lunes, 12 de diciembre de 2016

GRIS CASTIGADO, CEMENTERIO LUNAR

Sin ser particularmente experimentales, el sonido de Gris Castigado abarca muchas influencias. Hay mucha actitud punk y ciertos guiños a bandas underground de los ochentas y noventas.Sus letras decadentes y sus riffs delirantes logran una interesante fusión que en su primer EP. Cementerio Lunar no paso desapercibido para nadie. Hoy Gonzalo Vilo escribe este cuento - reseña donde se puede conocer un poco mas este disco



     Por Gonzalo Vilo






Gris. Siempre me ha gustado el color gris. Todo o la mayoría de las pocas cosas buenas que me han ocurrido, tuvieron relación con ese color. Gris, por ejemplo, era el color de mi primer autito de juguete. Gris era el color del álbum que me gustó por primera vez, Bleach de Nirvana. Gris estaba el cielo aquel lejano día en que leí por primera vez un libro: Narraciones Extraordinarias del gran Edgard Allan Poe. y gris también era la muralla donde me apoyaba mientras ella me daba ese beso que aún recuerdo, como si aquella boca y esa lengua cálida se negasen a desaparecer. Nunca aquel color me ha defraudado. Ha estado allí en los mejores momentos de mi vida y jamás desee que aquel día y que las cosas tuvieran otro color. Eran grises, y eso me bastaba.





Gris es el color de la habitación del décimo piso que escogí en esta prisión, o Centro de Rehabilitación, como a ellos les gusta llamarlo. Grises son las paredes además del televisor que tengo sobre aquella horrible cómoda café, y gris es el color de nuestra pequeña radio y digo nuestra, por que lamentablemente comparto esta habitación con un indeseable ser. Todo lo que no es gris le pertenece a él. De él es aquella cama azul y las cortinas blancas de la ventana y verde son sus chaquetas y su frasco de pastillas para controlar su extraño mal. Se llama Iván y me odia y odia el gris. Él se ha encargado de hacer infinitamente indeseable mí ya larga estadía en este lugar. No saben cómo lo odio.




                     






Antes de venir aquí yo escuchaba buena música nacional. Tenía los discos de Gangrena Surf, de los Fiskales, de Neoyka y podía oírlos a todo volumen en mi pieza, cabeceando y saltando sobre las sillas y los cojines grises de mi cama. Sin embargo, aquellos discos se quedaron en mi casa y todo lo que pude escuchar de allí en adelante fueron las ranciedades de Iván. En aquella radio sólo se oía a Emmanuel, Luis Miguel o a Manuel García y Javiera Mena, cuando no le daba por ponerse alegre y subir el volumen a un disco de los Chico Trujillo. Me ayudan a controlar mi ansiedad, me dijo un día, junto con mis pastillas, como si eso lo disculpara, pero a mí no me convencía. De todos modos, esto no le iba a durar mucho, yo lo sabía.





Mi hermano un día llegó a visitarme y me trajo un regalo. Era un disco, o mejor dicho, un CD grabado, que tenía escrito en la cajita en la que venía guardado el nombre de la banda. Esta se llamaba, curiosa coincidencia, Gris Castigado y eran chilenos. Son bacanes hueón, me dijo mi hermano, tienen temas re guenos, rabiosos, con guitarras estridentes y tienen letras de las que te gustan a ti, con crítica a toda esta mierda. Lo miré y le pregunté si era el manager de la banda o algo así, pero me dijo que no, que los había escuchado una vez en una tocata y le gustaron al tiro y sabía que a mí también me iban a gustar. Aparte, se ganaron el concurso de Rubber tracks. Ya, le dije, déjalo acá, lo voy a escuchar.



                          



   No se lo dije en ese momento, pero me gustó caleta el nombre de la banda. Gris Castigado. Era como si fuera la descripción de mi vida. El disco en sí, tenía por nombre Cementerio Lunar, un EP de siete temas, y al colocarlo en el compartimento para cd de la radio, todo comenzó a tener sentido otra vez. Los riffs de Fingía, el primer tema, me hicieron vibrar hasta los huesos, transportándome, como en un mantra, hasta rincones de mi mente que antes no conocía. Rápidamente comencé a cantar y a bailar alrededor de la habitación como si estuviera poseído. Luego sonó Cementerio Lunar y siguió, hundo mi dedo en tu ojo, ambos mucho más pesados que el primero, llenos de rabia y con letras que me identificaron inmediatamente. La atmosfera del disco era inquietante, casi perversa, y me hacían pensar. Cada letra y melodía, cada riff se quedaba incrustado en mi cerebro y aunque tratase de definir el estilo de la banda, no lograba hacerlo. La verdad, me sonaba bastante punketa o como Sonic Youth. Amelie Bastarda, sin ir mas lejos, lo disfruté con tal intensidad que me produje un calambre en mi pantorrilla, o gemelo, como dicen los peloteros.





Ese día escuché varias veces las canciones del EP. Aproveché que no estaba el Iván y lo puse a todo volumen. Pateé a mí alrededor todos los muebles de colores y en medio de Risas en el Bosque le hice cagar al Ivan la cama floreada y le di un manotazo al frasco verde de sus pastillas. Luego caí en un trance. SE ACABARON LAS PASTILLAS, LA TELE ENCENDIDA, gritaba, MI MEJOR COMPAÑÍA, CUANDO NO EXISTEN LOS DIAS. NO QUIERO DESPERTAR. Era la letra de la sexta canción, Pastillas, cuyo coro me quedaría grabado en el cerebro. Finalmente, con Estrella Fugaz terminé empapado sobre la cama mirando el techo, escuchando el final, los extraños acordes que, de nuevo, me dejaron pensando.



Lamentablemente, el Iván no me dejaba escuchar el disco. Decía que era muy ruidoso. Así que tenía que esperar a que él se fuera. Ahora bien, lo más interesante de todo esto, fue que en esos momentos, además de disfrutar los temas, sentía que había en ellos algo raro, no sé, como si algo de las canciones se hubiera internado en mi cabeza y comenzara a proyectar imágenes, imágenes en las que Iván yacía muerto de todas las formas posibles. Era extremadamente extraño y tétrico, lo sabía, pero también debía reconocer que era una salida que me hacía muy feliz. Pero claro, por ello podía ir a la cárcel, lo cual era algo que no estaba exactamente dentro de mis prioridades.



Las imágenes, en todo caso, se siguieron proyectando una y otra vez dentro de mi cabeza y ya incluso empezaron a aparecer cuando no estaba escuchando el disco. Llegaban en mis sueños y cuando despertaba, sofocado, miraba hacia el lado, donde dormía el Iván, pensando y respirando hondo, mientras trataba de contenerme. Estaba escrito ya, lo que sucedería. Yo no lo sabía pero era cosa de tiempo. Solo necesitaba un empujoncito, algo que al fin detonara mis retenidos impulsos, y esto ocurriría unos días después. Esa tarde llegué de visitar a mi hermano y vi la pieza pintada de azul, hasta la radio y la tele. Allí sí que todo se fue a la mierda. Al tiro lo increpé, pero él me ignoró.




Aquello fue lo que colmó mi paciencia. Durante el día las imágenes se hicieron mucho más violentas, hasta que una vino acompañada de una melodía. SE ACABARON LAS PASTILLAS…..MI MEJOR COMPAÑÍA, CUANDO NO EXISTEN LOS DIAS. NO QUIERO DESPERTAR. Comprendí enseguida lo que debía hacer, no sé cómo no se me había ocurrido antes.



Por la noche esperé a que se durmiera y tomé las pastillas del Ivan. Las arrojé por el wáter. Cuando despertó, fue a buscar su frasco, pero al no encontrar las pastillas, entró en pánico. Quince minutos después, empezaron los ataques y las convulsiones. Se tiró sobre la cama y luego se levantó, golpeó las cosas, los muebles, las paredes. Al llegar a la ventana, rompió los cristales y quedó con la mitad del cuerpo afuera, descontrolado. Entonces yo aproveché para acercarme y lanzarlo hacia abajo.


Lo vi caer y estrellarse en el cemento. Al verlo así, con el cuerpo destrozado, me puse a reír.


Satisfecho, di media vuelta y volví a encender la radio, colocando de nuevo el cd. SE ACABARON LAS PASTILLAS, comencé a cantar, alegre…MI MEJOR COMPAÑÍA, CUANDO NO EXISTEN LOS DIAS. NO QUIERO DESPERTAR.



Los dejamos con su EP Cementerio Lunar







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