,

sólo para cubrirnos de la miserable llama

que nos habría convertido en dios. 




ÓRBITA ERRADA



El camino sigue ahí, pero no vuelves. 

Te ata el futuro, la cara grotesca

de los antiguos amados. Y los ojos

de tus muertos 

se encienden

como hoguera.

Deseas arder, levitar ceniza

hacia la inútil tierra que te vio nacer.

Olvídate de rechazar el cáliz, 

dios no apartará tu sufrimiento. 

Dirígete a la más furiosa estrella

y estalla.




PRIMER MOTOR INMÓVIL



Ya no hay respiración. Detente,

evita que giremos. Duerme

a cada bestia, a cada raza.

Ya no compartimos el aliento,

ni siquiera bebemos de la misma copa.

Hemos apagado el cirio

que honraba a nuestro dios.

Calma la vegetación y el mar de antes:

detén la maquinaria del planeta,

la expansión de la noche.

Acaricia el segundero: que no avance.

Debe todo ser sigilo,

cuando llueva,

cuando lleve

mis vidriosas manos a la cara,

sin decir palabra alguna

mientras pasas el umbral sin verme;

como si no hubiésemos sido

el motor de todos los principios.












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